jueves, 16 de marzo de 2017

Sweet sixteen

Sé que Ciclón no me iba a echar en cara que no le escribiese una entrada por su cumpleaños, pero eso no significa que no piense que no le vaya a hacer ilusión, así que, aunque no se me ocurre nada en particular, aquí le haré su pequeño homenaje.

Hay cosas que no cambian nunca, cuando te lo cuentan, no te crees que la vida es cíclica, pensamos que somos diferentes y nos choca descubrir rasgos que nos revelan que no es así. Un día nos damos cuenta de que los papeles se han invertido y nos oímos repetir frases de nuestros mayores mientras que los jóvenes reproducen actos de un comportamiento pasado que alguna vez fue el nuestro, y que casi habíamos olvidado. Me hace gracia ver todas estas cosas reflejadas en mis sobrinas.

Aunque ya es una adolescente completa, y el perfecto prototipo de lo que son los adolescentes tanto de antes como de ahora, con sus historias de chicos, de instituto, sus ganas de fiesta, y su adicción enfermiza a la tecnología, mi sobrina mediana todavía hace honor a su alias de infancia y cuando sale cada mañana al instituto, según informes telefónicos de hermanísima, deja su habitación como si hubiese pasado por allí un tornado. En ese cuarto solo duermen ella y el gato, pero ya se sabe que los leones también son felinos y la fama que tienen las leoneras, así que no creo que toda la culpa sea de la chiquilla, seguro que la naturaleza del minino contribuye a que el dormitorio no presente el aspecto que hermanísima desearía. De todos modos, contentar a hermanísima en cuestiones de orden no es tarea sencilla, lo sé por experiencia. Ni siquiera la convivencia conmigo moderó sus instintos, ni los míos (a pesar de que aquello fue toda una terapia de choque para ambas).

El que el gato haya escogido al Ciclón como compañera de cama, a pesar de todas las perrerías que le hace, tiene su explicación: mi sobrina es la alegría en persona. Posee una alegría despreocupada, sabe relativizar la importancia de las cosas (un don que en ella es casi innato, y que por desgracia otros nunca aprenden) y se ríe hasta de su sombra. Es optimista y positiva. Le encanta sacar punta a las cosas, y lo hace con mucha naturalidad, y aún más guasa. Además del animal, la otra víctima de sus bromas es su hermana mayor. Ambas son como el perro y el gato, Ciclón no puede resistirse a tomarle el pelo a sobrinísima, y eso que sabe que a la otra le falta tiempo para entrar al trapo y tomarse la ofensa a pecho. Hermanísima se pasa el día oyendo sus quejas, y a veces les hace más caso del que merecen, parece que se hubiese olvidado de lo que era ella a esa edad (y el hermano no le iba a la zaga, aún recuerdo con pavor algunas comidas familiares en las que nadie tenía reparos en airear las vergüenzas de los otros).

Esto me devuelve al principio, hay cosas que nunca cambian, y espero que la alegría de Ciclón y su modo de ver la vida sea una de ellas para que sea siempre muy, muy feliz.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Día internacional de la mujer por Hermanita

Hermanita siempre ha sido una activista, no hay peligro de que se quede sin expresar sus ideas, y dado que es una mujer que piensa, su punto de vista no carece de interés, aunque no siempre se esté de acuerdo con él. Si hubiese nacido un siglo antes, habría acompañado a Emmeline Pankhurst en sus campañas. Sin duda.

La celebración del día internacional de la mujer sirve como pretexto para que cualquiera opine, con o sin criterio, y al final ha puesto a prueba la paciencia de mi hermana pequeña. Son logros que ha costado mucho conseguir como para ningunearlos. Hasta iniciar el comienzo de la igualdad fue necesaria una Revolución Industrial, el movimiento sindical, el sufragista y una primera Guerra Mundial que diezmó la población masculina y concedió protagonismo a las mujeres (un papel que se reforzó en una segunda guerra y al que las mujeres no estaban dispuestas a renunciar, el mundo había cambiado demasiado y si las mujeres contaban en los momentos malos, también iban a contar en los buenos).  

Al llegar a casa me he encontrado con un mensaje de mi hermana en el correo, es una entrada para el blog, con un enlace muy interesante, que copio a continuación:

"Ante la cantidad de chorradas que he leído hoy (especialmente en las redes sociales), iba a escribir un enlace en el Facebook que me ha quedado un poco largo. Te lo mando por si quieres ponerlo en el blog, aunque si no quieres abrir polémica entiendo que no quieras subirlo.

Por si alguien tiene interés en el Día Internacional de la Mujer, más allá de hacer política, recomiendo el resumen que hace la ONU sobre cómo se ha celebrado este día y por qué hemos llegado a él. Los últimos dos siglos han sido cruciales en lo que a movimientos sociales se refiere, movimientos que buscaban la conquista de derechos civiles y sociales que, paradójicamente, eran solo para un colectivo, el hombre blanco.

Este día ha sido un día importante en nuestra historia. Mujeres de todo el mundo decidieron plantarse ante el poder establecido por diferentes motivos, pero siempre luchando contra la injusticia, ya fuera la guerra, el derecho al sufragio o las condiciones laborales. Se terminó unificando e internacionalizando con la Revolución Rusa, pero va más allá del socialismo (de la época) y sería una pena que nos quedáramos solo con eso.

Este día, que debería servir para reflexionar sobre los logros alcanzados y sobre lo que queda aún por hacer, parece que es un día marcado políticamente. Lo que podría ser una oportunidad para que las mujeres uniéramos nuestras voces se convierte, de nuevo, en un motivo de disputa y división, perdiendo todo el sentido que tenía entonces. Hay que ver qué dañina es la ignorancia.
http://www.un.org/es/events/women/iwd/2011/history.shtml "

martes, 28 de febrero de 2017

A Sobrinísima por sus 18 años

El otro día me preguntó House qué diría si tuviese que hablar durante 10 minutos al mundo y todo el mundo estuviese obligado a escucharme. ¡Demasiada responsabilidad! No creo que nada de lo que yo tenga que decir sea tan interesante. De hecho llevo varios días, mejor dicho semanas, dándole vueltas a esta entrada. Sobrinísima cumple 18 años y ya el año pasado me recriminó, no sin razón, que no escribiese nada ese día en el blog. En esta ocasión aún tendría más razón para abroncarme.

No pude evadir la cuestión de House. Intenté escaquearme, pero él insistió. De nada me sirvió tratar de devolverle la pelota, al parecer era yo la que tenía que hablar, no él, y el problema es que, de verdad, no tengo mucho que aportar, ni a sobrinísima ni al resto del mundo.

Divagué un poco. Supongo que algunos hablarían de dinero, de poder, de arreglar el mundo (¡cómo si fuera posible!), de amor, de espiritualidad... No es lo mío, si algo me caracteriza es mi sentido práctico, cuando algo no es útil no tiene sentido darle vueltas, así que en mi discurso hablaría del día a día, de esas cosas pequeñas que contribuyen a la felicidad.

Es curioso, la felicidad está en uno mismo, al menos en cada uno reside la semilla para ser feliz, si uno cede la responsabilidad de su felicidad a los demás, no conseguirá nada. Sin embargo la felicidad no es egocéntrica, al contrario (al menos la mía), es un sentimiento expansivo que precisa contagiar a otros para desarrollarse.

La sonrisa es un requisito, no solo mejora el aspecto del que lo luce, como ya he comentado anteriormente, sino los ojos con los que le valora el resto. Al sonreír a alguien, la respuesta normal es que te devuelvan esa sonrisa y que con ese gesto caiga alguna barrera, no en vano se dice que se cazan más moscas con miel que con vinagre. Sonreír es fácil, pasear la sonrisa alegra un poco el día.

Una de las cosas mejores de mi profesión, y que hace que cada vez me guste más y disfrute más con lo que hago, es la posibilidad de ayudar a otros. Saberse útil hace que la vida cobre sentido y se sume otro punto a la propia felicidad. ¿Vocación? Dudo que la tuviese cuando empecé, opino que en el caso de la Medicina la vocación se desarrolla junto con la profesión. Disfrutar del trabajo también contribuye a la felicidad, todo tiene su parte positiva y su negativa, nada se salva de su sambenito, no obstante hay que aprender a apreciar lo bueno que hay en casi todo. No sé si mi optimismo es fruto de mi pragmatismo o al revés, pero ambos están muy relacionados: ¿para qué perder el tiempo en algo abocado al fracaso? Si se intenta es porque es posible.

Los seres humanos estamos llenos de contradicciones, tenemos días buenos y malos, muchas veces actuamos de forma distinta a nuestras ideas, no dedicamos el tiempo a lo que nos parece importante sino a algo superficial o directamente a nada. Nos equivocamos y hemos de asumir nuestros errores para madurar. Para juzgar existen los jueces y su tarea no es fácil ni algo que se pueda practicar alegremente; mejor ir por la vida sin criticar, y mucho menos cuando con frecuencia no conocemos todos los hechos. Ya lo decía mi abuelo, para decir algo desagradable, uno mejor se calla, y gracias a ese consejo se ahorran errores de juicio y discusiones estúpidas. Es mucho más fácil ser tolerante con uno mismo que con los demás, solo con la práctica se consigue aplicar a los demás el mismo rasero, y eso no siempre. Hay que intentar ponerse en el lugar del otro para comprenderlo. La comprensión es la base de la paciencia, al menos de los que no la tenemos de manera innata.

Igual que la felicidad propia repercute en otros, lo mismo sucede con la felicidad ajena, es un círculo vicioso, hacer a alguien feliz hace a uno mismo más feliz. No hay que ser médico para lograrlo, están la familia, los amigos, y en realidad cualquiera, los gestos de cariño, o la simple amabilidad, hacen que todo el mundo se sienta mejor. Siempre hay pequeños detalles capaces de despertar ilusión y también pequeños detalles por los que no merece la pena amargarse la vida, otra cosa que hay que aprender es a poner las cosas en perspectiva y no dar a las nimiedades más valor del que tienen (casi ninguno), solo son irritantes cuando se les presta atención.

Son cosas pequeñas, sencillas, aunque cuesta descubrirlas, y que al practicarlas, crecen. Después de perfilar mi "discurso", House me confesó que la idea se le había ocurrido por la generalización de las redes sociales, entre ellas mi blog, como una ventana al mundo. La gente habla de su look, del último bolso que se ha comprado, se centran en ellos mismos como si fuesen algo relevante, no miran alrededor, que no es nada más que eso que gira en torno suyo. Lo llamativo es la popularidad que muchos consiguen con ese sistema. No obstante, en palabras de House: "El ser humano, cuando progresa y crece, es cuando mira a las estrellas, no cuando se mira su propio ombligo."

Para terminar esta entrada solo me queda desearle mucha felicidad a Sobrinísima en su mayoría de edad y espero que mi experiencia le sea útil para lograrlo. Por supuesto no debo pasar la oportunidad de plantearos la pregunta: ¿de qué hablaríais vosotros al mundo en esos 10 minutos?

miércoles, 15 de febrero de 2017

Malditas estadísticas

La Medicina son estadísticas, tanto para la bueno como para lo malo, las complicaciones existen, incluso aunque uno se haya esmerado en hacerlo todo bien. Ese esmero es inevitable y es una combinación de tesón, lucha, pundonor y responsabilidad. No se puede abandonar cuando las cosas se complican porque una cosa es perder una batalla y otra dar por perdida toda la guerra, y hay batallas cruciales.

Hace unas semanas tuve uno de esos quirófanos en los que se entierra la autoestima. Todo empezó bien, salió el primer paciente, el segundo, y nada hacía presagiar lo que se avecinaba. Entró la tercera, una niña preciosa, como una muñeca. Ya en el preoperatorio la había visto el hematólogo porque sus valores de coagulación no eran normales. No obstante, después de estudiarla, no parecía tener ningún problema, aunque en esos estudios tiene más confianza el hematólogo que el cirujano.

La cirugía de amígdalas y adenoides en los niños no presenta dificultades técnicas, las vegetaciones se legran y se pone un taponamiento que se deja durante la resección de las anginas. Las amígdalas se disecan al tiempo que se queman los vasos sanguíneos con la pinza de coagulación. Al terminar, se retira el tapón y se despierta al infante. Si todo va bien, no hay más. Sin embargo, 1 de cada 50 niños sangra, y esa preciosidad, después de una hora de taponamientos, seguía sangrando. Revisé, quemé el lecho, le puse vasoconstrictores y activadores de la coagulación. Al final no me quedó más remedio que rendirme y sacarla dormida y taponada. Avisé al hematólogo para contarle lo ocurrido por si consideraba necesario ampliar el estudio.

¿Cómo le explicas a la familia lo que ha pasado? De nada les sirven las estadísticas, eso no les consuela, aunque sí ayudan a explicar que ha sucedido otras veces y que luego todo ha ido bien, que es cuestión de tiempo, de esperar unas horas para que la presión del tapón termine de coagular los vasos. ¿Cómo les tranquilizas cuando tú misma estás intranquila y con el ánimo por los suelos? No hay que permitir que el abatimiento te venza y que se hundan los padres contigo, la confianza es fundamental, hay que dar medida al grado de preocupación y esa medida dependerá mucho de cómo te vean.

Después de aquel trago, aún me quedaba otro caso, otra cirugía sencilla, de esas que la anestesia es más larga que la intervención. Sin embargo, los hados no estaban dispuestos a cambiar las tornas y sí a ponerme a prueba. Tenía que quitar un pólipo de las cuerdas vocales y para eso hay que meter un tubo de metal hasta la laringe a modo de tragasables y luego tensar. Aquella laringe era diminuta, no se podía enganchar, se escapaba, y a la hora de tensar no había ángulo para hacer palanca. Apreté los dientes, aquello no iba a poder conmigo, ese pólipo iba a salir de ahí sí o sí. Perdí la cuenta de los intentos, reconozco que no fue la cirugía más elegante que he realizado en mi vida, pero quité el maldito pólipo. Eso sí, si le sale otra lesión, lo tendrá que intentar otro. Así se lo dije a los familiares.

Aquella tarde me quedé en el hospital. Los anestesistas me habían pedido no dejar el taponamiento de la niña hasta el día siguiente, como es habitual, sino quitarlo al cabo de unas horas. Me pareció bien, de ese modo acortábamos la incertidumbre y reducíamos el riesgo de complicaciones por una anestesia prolongada. Como pocas veces en el hospital y después de ese día mi intención es seguir con esa tónica, el menú no mejora con los años. Esa mañana había metido un libro nuevo de Marcel Schwob en el bolso (Vidas imaginarias y la Cruzada de los niños) y aproveché para leerlo durante la espera. Me gustó tanto que se lo he pasado a la Señora porque sé que es de esos que va a disfrutar.

A las seis de la tarde nos pusimos en marcha. Avisamos a la familia y llevamos a la criatura al quirófano. Todo se desarrolló según lo deseado, quitamos el tapón, todos suspiramos de alivio cuando comprobamos que no sangraba. Luego despertamos a la pequeña sin problema para devolvérsela a su madre.

Estos casos siempre dejan un poso de alarma y unos días después tenía que operar al hijo de otra médico, un chiquillo encantador que hasta me invitó a merendar a su casa según le metíamos en quirófano. ¿Y si se repetía la situación? Afortunadamente no fue el caso, más bien al contrario, ese día todo salió rodado. Sí, por suerte también hay días que ayudan a recuperar la autoestima.

martes, 14 de febrero de 2017

Medicina en un torbellino

Este año, el día de urgencias y de atención a los Rendu-Osler ha cambiado al martes. No parece que haya fallado el sistema de aviso, ni tampoco mi facilidad para complicarme la vida sin ayuda, así que el martes es un día que apenas me da tiempo a respirar. A veces creo que debería de ver a algún psiquiatra porque me encanta lo que hago, y no me importa no parar. Supongo que los pacientes son los culpables de mi "enfermedad", lo cierto es que con los Rendu-Osler tengo la sensación de contribuir a algo útil, de servir de ayuda y siento que confían en mí. La Asociación HHT es como una familia y soy un miembro más, a veces lo comparo a adoptar pacientes, y sé que suena cursi y anticuado pero me siento honrada de que me permitan adoptarles. Es muy satisfactorio, no solo a nivel profesional sino también personal.

Después de la sesión me paso por la consulta para empezar la mañana con las primeras urgencias. Si aún no ha subido ninguna, me bajo a urgencias a buscarla, y a nadie le extrañará el que siempre encuentre alguna. A lo mejor los médicos de puerta no me habrían llamado, pero ya que me ofrezco no van a rechazarme. Los enfermos tampoco me ponen pegas, pienso que porque no se atreven.

El box de urgencia suele ocuparse con pacientes sangrantes, muchos de ellos anticoagulados, hay mañanas de epidemia. Como total el camino a recorrer por el paciente y por mí es el mismo, agarro la silla de ruedas y me la subo a la consulta. Cosa rara, en la sala de espera nadie se levanta a preguntarme nada, pocas cosas hay más disuasorias que llevar a alguien cubierto de sangre. Ya encontrarán a otra bata blanca menos ocupada, incluso es posible que sea yo misma cuando termine con ese paciente y salga a llamar al siguiente: ¿dónde está oftalmología? (al fondo del todo), ¿es esto ginecología? (no, es por el otro pasillo), ¿y traumatología? (una planta más abajo), por preguntar a veces te dan hasta el nombre de su familiar ingresado por si te sonase y supieses dónde está.

En la consulta simulo una confianza que no siempre tengo, opino que para ser médico uno debe ser optimista, no tiene sentido tirar la toalla de antemano, y menos aún ante un enfermo para el que se supone eres su tabla de salvación. Si estás ahí, es para intentar solucionar el problema. La tenacidad, comúnmente conocida como cabezonería, se considera una virtud en la práctica médica, es algo que te lleva a luchar por el paciente sin rendirte y a transmitirle ese espíritu de lucha que tanto necesita. Tampoco es mala idea aprovechar el éxito de un caso para tranquilizar al siguiente, un ejemplo siempre es la mejor prueba. Entrar con un enfermo cubierto de sangre y sacarlo al rato seco, limpio y aseado causa buena impresión.

No solo hay que pelearse con la hemorragia, el más difícil todavía es contestar a la vez al teléfono y al busca, ambos coinciden más de lo achacable al azar, no obstante la prioridad es el enfermo y si requiere nuestras dos manos, los que llaman tendrán que volverlo a intentar (por desgracia no dispongo de una secretaria personal para atenderles). Aún así conviene confirmar que el número no es el de la UCI. Muchas llamadas de urgencias se resuelven con decir que suban al paciente, es una respuesta más breve y satisfactoria para el que la oye, y el tiempo que se gasta en discutir y dar explicaciones suele ser casi tan largo como el que se tarda en ver a muchos enfermos.

A lo largo de la mañana se acumulan los Rendu, las revisiones sin cita y las urgencias. Si alguno se complica, a otros les tocará esperar. Aún así nadie se queja, creo que todos son conscientes de que hago lo que puedo, y si alguna consulta se queda libre la aprovecho para multiplicarme durante un minuto. Anestesiar la nariz es fundamental antes de cualquier manipulación, y esos minutos son preciosos para escribir un informe, poner un tratamiento, echar un vistazo a otro paciente, asomarse a la sala de espera, responder al teléfono o cursar cualquier papeleo. Se trata de rentabilizar el tiempo, y a veces incluso es posible ir al baño.

La mañana se pasa sin sentir, y casi sin sentarse. Sin embargo, salgo del hospital con una sonrisa, ¿la de la euforia de la aventura o la del deber cumplido?

sábado, 28 de enero de 2017

De guardia con hermanísima

Los catarros de hermanísima no suelen resolverse espontáneamente, lo más frecuente es que se le compliquen y tengamos que recurrir a algún antibiótico para zanjar el tema. Los tratamientos suelen ser telefónicos, el horario escolar y el hospitalario se compaginan mal. Esta última vez la cosa se prolonga y quedamos en que se vendrá conmigo en una guardia de fin de semana para mirarla. El finde ha llegado y el viernes hablo con hermanísima.
-De momento no parece que mañana tenga que ir por el hospi, no me han llamado y no tengo pacientes ingresados -le explico.
- ¿Y cómo vamos a hacer para darte la tarta de manzana que cuñadísimo te ha traído de Valladolid?
Me relamo. ¡Una tarta de Maro Vallés! Hace años que no la pruebo, pero eso no significa que la haya olvidado.
- Si de ahora a mañana no me llaman, me paso por tu casa a recogerla y te echo un vistazo.
La noche es igual de tranquila que la tarde del viernes, tras el cambio de turno llamo a la urgencia y no hay nada pendiente para mí. House llega de guardia, su cara me basta para saber que prefiere estar solo y tranquilo. No tardo en desaparecer.

Aparezco en casa de hermanísima, con las prisas no la he llamado. La exploro. Sobrinísima y ciclón también se apuntan, que una revisión médica nunca sobra, sobre todo en plena epidemia de gripe (de la que solo se ha librado el ciclón). Estamos en plena consulta cuando suena el busca.
- ¿Estás en el hospi?
- No, pero cuéntame.
- Tengo un paciente con una epistaxis que ya vino ayer. Le he retaponado pero sigue sangrando.
- No te preocupes que voy.
Le digo a hermanísima que, si quiere que la vea en el hospital, se componga en un minuto. Salimos juntas. En el coche termina de arreglarse, ya está acostumbrada, un trayecto Madrid-Linares previo a una boda da para toda una sesión de belleza, con mascarillas, maquillaje y peluquería (y hasta algo de siesta).

Al llegar me esperan no uno sino dos pacientes. La segunda es una mujer mayor, anticoagulada, con las dos fosas taponadas. Me llevo a ambos a la consulta. Hermanísima se ofrece a ejercer de auxiliar. Me vendrá muy bien.
El hospital esta vacío y aprovecho para trabajar a dos consultas. Siento a cada paciente en una y corro de una sala a otra. Hermanísima les tranquiliza.
-No se preocupen, es la mejor.
-Es que es mi hermana- les explico.
Remojo los taponamientos con anestesia antes de quitarlos. Mientras les hace efecto, aprovecho para hacerle una fibroscopia a mi incondicional ayudante.

Empiezo. Retiro los tapones y pongo unas mechas de algodón con más anestesia. La nariz duele mucho y los pacientes agradecen todo lo que se les haga para aliviar el trance. Con el primero no tardo en descubrir al vaso responsable, el caño de sangre que sale de él no da lugar a dudas.
- Se le ha roto un vasito (el diminutivo es un eufemismo), voy a quemárselo.
Agarro dos barras de Argenpal (con una le haría cosquillas a semejante manguera) y las aprieto contra el tabique, sobre el chorro de sangre. Espero unos segundos antes de retirarlas. Parece que he acertado, la cosa ha mejorado. Hago un poco de presión con una bolita de algodón y repaso la zona. Por si las moscas, pongo un pequeño tapón reabsorbible que tendrá que remojar para que se deshaga. No hace falta más, puede irse a casa.

Hermanísima le ha dado conversación a mi otra paciente y a su acompañante. Se han desahogado y contado su vida, obra y milagros: que si su hijo está fuera, se había ido el día anterior, que la otra es su vecina y no tiene hijos, y se ha venido con ella para que no estuviese sola. Me comentan que le salía sangre hasta por los ojos. No tiene claro por qué lado empezó, parece que fueron ambos (a veces pasa en los anticoagulados). En una fosa no tardo en encontrar un vaso y quemarlo. En la otra no veo nada sospechoso, por si acaso dejo un poco de material hemostásico y reabsorbible, así se protege la mucosa y evitamos sustos. No puede marcharse, tiene que quedarse un rato para que le controlen la anticoagulación.

Después de un poco de vida social en la urgencia, volvemos a casa. Hermanísima piensa presentar una moción en el hospital para que la contraten de relaciones públicas. La verdad es que tener un ayudante en la guardia, que anime a los enfermos, no va nada mal.

viernes, 27 de enero de 2017

YE

Por fin escribo. No es que no tenga temas sobre los que hablar, es una de las ventajas de tener un blog variado, que todo lo que se me ocurra cabe. En este caso voy a aprovechar una salida del hospital para contar una tarde de ocio, comidas y tiendas.

Quedar con amigos no siempre es fácil, y mucho menos si son médicos: hay que cuadrar guardias, cirugías que se pueden alargar, sesiones, congresos y vida personal. A pesar de las listas de espera, un médico te ve antes como paciente que como amigo, por eso conviene aprovechar el día en que las constelaciones se muestran favorables. Esta vez lo conseguimos sin demasiado esfuerzo y sin imprevistos de última hora, que como dice una de mis amigas, nunca hay que cantar victoria hasta que estamos todas sentadas a la mesa.

Después de una mañana de consulta lo primero es reponer fuerzas. La comida japonesa es siempre apetecible, no solo es bonita sino también variada, y nos gustaba a las tres implicadas en el plan del día. Para empezar nuestra reunión escogimos el restaurante de Ayala, 67 (Ayala-Japón). Tras echarle un vistazo rápido a la carta, que a las tres y media de la tarde las tripas no admiten mucha demora, nos decantamos por el menú degustación: una ensalada, unos rollitos fritos de verdura, un poco de sashimi, otro poco de sushi en versiones nigiri (sobre monte de arroz) y maki (rollito), un tartar de salmón, otro de atún con soja y trufa, una muestra de teriyaki de toro y unos dimsums al vapor saciaron con creces nuestro apetito. Tras un té, con su sobremesa, y un retoque de pintalabios en el baño, estábamos listas para pasear por el barrio.

Una de mis amigas había descubierto una tienda de tocados artesanos, YE, en General Diaz Porlier 32, que le apetecía visitar. Después de contemplar el escaparate, no lo dudamos, aquellas preciosidades había que verlas de cerca. Llamamos al timbre para que nos abrieran, la dueña, de nombre Yulia Eremina, suele estar en el taller de abajo, trabajando en sus diseños entre cliente y cliente.

Dentro todavía había más preciosidades, tantas que no sabíamos por dónde empezar, quizá nos emocionamos más de la cuenta y entre las tres no sé si quedó algún sombrero sin probar. Su creadora nos explicó algunos detalles y nos ayudó a colocarnos los tocados de la manera más adecuada y favorecedora. Se notaba que disfruta con su trabajo, a cualquier otro le habríamos vuelto loco, pero ella compartía nuestro entusiasmo.

Si lo hubiese sabido, quizá esa mañana me habría peinado con más esmero. Había salido de casa con la cabeza aún algo húmeda, que terminó de secarse en el coche, y todo mi estilismo consistía en un semirrecogido, por supuesto sin peine, con unas pinzas para quitar el pelo de la cara y que no me molestase a la hora de explorar a los pacientes. Sin embargo, los tocados eran tan bonitos que lucían incluso así. El estilo que mejor se adaptaba a una de mis amigas era el más puro bohemio-francés, las boinas estaban hechas para ella, otra de mis amigas, más clásica, se llevó un gorro rojo que habría sido la envidia de Caperucita, no solo era bonito y favorecedor, sino muy versátil, se podía girar en todas las posiciones y cada ángulo era diferente. En cuanto a mí, confirmé algo que siempre he sospechado: mi cara es vintage, mis rasgos se corresponden más con la época de los años 40 y 50 que con la actual, y con los tocados inspirados en esos años, con redecilla incluida, parecía una extra de una película de los años dorados de Hollywood (lo podéis comprobar en la foto, ¿verdad que es un sombrero maravilloso?).