domingo, 16 de junio de 2013

Primer año

No hay nada que despierte más expectación en una familia que los progresos de un bebé durante su primer año. El interés comienza desde antes del nacimiento. La embarazada se convierte en la portadora de una barriga, sin más. Se supone que en las puérperas baja el cociente intelectual, pero ¿a quién le importa el cerebro de la madre? Todo el protagonismo le pertenece a su inexistente cintura. ¿Ha crecido? ¿Ha bajado? ¿Se mueve? ¿Se contrae? Tras nueve meses de estimulante conversación no es de extrañar que el intelecto se deteriore.

La fase de las contracciones llenan de emoción a todo el mundo salvo a la que las sufre, que soporta el dolor estoicamente con la ilusión de que se acabarán en el preciso momento en el que, al fin, nazca su hijo. La tripa ya no importa, todo el interés se concentra en el cervix. Hay una única pregunta que se repite con la misma regularidad que las contracciones: ¿Cuántos centímetros ha dilatado? El proceso es muy lento, pasan horas y más horas. Ya no sólo es el dolor, sino la sed, el cansancio y el hambre.

Tiene lugar el feliz alumbramiento. El pequeño asoma la cabeza y a partir de ese momento se erige en el rey de la familia. Un rey que sólo necesita abrir la boca para que acudan a él, que hace su trono de los brazos de todos. Su sueño es sagrado. La vida del resto se rige por sus horarios y se atienden al instante cualquiera de sus necesidades, si es posible antes de le dé tiempo a protestar.

Cada nuevo logro es una fiesta. El bebé empieza a distinguir las formas ¿me verá? Echa sus primeras sonrisas y con cada una de ellas conquista sin remedio a aquel al que va (supuestamente) dirigida. Cuando levanta la cabeza es Atlas que sostiene sobre sus hombros el mundo. Comienza a hablar: ajo, papapapapa, mamamamama y ni el discurso del premio Cervantes recibe tantos aplausos. El pequeño se mueve y cada movimiento le equipara con un atleta olímpico. Mantiene el equilibrio sentado mejor que un gimnasta sobre el caballo con arcos. Chapotea en la bañera como Phelps. Gatea doscientos metros por el pasillo más rápido que Usain Bolt. Gira las manos y ni Sara Baras tiene tanta gracia cuando baila. Estrena sus primeros pasos y se entrena en sus primeras acrobacias. Se cae, el daño se amortigua gracias a su pañal acolchado, y al levantarse asustado se gana una ovación de ánimo.

El primer año es una sucesión de triunfos a celebrar. ¿No debería continuar igual toda la vida?

5 comentarios:

amigademadre dijo...

¡¡¡ Felicidades al supersobrino y a sus padres. HE seguido de cerca los avances del menino desde el vientre materno a la terraza del tio Pacuelo y puedo decir que merece MB este post y hasta un libro de cuentos. Bsss a la gran familia barbacoadora.

Carmen dijo...

Este niño no es como cualquier otro niño del mundo. Vamos a ver: ¿Qué niño se deja achuchar y besar por un montón de familiares ansiosos con una permanente sonrisa en los labios? ¿Qué niño supera sesiones de skype diarias haciendo todas las gracias habidas y por haber? y por último ¿Qué niño es tan comestible, guapo, cariñoso, gracioso, simpático y bueno como nuestro peque? No es pasión de tía, por mi profesión he lidiado con muchiiiiisimos niños y os aseguro que Jaime es especial. ¡Qué cumplas muchos más, primor, y que todos los sigamos disfrutando!

Cris M dijo...

¡Cuántas verdades acabo de leer! Se lo enseñaré a mi hermana que ya le va tocando. Hace unos días que estuve con vuestro sobrino y sí, está para comérselo. ¡Menudos abrazos y sonrisas que me dedicó!

Señora dijo...

Nunca mejor dicho eso de que el niño no tiene abuela, porque ahora llego yo para decir que no hay otro más bonito, más bueno, más cariñoso y menos llorón. Cuando me fui a cuidarlo en el mes de abril, iba con una enorme preocupación por los problemas que pudieran presentarse y mi capacidad para resolverlos, pues una es consciente de la merma de los años y, por otra parte, porque con diez meses el chiquillo podía extrañarme o echar de menos a su madre......y mil cosas más. Sin embargo, aquello fue coser y cantar desde el primer momento. Mi chico me recibió como si hubiera estado allí desde siempre y las semanas que lo cuidé fueron lo más placentero del mundo: juegos, paseos, canciones, volteretas, lobitos......todo le gustaba y con nada se enfadaba. Sé que esto puede parecer exageración, pero no lo es en absoluto. Sé lo bien que nos lo pasamos y solo deseo que el buen carácter que entonces manifestó le dure siempre. Feliz cumple.

Anónimo dijo...

A colación de la entrada de ayer yo no sé donde se va el tiempo pero sí me consta lo rápido que se pasa.

Justo, cuando estoy escribiendo este comentario, hace un año que estábamos casando a Titón y Paquíta y celebrábamos la llegada de Jaime, que en este caso no era primero, más bien, el último de nuestra prolífera familia.

Muchas felicidades para él y para sus padres. Un beso muy fuerte Manoli y Pepe.

Por cierto, montar a un potro siempre es una tarea difícil. Dominar el "potro con arcos", está reservado, tan solo, a los mejores gimnastas.

JMD.