martes, 31 de enero de 2012

¡Felicidades Choce!


Hoy es el cumpleaños de "nuestro" Choce. Es mío, de mis hermanas, era el "chiquillo" de la tita Mercedes y también es reclamado por Sole. Desde que era apenas un bebé, siempre ha sabido demostrar su cariño y hacerse querer. Es dulce, trabajador, discreto e inteligente. Nunca se deja vencer por la pereza y acude dónde se le llama, e incluso sin necesidad de llamarle. Es de las personas con las que te sientes cómoda desde el principio y que, además, contribuye a que te encuentres mejor dentro de tu pellejo. Todos decimos que nos parecemos a él, así que está claro que todos le admiramos. Sin esforzarse en ello, se ha convertido en uno de los favoritos.

Es otro de mis primos que heredó con intensidad el ángel de mi abuela materna. Es poseedor de una gran imaginación, cultivada desde su más tierna infancia a base de películas de Disney. Era lo que más le gustaba, podía pasarse horas tranquilo y quieto mientras veía las imágenes. Aquello debió de estimular su fantasía y su sentido artístico, sin hacerle perder su sensatez, al tiempo que impregnó su carácter con las cualidades y valores de sus admirados héroes.

Norman Rockwell
Vivió unos años conmigo y mis hermanos mientras estudiaba la carrera. Daba gusto convivir con él. Estaba siempre allí cuando buscabas alguien con quien charlar. Nunca provocaba conflictos y jamás discutía por nada. Pese a lo que pueda parecer por mi descripción, no es en absoluto un tipo pachorra, todo lo contrario. Lo que ocurre es que interioriza los nervios y mantiene en todo momento la calma externa y las formas. Ahora ejerce de anfitrión cuando bajamos a Linares y hace gala de la característica hospitalidad familiar a la hora de acogernos en su hogar. Siempre está dispuesto a recibirnos y a acoplar sus planes a los de sus invitados.

Es "nuestro" héroe. Con su tranquilidad, sensibilidad, empatía, disposición y paciencia se ha ganado con creces ese título. 

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES CHOCE!


¡Felicidades tita Carmen!


El año pasado la tita Carmen cumplió 80 años. Una de sus sobrinas propuso realizar una pequeña reunión, bastante íntima en su concepción inicial, para celebrarlo. Aquello se transformó en una Fiesta Sorpresa en toda regla. Corrió la voz entre la familia y, dado el poder de convocatoria de la tita, finalmente hubo que ampliar la reserva para casi 40. No es que nadie hubiese lanzado invitaciones para el evento, sino que todo el mundo dijo "pues yo también voy" y allí se presentó el que quiso. Eso mismo hice yo. Llamé a mi madre y le dije que allí estaríamos tanto el Dr. House como yo (junto con el busca, compañero habitual de fatigas en estas cosas improvisadas, pero que se portó muy bien, ni una sola vez me llamaron, así que no me puedo quejar). Ni siquiera le pregunté a mi complaciente maridito si se venía, sino que conté con él directamente. Total, ya que me había saltado el protocolo de invitación, también me salté el de consultarle, claro que contaba con la ventaja de saber, o al menos imaginar, de antemano, que le apetecería venir.

Sus sobrinas, que eran las que se habían encargado de reservar (y que en principio iban a ser sólo ellas junto con las gemelas), se pasaron los últimos días avisando al restaurante casi continuamente para aumentar progresivamente el número, tanto de comensales como de raciones, no nos fuésemos a quedar con hambre, algo impensable en esta familia. Posiblemente Carpanta tenga algún parentesco con nosotros, nunca se hizo referencia a sus apellidos, pero seguro que alguno coincide. Finalmente, el número de apuntados al evento, acabó siendo de más de 30 y, menos mal que todos muy bien avenidos, porque estuvimos lo que se dice en "amor y compaña" en la mesa. Además nos vimos obligados a cuidar los buenos modales y comimos sin separar, en ningún momento, los codos del cuerpo (esta postura era forzosa para evitar clavárselo al vecino). En mi caso lo agradecí enormemente, ya que a mi derecha tenía al Dr. House, y a la izda al tito más expansivo, tanto por tamaño como por personalidad.

Comprobé al sentarme qué tal era la salida por debajo de la mesa (amplia y cómoda), ya que a mi espalda estaba la pared, y ni siquiera Choce habría sido capaz de colarse por el espacio virtual que separaba el respaldo de la silla de esta. Tanto era así que, el tito, al moverse, desplazaba la mesa entera (enfrente tenía a mis sobrinas, que más de una vez acabó sobrinísima con el plato más cerca de la barbilla de lo que había previsto), pero con la buena voluntad reinante, bastaba un pequeño reajuste de posiciones para dejarlo todo de nuevo en orden.

Quedamos a las 21h y a partir de ahí empezó a desfilar todo el mundo. En este caso casi se agradecía la llegada escalonada. A lo largo de más de media hora no paramos de dar besos (a más de uno varias veces ya que resultaba complicado llevar la cuenta), y de preguntar fugazmente a todo el mundo por sus novedades. Como todos hablábamos a la vez de lo mismo, era difícil entender lo que te contaban, porque con varias conversaciones a volumen familiar alrededor, no había quien se enterase de ninguna. Eso sí, el ambiente era de lo más cálido (a pesar de los 3 grados de la calle), e incluso caluroso, que el Dr. House miraba con ojos golositos a los que salían a fumar, no ya sólo por el mono del tabaco, sino también por lo de tomar el fresco.

Una vez estuvimos todos y todo, tan sólo quedaba cómo conseguir engañar a la tita Mercedes de Madrid y a la tita Carmen para sacarlas de su caliente y acogedor hogar un 31 de Enero a las 10 de la noche. Para esa tarea desplegó todo su encanto la Cucucá, sin duda la más persuasiva de la familia, sólo ella es capaz de vender arena al mismísimo desierto. Ya cerca de las 22h nos asentamos lo suficiente como para que su hermana la avisase para traer a las titas (más engañadas que a un chino). Las arrastró, a medio regañadientes, hasta el lugar donde nos habíamos reunido para darle la sorpresa. De hecho, hasta que vieron el panorama, las pobres pensaban que su chófer sufría de amnesia transitoria y se estaba equivocando en el camino a casa. Cuando entraron todos gritamos: ¡Tita Carmen, tita Carmen! a pleno pulmón y, a continuación, cantamos el ¡Cumpleaños feliz! a un volumen adecuado, no ya para duros de oído (que algo de eso padece la tita), sino también para los sordos ingresados en el 12 de Octubre. ¿Quién necesita fuegos artificiales y tracas con los pulmones de esta familia? Oírnos debía de oírnos, pero la pobre no podía creerse lo que veía. Primero se quedó algo pálida pero, en cuanto se le pasó el susto inicial, disfrutó como los indios y estaba radiante, al igual que la tita Mercedes de Madrid.

Por supuesto, la comida no le llegaba ni a la suela del zapato a la que preparan ellas normalmente, pero el plan era precisamente ahorrarle el preparar los varios cientos de albóndigas, los litros de arroz con leche y las "poquitas" alcachofillas, pollo en salsa, espinacas y similares con las que se pasan 2 días sin salir de la cocina hasta bien pasada la medianoche, cuando desean agasajar a alguien. Pero aunque no fuese lo mismo, dimos buena cuenta de ella. Cuando ya no podíamos más, trajeron las 3 tartas con las velas para que las soplase, y nos tomamos también un trozo, que ¿cuándo se ha visto un final de cumpleaños sin su pastel?

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES TITA!

lunes, 30 de enero de 2012

¡Felicidades tita Cati!

Hay dos asuntos por los que he perseguido a mi dicharachera tía durante muchos años. Una fue para que abandonase su adicción  al famoso y pernicioso Vicks nasal y, la otra, para convencerla de que me hiciese una rebeca de punto, en lo que, además de en la cocina, es una maestra. A esta segunda petición no me ponía pegas pero, sus múltiples ocupaciones y las demandas del resto de la familia, que procuraba cumplir en riguroso orden, la mantenían casi continuamente ocupada y, realmente, no le quedaba ningún hueco en el que colarme. Pese a su diferente disposición para las dos cosas, finalmente conseguí ambas casi simultáneamente. Para la primera me serví de mi vicio quirúrgico y arramblé con casi la totalidad de sus enormes y obstructivos cornetes y, la segunda fue una muestra de su agradecimiento al comprobar que su nariz le servía de nuevo para respirar, en vez de ser un mero adorno en su cara, eso sí, muy decorativo, ya que la tiene muy bonita. De paso, aprovechó la cirugía para que también le retocase algunos lunares. Aún no tengo muy claro si no fue esa la razón oculta por la que accedió a ponerse en mis manos. Fuese lo que fuere, el caso es que me salí con la mía. Tal y como defiende su hijo: "nada sustituye a la constancia".

Entró al quirófano encomendándose a todos los santos y, por si no bastase con rezar, se los enganchó a su ropa interior, sin contar con que tendría que abandonarla antes de pasar a la camilla. Si hubiese previsto ese detalle a lo mejor se habría decidido a tatuarse alguno para no verse tan desprotegida, claro que, seguramente, eso habría pospuesto, unos añitos más, la intervención. Aunque confiaba en las habilidades de la pesada de su sobrina, la compañía de los santos espíritus habrían, sin duda, contribuido a reforzar su tranquilidad. Afortunadamente, el anestesista se encargó de que durmiese como los ángeles y pudo disfrutar de toda la corte celestial mientras yo reabría el paso del aire por su nariz.

"La Anunciación" Fra Angelico
Indudablemente tanta fe resultó beneficiosa y, al día siguiente, al quitarle los tapones, se encontró en la mismísima gloria. Poco después de aquello acudió a la canonización de uno de aquellos santos por los que mostraba tanta devoción. ¡Esperemos que respire el incienso de esas ceremonias durante muchos años!

Es además la depositaria de una serie de recetas familiares que elabora con todo el cariño y esmero que la caracteriza. Por supuesto espero conseguir algunas de ellas para dejarlas en el blog. No estaría nada mal si viniesen acompañadas de una muestrecilla, simplemente a modo de cata, más que nada para  así, tener claro, cómo debe ser el punto justo de cada plato y, de paso, comprobar que no sufre ningún problema de olfato.

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES TITA!

domingo, 29 de enero de 2012

¡Felicidades Cucucá!

Cucucá debe su nombre a mi torpe lengua de trapo a la tierna edad de los dos años. Es una clara muestra de mi predilección por el fonema "k", que también usé para mi primera palabra, "casca", con la que designaba a la luna (al parecer, ya desde entonces, era algo lunática). Mi insistencia y mis esfuerzos para pronunciar su nombre acabó por cambiárselo y rebautizó a la tita con su alias.

El adjetivo que mejor la describe desde su infancia es el de pizpireta. Con su gracia se llevaba de calle a todos los que la miraban. Mi madre cuenta que, viajar con ella en autobús, era todo un espectáculo. Se convertía en el centro de atención de todo el pasaje según hacía su aparición estelar, y eso sin haber cumplido aún su primer año.

Es la segunda hija y fiel muestra de los engaños de la naturaleza a los padres primerizos. La primera, protagonista desde su llegada sin tener que esforzarse en ello, debido tan sólo a su condición de primogénita, era tan buena que sus padres podían disfrutar incluso de las sesiones de cine sin que el bebé les incordiase. Se limitaba a dormir sin rechistar. Con Cucucá comprobaron que los bebés no son esos ángeles dormidos en la cuna que se adaptan a los horarios de los adultos. El primer ensayo de llevarla a una sala de cine fue también el último. En cuanto apagaron las luces, mostró su descontento a base de alaridos que provocaron las airadas protestas del resto del público. Sus progenitores la sacaron hasta que se calmó pero, al regresar a las tinieblas de la sala, la pequeña volvió a chillar como si le fuese la vida en ello. A los sufridos padres no les quedó más remedio que regresar a casa con la niña.


Es el ejemplo de cómo ser vital incluso inmovilizada. Se ha pasado largas temporadas con la espalda envuelta en escayolas en las largas recuperaciones tras las cirugías que intentaban arreglársela. Parte del éxito de las mismas corresponde a tolerar un nivel de dolor con el que cualquier otro estaría doblado pero que, en su caso, es menor que el de los postoperatorios y, por lo tanto, le permite continuar con su inagotable actividad habitual.

Dicen que los gestos se graban en los rostros con el paso del tiempo y estoy de acuerdo con esa idea. En el de Cucucá luce de manera permanente una sonrisa traviesa que, junto con el brillo chispeante de sus ojos negros, indica la efervescencia de la que ha hecho gala durante toda su vida. Es una lástima que no sea ella la encargada de escribir un blog porque, las divertidas anécdotas de su matrimonio, lo convertirían en una serie de éxito en poco tiempo. Cualquier idea disparatada en opinión del resto, era secundada, si no originada, por ella hasta que se llevaba a cabo. Está claro que nunca se pierde nada por intentarlo y, al contrario, si no se intenta, ¿quién sabe lo que podría haber sido? Mis tíos han hecho de esta máxima su filosofía de vida. Su talante conciliador unido a su gracia innata han sacado al Billete de algún apuro en más de una ocasión.

Además de por sus trastadas, que en la edad adulta se denomina, no sin cierto eufemismo, osadía, también recibía castigos por su desesperante falta de apetito, y eso pese a las habilidades culinarias demostradas de la familia. El plato podía durar horas en la mesa sin ser mirado más que por los preocupados ojos de su madre. Le tocó sufrir en sus carnes el mismo tipo de desazón cuando sus hijos siguieron su ejemplo durante su tierna infancia. Los pequeños también se erigieron en dignos herederos de la tendencia a las travesuras de ambos progenitores. Las dificultades de la Cucucá para conseguir que los chiquillos comiesen algo no pudo evitar satisfacer, en cierto modo, a su paciente madre.

Si los cónclaves familiares se celebran con frecuencia en la  cocina, donde los olores de la comida suavizan los conflictos y ayudan a estrechar lazos y alcanzar acuerdos, en el caso de mis primos, se trasladaron al baño. Allí eran convocados varias veces al día por sus progenitores para "hablar" y hacerles reflexionar sobre sus barrabasadas. Supongo que, en su caso, la estancia presentaba la ventaja añadida de poder simultanear la imprescindible limpieza de los restos de las fechorías, lo que contribuía más a la armonía familiar que los aromas de los guisos, que darían lugar a un nuevo cónclave tras la sobremesa.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS CUCUCÁ!

PS: Espero que, además de salud, disfrutéis con apetito de un delicioso pastel elaborado por la mismísima Miss Corn.

viernes, 27 de enero de 2012

Pecan Pie

En el verano de mis 13 años me mandaron a Texas a perfeccionar mi inglés. Nada más llegar al aeropuerto descubrí mi gran ignorancia al respecto de ese idioma y la necesidad, no ya de perfeccionar, sino de aprenderlo desde la base. Para colmo, el inglés tejano cerrado no lo comprenden casi ni los propios americanos y, la agente de aduanas que me tocó en suerte que me interrogase en el aeropuerto, debía de tener ese acento. Decidí que dado que no íbamos a entendernos, lo más sensato en esas circunstancias, era permitirle que decidiese ella misma si llevaba algo que declarar. Abrí mi maleta, señalé el contenido con la mano y dije algo así como "please, take a look", tras lo que me aparté para permitirle que rebuscase en ella a gusto. Mi gesto debió de convencerla de que no contenía nada extraño y la cerró sin indagar en su interior. 

Después del interminable viaje de 14 horas en avión, al llegar a mi nueva casa para aquel verano, mi primera dieta tejana consistió en una cena de galletas Oreo con leche. Pese a tener hambre, no me emocionaron las Oreo entonces, era la primera vez que las probaba, y aún ahora sigo sin encontrarles el encanto. Afortunadamente, la mayoría de los menús de mi estancia en aquellos lares fueron bastante diferentes al del primer día. Mi familia de acogida gozaba de una posición holgada. El patriarca tenía un puesto de dirección en una compañía petrolífera y pertenecía tanto al Country Club como al Petroleum Club de Dallas. Cuando no estábamos en la casa de los Cayos pasábamos el día en remojo en la piscina del Country Club, mientras que él jugaba al golf. Comíamos allí y recuerdo que me hice adicta a su ensalada de pollo (no he vuelto a tomarla tan buena). Al Petroleum Club salimos a cenar en un par de ocasiones. La única pega de aquellas salidas era la necesidad de etiqueta. Aprendí que "dressing up" significaba tener que sustituir mis pantalones por un incómodo vestido (ahora los adoro pero por aquel entonces era inseparable de mis vaqueros). Eso sí, merecía la pena el sacrificio de arreglarse para probar aquella comida. La carne era deliciosa: unos filetes gruesos, jugosos, preparados al gusto del comensal, que se deshacían en la boca. Para terminar, tenían una vitrina-nevera ante la cual me extasiaba antes de escoger un postre (que luego el camarero te llevaba a la mesa) Allí descubrí una de las tartas típicas de Texas: el "Pecan Pie" que se convirtió rápidamente en uno de mis pasteles favoritos, tanto en su versión clásica como en la combinada con chocolate. Al volver a España descubrí que aquí ni existía (de hecho ni tan siquiera había nueces pacanas). Años más tarde encontré una similar en Alfredo's Barbacoa. Conseguir la receta no fue fácil. Cuando me hice con ella y preparé la tarta, al que le entusiasmó fue a mi abuelo paterno. 

"Pecan Pie" Tarta de nueces con sirope de arce

Para la masa (se puede usar un paquete de masa quebrada para acelerar y facilitar el proceso o una base de galletas trituradas con mantequilla: medio paquete de galletas digestive o maría y 60 gr mantequilla o, simplemente, chips-ahoy pulverizadas, sin mantequilla en este caso)

Unos 250 gr harina y 125 de mantequilla a punto de pomada (La relación en la masa quebrada es el doble de harina que de mantequilla). Para una tarta dulce conviene añadir un par de cucharadas de azúcar moreno a la masa.
Mezclar la harina y el azúcar con la mantequilla con la punta de los dedos hasta que parezca serrín con grumos. Añadir un par de cucharadas de agua para que se haga una bola. Dejar reposar en la nevera unos 30 min. 
Extender sobre un molde de modo que quede muy fina (casi se transparente) sin romperse. Enfriar otros 30 min en la nevera. 
Pinchar para que no haga burbujas al cocerse. Cubrir de garbanzos para evitar que suba. Hornear de 5 a 10 minutos hasta que tome un poco de color.  

Para el relleno

1 taza de sirope de arce (si se quiere hacer más dietético se puede sustituir por sirope de Agave)
1/2 taza de azúcar moreno
2 tazas de nueces pacanas cortadas por la mitad. Se pueden usar anacardos, avellanas o también nueces normales.
3 huevos grandes batidos
3 cucharadas de mantequilla fundida
2 cucharadas grandes de ron añejo
Una pizca de sal

Hervir el sirope de arce con el  azúcar en una cazuela a fuego lento hasta que la mezcla adquiera una consistencia muy espesa, se haya disuelto todo el azúcar y el sirope ocupe 1 taza (de 15 a 20 minutos). Templar.
Tostar las nueces en el horno a unos 160°C hasta que desprendan aroma (unos 12 minutos). Enfriarlas.
En un cuenco batir el sirope templado, los huevos, la mantequilla derretida, el ron y la sal. 
Incorporar las nueces. 
Verter el relleno en el molde de masa. 
Hornear hasta que la tarta esté firme al tacto pero se mueva ligeramente al sacudirla (de 35 a 40 minutos). 
Enfriar a temperatura ambiente. 

Sugerencias: Cubrir con chocolate extra amargo (72% cacao). Acompañar con helado. 

jueves, 26 de enero de 2012

Porqué las novias quieren ser princesas

Sabina decía en su canción "supongamos que hablo de Madrid" que "las niñas ya no quieren ser princesas". Debía de tratarse de otro Madrid, en otro planeta.

La mayoría de las féminas desean ser princesas. No de las "Reales" sino felices princesas de cuento. El adjetivo feliz va asociado a este estatus de manera subconsciente. Tras escuchar desde la cuna millones de cuentos de hadas en los que la princesa protagonista se casa con el príncipe para alcanzar la felicidad, no le debería extrañar a nadie la asociación de ambas ideas.

Por supuesto, la princesa, antes de ser conquistada por el príncipe sufre un sinfín de tribulaciones: debe huir, es perseguida, envidiada, castigada y rebajada a sirvienta, porqueriza o cuidadora de gansos. Es la inocente víctima de intentos de asesinato, maldiciones y embrujos. Se disfraza con harapos, se cubre con cenizas o se pierde en el bosque para ocultar su belleza.

Pese a sus ardides, es descubierta. Primero por el príncipe, que se rendirá incondicionalmente ante ella. Luego por "la mala" (suele ser un personaje femenino) que hará lo imposible por rematar su plan. Aunque parezca que lo ha logrado, el amor triunfa y los dos enamorados se casan y reinan felices durante muchos, muchos años, sin dejar ni una perdiz con vida en sus campos (son las verdaderas víctimas de todo el complot).

Lógicamente una llega al mercado del amor con la idea de que va a aparecer el "príncipe azul" en cualquier instante y tarda un tiempo en darse cuenta de que, en realidad, la historia está plagada de "ranas" y, para colmo, no están encantadas. Cuando la afortunada encuentra el auténtico príncipe oculto en la charca, desea el mismo tipo de vida que la protagonista del cuento. Eso implica celebrar una boda digna de la realeza, la que ha imaginado desde que integró el primer cuento entre sus sueños.

Un vestido de princesa no es el disfraz del día sino el auténtico atuendo de la mujer. Es por ello que las invitadas hacen lo propio y contribuyen a dar la necesaria pompa a la corte. El convite es digno de un rey y, el lugar de la celebración, un jardín o un salón palaciegos. La princesa ya está en el buen camino de una feliz vida de pareja.

Tras una noche de cuento, el viaje de luna de miel sirve para hacer más dulce el regreso a la realidad. La princesa abandona sus vestiduras pero le basta con tener a su lado a su verdadero príncipe azul.

miércoles, 25 de enero de 2012

Vidas fugaces

El tiempo vuela. En relación con el calendario del origen del universo, el ser humano sólo ha habitado en él los últimos 21 segundos y su vida ocupa, como promedio, 0.15 segundos. Es apenas un instante, sin embargo, la memoria y los recuerdos de algunas personas, perduran en las generaciones que les suceden.

Uno no muere por completo mientras quede alguien que no le olvide y, no sólo la fama inmortaliza a las personas, también lo hace el cariño de los que le rodean.

Aunque los agravios parecen perdurar más en el rencor de los vivos, son  los buenos momentos y la alegría compartida  los que de verdad se graban en la mente de los que se quedan. Desde la infancia, una sonrisa despierta la ternura del que la recibe y suele ser correspondida con otra. Es por ello por lo que nadie puede olvidarse de los que han vivido su vida entregando su risa. La alegría es eterna.


Mis tíos han enviado estas hermosas palabras de Quevedo:

"Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado."

martes, 24 de enero de 2012

Calzar a una novia

Tenemos boda en Junio y, la feliz novia sabe en lo que se mete al casarse con el más ocurrente de mis primos. El futuro marido afirma haberse corregido, aunque aún no parece haber puesto en práctica su nuevo modelo de conducta. Debe de estar esperando al matrimonio o, más bien, a tener que educar con su ejemplo a sus propios hijos, que más vale que se parezcan a su dulce madre en lo que a "idea" se refiere (físicamente pueden parecerse a ambos). Para ilustrar su falta de reforma valga esta historia, en la que nuestro modélico protagonista, llamó a otro de sus primos, un chaval tímido y retraído, al móvil mientras este estaba en el trabajo:
- Buenos días, ¿el Sr. D?
- Soy yo- respondió la inocente víctima.
- Le llamo del Corte Inglés para avisarle de que ya ha llegado su pedido de ropa interior femenina.
- ¡Yo no he hecho ningún pedido!- protestó el sorprendido Sr. D.
- Pues aquí hay una caja llena de tangas, enaguas y sujetadores y en la nota de encargo pone su nombre y este teléfono.
- ¡Qué yo no he comprado eso! ¿Para qué quiero una caja con enaguas de mujer?- argumentó el pobre chaval, totalmente ofuscado.
Entre tanto, la exaltada conversación había despertado la curiosidad de sus compañeras que compartían habitualmente con él la pequeña oficina y que escuchaban aquel intercambio de disparates, muertas de risa.
- Eso es cuestión suya, pero tendrá que venir a por ella - continuó mi primo en su papel de encargado.
- ¡Qué no es mía!- insistió, desesperado, "el cliente".
Mi primo no pudo más y se le escapó la risa. El Sr. D, blanco de múltiples bromas similares a lo largo de su existencia,  le reconoció y explotó: -¡Titón, eres un cabrón!

Este fin de semana la parejita ha estado por aquí. Ella quería aprovechar para buscar unos zapatos para su vestido: ¡zapaterías, prima, compras y, por si no bastase todo lo anterior: rebajas! Por supuesto me ofrecí encantada a hacerle de cicerone, sin saber que para las novias existe un universo paralelo y diferente en lo que a su trousseau se refiere. ¡Inconvenientes de no haber celebrado una ceremonia tradicional cuando me llegó el turno!


La recogí a buena hora en Tres Cantos, donde estaba con su futura cuñada y nos fuimos a Alonso Martínez, dispuestas a recorrer todas las tiendas de ahí a Chueca. A partir de la una del mediodía tenía que cubrir un tramo de la guardia por lo que me llevé el coche y lo dejé en el parking de la Plaza Villa de París (foto). Así aproveché para enseñársela (ya que me parece uno de los rincones con más encanto de Madrid). Esta plaza, originalmente, formaba parte del extenso huerto del Monasterio de las Salesas, fundado por Dª Bárbara de Braganza (inmortalizada en una estatua de Benlliure en uno de sus jardines). 

Era temprano y algunas de las tiendas aún no habían abierto. Ella no había desayunado, así que nos plantamos en Mama Framboise (C/ Fernando VI, 23) para disfrutar de la comida más importante del día. Lo difícil allí es escoger y resistirse a la tentación de probar un poco de todo (os he puesto el enlace para que os forméis vuestra propia opinión). La novia se decidió por un Tiramisú y, pese a haber desayunado al levantarme, hice como los hobbits y me tomé una tartaleta de crumble de manzana de "segundo desayuno". 

Ya repuestas las fuerzas, que falta nos hicieron, nos dedicamos a recorrer, infructuosamente, una tras otra todas las zapaterías que hallamos a nuestro paso. Los zapatos de novia no forman parte de los muestrarios de Augusto Figueroa ni, al parecer, ese tipo de calzado se encuentra entre el genero habitual de cualquier tienda no especializada en el tema de las bodas. Tras casi dos horas de entrar, mirar y salir (lo que requiere una gran fuerza de voluntad cuando el objeto a abandonar son zapatos), nos desplazamos al barrio de Salamanca. Fuimos a Tiffany, una zapatería en Lagasca que se ocupa de vestir los pies de fiesta. No tenían nada que se adaptase al estilo y el color del vestido, además de a los gustos de la novia. Hicimos una batida rápida por M, Seraphita, Lurueña e, incluso If, antes de darnos por vencidas y de que llegase la hora de recoger a House para ir a casa de mi madre a celebrar el santo de sobrinísima. 

Después de ponernos las botas en la comida, con tarta de queso que mi angelical prima me había preparado para mí (¡GRACIAS DE NUEVO!), y con el apoyo de mi otra prima de Tres Cantos, nos lanzamos de nuevo a la aventura.

Regresamos al barrio de Salamanca, ya que lo habíamos abandonado a medias esa mañana. Recorrimos la calle Goya (sin éxito). Visitamos Hangar con sus tacones de vértigo a los que la novia no está habituada.  No sé qué manía es esa de tener que subir a la pobre contrayente encima de unos zancos que, entre los nervios, la falta de costumbre y el baile, al final de la noche va a estar más preocupada por descalzarse que por desnudarse. Eso si no se pasa la luna de miel en la planta de Trauma con los tobillos fracturados. Lo debió de diseñar alguno que quería evitar a toda costa que la mujer escapase del lecho conyugal. Por supuesto, las féminas con frecuencia no sabemos resistirnos al encanto de esas obras de arte, por poco prácticas que resulten.

 En el muestrario de Cremades no había nada en blanco. Entramos y salimos de Boch y de otras muchas tiendas de las que ni recuerdo el nombre. Agotadas, hicimos una parada en Kálamo y otra en Almatrichi, para mirar ropa y desintoxicarnos (nunca habría pensado que asociaría ese término con el de los zapatos). A última hora encontramos una pequeña tienda "El Tocador de la Novia" en la C/ Castelló 51, con un buen surtido de todo lo necesario para vestir y adornar a la princesa del día, con precios razonables. Nos encantaron  varios de sus modelos pero, por desgracia, no quedaban de la talla necesaria. Tienen tienda en Internet, así que siempre se puede optar por ese recurso.

lunes, 23 de enero de 2012

TARTA DE ZANAHORIA

Mi receta de Tarta de zanahoria está sacada de un libro que compré en la antigua fábrica de chocolates de Ghirardelli, en San Francisco en mi primera visita a esa ciudad. Aunque mi padre había estado en Berkeley durante una temporada, al coincidir con el curso escolar no había podido ir a visitarle y me moría de ganas de conocer la famosa bahía. El verano de mi primer año de residencia me fui un par de semanas en Septiembre por mi cuenta y para rematar los últimos días de aquella estancia  me reuní con mi progenitor en el Gran Cañón. Unas alumnas de la experiencia paterna en Berkeley me acogieron en su casa. Todas las mañanas me cogía el BART hasta la estación de Powell St y, desde allí, empezaba a caminar por la ciudad para descubrir sus secretos. Me aficioné tanto a ella que, al año siguiente, repetí en la misma época (cambié la visita al Gran Cañón por una rotación de un mes de formación en Los Ángeles). He regresado en otras dos ocasiones, en Agosto y en Enero, respectivamente. Descubrí que Mark Twain tenía razón al afirmar que "no hay invierno más frío que un verano en San Francisco". Doy fe de que pasé mucho más frío durante el mes de Agosto, envuelta por aquella niebla helada, que en Enero, mes en el que el sol brilló con tanta intensidad que incluso alquilamos un coche descapotable para ir a los Muir Woods. Reconozco que en aquella excursión, sentada en el asiento de atrás, sin el abrigo del parabrisas, estuve a punto de congelarme. Menos mal que una parada a la vuelta en el Pelican Inn me repuso.

Fue en mi primer viaje cuando probé  esta tarta. Ni siquiera era casera, sino comprada en el Supermercado. Me pareció irresistible así que, cuando vi que, entre otras muchas, aparecía entre las más que apetitosas recetas del libro de Ghirardelli, no dudé en hacerme con un ejemplar. Al ponerla en práctica a mi regreso ganó tanta fama que he tenido que ponerla en el blog ante la demanda. He descubierto versiones más sanas y light, que también transcribo, para que cada uno practique y escoja la que más le gusta. Hermanísima la hace con harina de celiacos, por su hija, y sigue estando muy rica (aunque a House no le va demasiado).

No sabe a zanahoria, sino que esta le da una textura diferente, más jugosa, al bizcocho. Admite las variantes de sustituir la zanahoria por calabacín o incluso por calabaza. También una de las tazas de zanahoria puede cambiarse por trocitos de piña y luego usar el jugo para remojar el bizcocho antes de rellenarlo. El pastel se puede rellenar y cubrir con una crema de queso en la versión tradicional o con una cobertura de chocolate negro que también combina muy bien con esta tarta. Hay quien usa chocolate blanco pero yo me niego a estropearla con esa marranería dulzona.

GHIRARDELLI CARROT CAKE
1 taza y media aceite
1 taza y media de azúcar moreno
4 huevos
1 taza y media de harina
Media taza de cacao o chocolate en polvo
2 cucharaditas de levadura química tipo Royal
2 cucharaditas de canela
1 cucharadita de sal
3 tazas de zanahoria rallada (gruesa)
3/4 taza de nueces picadas en trocitos pequeños

ELABORACIÓN
Mezclar el aceite con el azúcar, añadir huevos uno a uno, mezclando bien para incorporarlos.
Añadir la harina mezclada con el cacao, la lavadura, la canela y la sal. Tamizar para que se airee.
Añadir los ingredientes secos y, finalmente, la zanahoria y las nueces.
Verter sobre un molde engrasado.
Hornear a 180º uno 45 minutos (para comprobar la cocción, clavar un palillo en el centro, si sale limpio, la tarta está lista). En los bizcochos no hay que abrir nunca el horno durante los primeros 20 minutos para evitar que se bajen. Luego, si se ve que se tuesta demasiado la superficie, se puede cubrir con un papel de aluminio.
Dejar enfriar sobre una rejilla antes de desmoldar.
Para cortarlo, lo mejor es hacerlo con un hilo, una vez fría. Conviene marcar con un cuchillo una ranura por el borde de la tarta a la altura que se desee antes de rodear el bizcocho con el hilo. Cruzar los cabos y estrangular el pastel. Quedará una sección perfecta.

COBERTURA Y RELLENO DE QUESO
250 g queso cremoso tipo Philadelphia (normal o Light)
zumo de un limón y su corteza
50 g azúcar glas

COBERTURA DE CHOCOLATE NEGRO
1 tableta de 200 gr de chocolate de cobertura (de los mejores el de Varhona)
100 ml de nata líquida
Derretir el chocolate al baño maría y añadirle la nata líquida. Extender sobre el bizcocho.



CARROT CAKE (versión light) 
Esta versión está escrita por un grupo de abuelas entre las que había algunas que debían vigilar su colesterol. Es una edición encuadernada en anillas que encontré en una librería-cafetería de libros usados. Las autoras decidieron poner en común sus especialidades culinarias. Son recetas sencillas y bien explicadas de las que ya pondré algún ejemplo más en el blog. En este caso, para conseguir una tarta con la que disfrutar y cuidarse, sustituyen parte del aceite por puré de manzana.

INGREDIENTES
1 taza de harina
1/2 taza harina integral
2/3 taza azúcar moreno
2 cucharaditas levadura Royal
1 y media cucharadita de canela
Media cucharadita de sal
3/4 de taza de puré de manzana sin azúcar añadido (también se puede usar puré de ciruelas)
1/4 de taza de aceite de oliva
3 huevos grandes
3 tazas de zanahoria rallada
3/4 tazas de nueces muy picadas

ELABORACIÓN
Engrasar un molde.
Poner en un bol todos los ingredientes secos.
En un bol pequeño batir los huevos, el aceite y el puré de manzana. Añadir las zanahorias.
Mezclar con el resto de los ingredientes.

Precalentar el horno a 180º. Hornear aproximadamente una hora. Enfriar sobre una rejilla antes de desmoldar.


TARTA DE MANZANA y ZANAHORIA

300 g zanahorias ralladas
150 g manzanas reineta peladas y ralladas
150 g aceite de oliva suave
100 g azúcar moreno
100 g azúcar blanco
180 gr harina de repostería
3 huevos a temperatura ambiente (suben mejor)
3 cucharaditas de levadura química
1 cucharadita de jengibre (opcional)
1 1/2 cucharadita de canela

Precalentar el horno a 160º C
En un bol grande poner el aceite con el azúcar y batir hasta que la masa esté espumosa. Añadir entonces los huevos uno a uno, no poner el siguiente hasta que el anterior esté totalmente incorporado.
Combinar aparte la harina, la levadura, la canela y el jengibre.
A través de un tamiz, unir los ingredientes secos con el resto y batir. 
Finalmente mezclar la manzana y zanahoria ralladas.

Engrasar un molde. Verter la crema y hornear aproximadamente una hora (comprobar con un palillo).

domingo, 22 de enero de 2012

¡Felicidades abuela!

¡94 años! (Norman Rockwell)
Hace poco leí que querer a una persona supone valorarla en su totalidad, con su dolor y su gloria. No por idealizarla y no querer ver sus defectos se la aprecia más. No es cuestión de juzgarla sino de aceptar todo el paquete. Mis dos abuelas han aplicado esta máxima de diferente manera y, como queda patente en este blog, yo también la pongo en práctica.

Al ser la primera nieta por ambas partes, mis dos abuelas siempre han tenido una cierta predilección por mí. En el caso de la paterna este hecho siempre ha sido mucho más patente que con la materna. A esta última, pese a su ángel y su dulzura, a los que se asociaba un original sentido de la ironía (que le daba mucha gracia), nunca le dolían prendas para llamarte la atención sobre tus defectos, en especial si ibas mal peinada. Lo de las greñas lo llevaba muy mal.  Mi abuela paterna incluye en su valoración tanto los elementos positivos, aunque la persona en cuestión nunca reciba sus elogios directamente sino que siempre es efusivamente alabada en presencia de otros, como los negativos, de estos, sin embargo, el sujeto recibe amplia información mientras escucha los halagos referidos a los demás. Soy la excepción a la regla. Para ella, tan dada a sacarle pegas a todo y a todos, yo siempre resulto perfecta. Un apoyo así durante mi horrible época "aborrescente" siempre ha sido de agradecer.

Tiene un fuerte carácter, y me estoy quedando corta al afirmarlo. No se puede decir que en la expresión de sus opiniones haya destacado, jamás, por su sutileza. Eso sí, aunque eso la haga más que difícil de llevar, también le da una entereza por la que siempre sale a flote. Las únicas veces que la he visto hundida ha sido en relación a perder su independencia. Pese a que no parezca que le vea la parte positiva a su situación, también es cierto que habría que buscarla con lupa, se termina por adaptar a las circunstancias y recobra todo su carácter (con las ventajas y las pegas que esto implique). Tanto es así que, cuando voy a verla, sus compañeras de residencia siempre me hacen algún comentario al respecto de cuánto la admiran. Destaca en las clases, ya se se trate de descifrar pasatiempos con la finalidad de estimular la atención como de resolver cuentas, lo que no es de extrañar tras los años de estar casada con un matemático. Sus achaques no la dejan postrada en el sillón como a otros y, para evitar que así sea, no escatima esfuerzos durante las clases de gimnasia y en la rehabilitación.

Pese a las diferencias de talante, y en contra de lo esperable, le gustaban más los niños que a mi abuela materna. No sé si también se debía a que tenía muchos menos pululando a su alrededor. De pequeñas nos contaba un montón de historias y, aunque algunas las repetía hasta la saciedad, disfrutaba al narrarlas y nosotras al escucharlas. Mi abuelo, que había oído "sus batallitas" aún más veces que el resto ( por lo que distaban mucho de ser el rasgo que más valoraba de ella), la adoraba incondicionalmente y, pese a la más que peculiar idiosincrasia de ambos, congeniaban perfectamente.

Le encanta leer. Ya sabe que, pese a sus 94 años, tiene que aguantar al menos hasta marzo (le recuerdo este argumento cuando se deprime y dice que ya no pinta nada) para saber qué ocurre con mis libros, de la que es una gran fan. Claro que ya he comentado que soy su favorita y su juicio puede no ser, lo que se diría, totalmente objetivo.

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES ABUELA!

viernes, 20 de enero de 2012

"GUSTAMÁS" de mi abuela

"Gustamás" es el nombre familiar por el que se conoce a la "leche frita" de mi abuela paterna. Junto con el flan ha sido siempre uno de sus postres estrella. Tanta fama tenía que, tras oír hablar de las delicias de la leche frita, su joven, inexperta y voluntariosa asistenta, al poco de llegar, decidió ganar puntos sorprendiendo a la familia con aquel postre. Por desgracia no sabía ni lo qué era ni, por supuesto, cómo se hacía. Tampoco tenía grandes nociones de cocina, por lo que tomó el nombre al pie de la letra y decidió freír la leche. Calentó aceite y, cuando este alcanzó temperatura, vertió directamente la leche sobre él. Ni que decir tiene que el resultado distó mucho de ser el esperado. Una vez que consiguió limpiar el estropicio no le quedaron muchas ganas de repetir ningún plato sin consultar antes las instrucciones.

A mi hermano le gustaba tanto que no se veía harto. Cuando era pequeño, su frase para repetir, con su lengua medio de trapo, era precisamente: "¡gusta más!". No hay cocinera que se resista a una felicitación tan sincera. En vista del éxito que obtenía con la frasecita, ponía tanta insistencia  en ella para conseguir, no uno sino varios pedazos extras, que acabó por rebautizar el plato. Los demás también usábamos el nuevo nombre en nuestro provecho y no desperdiciábamos la ocasión de sugerirle a mi abuela que nos preparase una fuente de "gustamás". Si nos ponía algún tipo de pegas, recurríamos a mi hermano para ver si, con la gracia del peque, colaba la petición.

"GUSTAMÁS"
Ingredientes (4 personas):
1 litro de leche.
150 gr. de Maizena.
200 gr. de azúcar
Canela en rama.
La corteza de un limón, con cuidado de no poner la parte blanca o amargaría.
Harina y huevo para rebozar
Un plato con azúcar y canela molida para después de la fritura.

Preparación
1-Hervir la leche junto con la canela en rama, la corteza de limón y el azúcar.  Reservar un vaso de leche para desleir la Maizena. Si se quiere que quede más cremoso, este último vaso puede sustituirse por nata líquida.
2-Una vez hierva, sacar la canela y el limón. Echar el vaso con la Maizena disuelta y dar vueltas con una cuchara de madera hasta que espese. Verter la crema en una fuente rectangular, de manera que quede de poco más de 1 cm de altura. Dejar que se enfríe.
3-Una vez frío y firme, cortar en cuadraditos, rombos, rectángulos...
4-Pasar cada porción por harina y huevo. Freír en aceite no excesivamente caliente para evitar que se arrebaten. Sacar y dejar sobre papel absorbente para quitarles el exceso de aceite.
5-Aún calientes, rebozar con la mezcla de azúcar con canela.
Está deliciosa templada y cremosa, pero tampoco desmerece cuando se enfría. Cada uno que escoja la temperatura según sus gustos y sus ganas de esperar. 

jueves, 19 de enero de 2012

El burlador burlado

Se acerca el cumpleaños de mi abuela, por lo que aprovecharé para dedicarle algunas entradas con las historias que me ha contado y que le traen buenos recuerdos. 

Cuando mi abuela tenía unos 17 años, poco antes del comienzo de la guerra, estudiaba en la Escuela de Comercio junto con su gran amiga Gina. Por allí solía pasarse un chaval un tanto vanidoso, demasiado atildado para el gusto de mi abuela y del de su amiga. El chico era lo que se denomina un fatuo, lo que le hacía merecedor de las "secretas" burlas de las dos muchachas. Además de resultar insufrible, se creía bastante más listo de lo que era en realidad. Su conversación se limitaba a su vida, obra y milagros, salpicada por sus hazañas y sus virtudes. El exceso satura y se encontró, como todos los que pecan de esa ausencia de autocrítica, que en vez de reconocerle el mérito y caer rendidas a sus pies, tal y cómo se esperaba, por el contrario les ponía en bandeja el que se riesen de él.

Solía pasearse mientras jugaba con unas llaves en su mano, con un vistoso llavero con la estrella de Mercedes en el mismo. Alardeaba orgulloso de su superbólido, y no había frase que no incluyese en sus aventuras a su magnífico automóvil. Picadas por la curiosidad, las dos estudiantes decidieron jugar a las detectives y una tarde, de esas en las que ya ha anochecido y todos los gatos son pardos y muy difíciles de distinguir, a la salida de la escuela, siguieron al presumido jovenzuelo. No tuvieron que caminar mucho. Un par de calles más allá, el chico se agachó al lado de un árbol y abrió el candado de una cadena de bicicleta con su llamativo llavero. Ese fue el momento escogido por las dos amigas para hacer su aparición y saludarle, al tiempo que indagaban por su increíble coche. Al joven esnob le faltó tiempo para subirse al sillín y  desaparecer de la escena con el rabo entre los frenéticos pedales. Por descontado, no volvió a darse ningún paseo por las cercanías de la Escuela.


miércoles, 18 de enero de 2012

El donante

La depresión puede afectar incluso a la gente más divertida y animada que una se pueda imaginar. Es así de traicionera. Eso le ocurrió a Billete que, de repente, perdió su chispa habitual y se encontró triste y hundido. Al médico no le costó demasiado identificar los síntomas y le puso un tratamiento con el que empezó a sentirse rápidamente mejor.

Billete, algo más repuesto y recuperado su interés por el mundo, se dedicó a leer curiosidades con las que calmar su inquietud. Así dio con un artículo, muy interesante, sobre los donantes de órganos. Tanto altruismo le impresionó y concluyó que él también debía convertirse en donante. Así se lo expuso a mi tía que le secundó en su idea.

Cuando fueron a la revisión con el médico, éste le preguntó a su paciente cómo se encontraba. Billete, entusiasmado con su proyecto de donación le respondió que estaba mucho más relajado y contento, tanto que había decidido hacerse "donante de orgasmos". Al pobre doctor le cambió "la color" al oírle y, mi tía, disimuladamente, le dio unos golpecitos a su marido en la pierna mientras le susurraba "de órganos, donante de órganos". Billete, con una sonrisa de oreja a oreja, asintió y dijo: "Sí, sí, eso he dicho. Voy a hacerme donante de orgasmos".

El médico, sin pensárselo mucho, le duplicó la dosis de tranquilizantes al gran altruista.

martes, 17 de enero de 2012

Atrapa un ladrón

Una de las anécdotas de Billete se refiere a cuando decidió imitar a Sherlock Holmes. La cosa, al parecer, fue como sigue:
Tras sucederse una serie de robos en poco tiempo en el vecindario, a mi tío, no se le ocurrió nada mejor que tomar, personalmente, cartas en el asunto. Ni corto ni perezoso le dijo a su mujer que tenía una idea que no podía fallar para atrapar a los ladrones y, sin añadir más datos, se subió a la terraza de la Comunidad para ponerla en práctica. Allí se entretuvo un buen rato mientras ultimaba su infalible y, en su opinión, magnífico plan.

Un par de días más tarde, mi tía, al regresar de la compra se encontró con un cordón policial en el edificio y, tras identificarse para acceder a su domicilio, coincidió con otra vecina en el portal.
-¿Qué ocurre?- le preguntó preocupada.
- El del tercero ha descubierto una sustancia blanca en la terraza que parece cocaína. Ha avisado a la policía que cree que se les pudo caer a los ladrones cuando escaparon. Están investigando en busca de huellas mientras la analizan- le explicó la mujer.

Mi tía palideció al recordar el episodio protagonizado por su marido unos días antes. Subió y, al llegar, comprobó las alacenas de la cocina. Tal y como suponía, faltaba el paquete de harina que, al parecer, Billete, en su momento de inspiración, se había encargado de repartir a conciencia por toda la terraza. Las huellas en la escalera del incauto vecino, víctima del complot, atestiguaban el crimen. Los concienzudos policías, armados de plásticos y bolsas de muestra, en imitación a los miembros de CSI, se esforzaban en buscar trazas de sustancias, diferentes al almidón y al gluten, en aquel sospechoso polvillo blanco. Por supuesto, pese a un análisis minucioso para detectar cualquier tipo de estupefaciente, no obtuvieron ningún éxito en sus pesquisas.

Cuando se marcharon los investigadores, sin esclarecer aquel misterio, mi tía respiró de nuevo tranquila. Pasó cuidadosamente el aspirador por toda la casa para deshacerse de cualquier rastro de aquel "alijo", no fuesen a regresar y descubriesen el origen del pastel (o al menos de la harina). Por descontado, se guardó de hacerle ningún comentario al respecto al resto de los miembros de la comunidad.

lunes, 16 de enero de 2012

Chapeau!

Me encantan los gorros, así que he decidido hacer un post de apología de su uso. En Madrid casi nadie los lleva y no por ello la gente tiene las ideas más frescas. Es más bien todo lo contrario, la solitaria neurona se congela en el helado vacío del espacio cerebral y sus pobres sinapsis se enlentecen. Van tan anestesiados que muchos dejan de pensar por completo y no se les ocurre que un bonito sombrero podría ayudarles a calmar la incomodidad del frío.

Muchos se escudan en la opinión de que los gorros no les quedan bien. ¡Error! El motivo de esta frecuente equivocación es que pretenden que "cualquier" sombrero les favorezca. Esto sólo es posible en la gente que pueda lucir cualquier tipo de peinado. Al igual que uno escoge un estilo para arreglarse el pelo, y por ej. si se tiene una nariz grande no se puede hacer raya al medio o parecerá Cyrano, lo mismo es aplicable a la ciencia del tocado. Los sombreros presentan una ventaja añadida en los que no han sido agraciados con una melena de buena calidad, y que sufren más el frío por esa razón: son un postizo que, bien elegido, además de disimular los claros, suplen el efecto decorativo del cabello.

Una cabeza alargada, al igual que busca volumen en el cabello, debe hacer lo mismo con el gorro y evitar como la peste los clásicos modelos de ski, de punto elástico que se pegan al cráneo, o los alargados chullos andinos. Una boina francesa, ahuecada y algo abollonada especialmente por los lados, un gorro con forma de cilindro aplanado en la parte superior, o uno ruso (ushanka ) de piel o peluche, que no tenga una visera de otro tono en la frente, seguro que encajan bien con sus rasgos. Los cabezones deben huir de los anteriores, y escoger algo fino y simple, sin adornos ni globos, porque no les interesa precisamente realzar sus dimensiones cefálicas. Sólo si uno tiene la suerte de haber sido obsequiado genéticamente con una calota armónica, puede usar preciosos gorritos, de esos pequeños, bien ajustados y con algún detalle, que atraiga la atención hacia su bonita forma. Son muy monos pero presentan el inconveniente de que no cubren demasiado y no protegen las orejas, así que son más un original ornamento que una prenda para resguardarse de la intemperie.

Un requisito imprescindible es la ligereza. A nadie le gusta la pesadez de cabeza por lo que no hay por qué autoinfligírsela. El refrán dice que para presumir hay que sufrir pero, en este caso, es innecesario. Esto incluye también la sensación de opresión. Si aprieta es que es preciso una talla mayor. Eso no significa que se sea cabezón, además una frente amplia dicen que es indicativo de inteligencia, puede estar relacionado con la abundancia del cabello.

El color también es importante. Conviene que haga juego con algún otro complemento, como bufanda o guantes, aunque no tienen que ir emparejados, sólo es necesario que combinen entre ellos o con la prenda de abrigo. En este último caso el estilo también es fundamental. Un abrigo elegante con un pasamontañas, que no favorece a nadie y sólo es apto para bellezones de rasgos perfectos con ojos grandes y llamativos de abundantes y oscuras pestañas, no es un ejemplo de coordinación y da al traste con el efecto del primero.

Por supuesto, la opción del estilo capucha es ideal  en prácticamente todos los casos, con la ventaja de que además afectan menos al peinado que hay debajo. Muchas ya van incorporadas en los abrigos, y si además tienen un reborde de piel, además de abrigar más, enmarcan mejor los rasgos y favorecen a todo el mundo.

Muchos de los que no se atreven a ponerse gorro, pero suspiran por hacerlo, admiran la valentía de los que lo lucen. Mi abuela, a los 7 años, no  contenta con robarles los tacones a sus hermanas, en una fiesta de disfraces en su casa en la que todos los invitados iban cubiertos, sintió tantas ganas de imitarles que, cogió un orinal rosa, afortunadamente limpio, del dormitorio de su madre y se lo colocó, más feliz que una perdiz, en la cabeza. ¡Eso sí que es valor, lástima que fallase el criterio! Un sombrero discreto y bien escogido, lejos de resultar ridículo, aporta glamour al atuendo. En cualquier caso, es fundamental probárselos y verse con ellos antes de decidirse por uno (o varios).

domingo, 15 de enero de 2012

Momentos musicales: Melody Gardot

Para relajarse el fin de semana: Melody Gardot. Su historia es ejemplar: tras ser atropellada a los 19 años mientras iba en bicicleta,  grabó su primer disco desde la cama de su dormitorio ya que era incapaz de caminar debido a una fractura de pelvis (ahora, con 23 años, puede hacerlo con la ayuda de un bastón). La idea de componer canciones se debió a una recomendación médica para evitar y aliviar las secuelas cerebrales secundarias al grave traumatismo craneal consecuencia del mismo golpe. La brillante idea del Dr. Jermyn de que la música que la hacía feliz antes del accidente, contribuiría a su rehabilitación fue, sin duda, todo un acierto. Su éxito ha hecho que Renault haya escogido su interpretación de "Your heart is as black as night" para la publicidad del sistema Bosé en un nuevo Megane (último vídeo).Valorad por vosotros mismos: 









sábado, 14 de enero de 2012

The Saturday Post: EL TITO LOCO

Si alguien es capaz de llevar a cabo cualquier idea disparatada que se le cruce por la cabeza, y además encontrarle la lógica a esta, ese es Billete, como le llama su hija. No sólo hizo pasar, transitoriamente, a su hija por su hijo para realizar sus deseos, ya os contaré la historia, sino que cualquier anécdota que empiece por ¿sabéis la última del Billete? es garantía de carcajadas.

La mayoría de los pacientes que pasan por el hospital se limitan a recibir un tratamiento médico. La experiencia de mi tío incluye mucho más. Tuvo que ser operado. Por supuesto, la familia en pleno se presentó allí para infundirle ánimos al convaleciente. Eso supone unas 20 personas en la habitación y otras tantas entre el pasillo y la sala de espera. Hasta los gitanos desaparecen superados por el número.

Después de pasar la tarde entretenido con unos y otros, y transcurrida la hora de visitas, una osada enfermera se armó de valor y se animó a echarles (no son violentos pero la cantidad impone). El pobre enfermo se quedó, al fin, solo. Decidió que ¿qué mejor que aprovechar esa inusitada paz para salir a fumarse un cigarrito? Encontró una puerta en la que se leía "Salida de Emergencia" con una nota en la que se rogaba no fuese empleada en otro tipo de usos. Por supuesto que a esa clase de solicitudes nadie les hace caso y él no iba a ser menos. ¡Si aún iba a estar más tranquilo! Si podía evitarlo ¿para qué iba él a recorrerse todo el pasillo con el suero y la sonda urinaria? Con una salida tan a mano ¿cómo no aprovecharla?

Sin pensárselo dos veces, abrió y salió. Escuchó cómo la puerta se cerraba detrás de él con un click de bloqueo. No se inmutó, ya encontraría la entrada. Cervantes dijo que "cuando una puerta se cierra, otra se abre" y ¡sería por puertas en el hospital! Pero los hados no le fueron favorables y, una vez entregado al vicio del tabaco, se puso a lloviznar. El agradable sirimiri se convirtió en una auténtica ducha en cuestión de segundos. Aquel contratiempo le alteró. Decidió llamar a los cristales de la salida bloqueada para pedirle a un alma caritativa, de esas que peregrinan perdidas por las galerías, que le abriese y poder así refugiarse del aguacero. Su gozo en un pozo: a esas horas los pasillos estaban desiertos. En vez de aplicar la solución de Cervantes, se fue al refranero, en concreto al dicho popular de: "cuando se cierra una puerta, se abre una ventana". Su mala fortuna quiso que las ventanas en cuestión perteneciesen a la hospitalización de Psiquiatría. Todos los locos respondieron a su saludo con grandes aspavientos y, además de aprovechar para pedirle con gestos un cigarro a través de los cristales cerrados, le señalaban entusiasmados al tiempo que exclamaban: "¡Mira ese! ¡Se ha escapado!". Ni que decir tiene que aquel comentario puso en alerta máxima a la planta: ¡UNA FUGA! Sonaron las alarmas y salieron a buscarle dos celadores armados con una camisa de fuerza y acompañados por dos guardias de seguridad. Encontraron a mi tío en pijama, mojado, sondado, con una vía y su correspondiente palo de suero, y un cigarro culpable en la mano. Ante el panorama se puso a agitar los brazos como un poseso y a gritar mientras se señalaba el lugar de la cirugía: ¡qué no estoy loco! ¡qué sólo me han operado de la próstata!

Creo que no dejó de fumar. Desde entonces no ha vuelto a pedirme favores médicos, ni tan siquiera me llama cuando va a la revisión (dice que para no molestarme, así que aclaro que no me supone ningún tipo de molestia, todo lo contrario. Una cara familiar en medio de la consulta se agradece, aunque no pueda entretenerme demasiado).Sé que pretendía que no me enterase de su desventura. Menos mal que en nuestra familia la palabra "secreto" es un término efímero.

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES!


viernes, 13 de enero de 2012

Tarta de manzana

Willcox-Smith
Me gusta la tarta de manzana, pero no todas las tartas de manzana, a muchas de ellas encuentro que les falta gracia. Mi favorita es la que hacían en la Pastelería Palacios, en la Plaza del Poniente en Valladolid (tras cambiar de dueños, que no de obrador ni de recetas, ahora se llama Pastelería Maro Vallés). La última que tomé de allí fue en la barbacoa de finales de Noviembre en casa de mi hermano, aprovechando que aún hacía un tiempo lo bastante agradable como para comer en su terraza. Mi madre había ido un par de días antes a visitar a unos amigos y todos sus hijos le hicimos el mismo encargo. No sólo se trajo la tarta sino que añadió una bandeja de pasteles, de nuestros favoritos, con lo que el hueco reservado en aquella celebración para el postre se quedó pequeño enseguida y hubo que esforzarse y apretar un poco el contenido gástrico (lo que se logra desabrochando disimuladamente algún botón del pantalón).

Mi cuñado (de hermanita) para contribuir al tema, se trajo unas manzanas del pueblo, cogidas de sus árboles. Pese a que su aspecto no es el más liso y bonito del mundo, su sabor es delicioso. Tienen esa combinación de dulce, jugoso y un punto ácido que es tan difícil de encontrar en las de las tiendas.

Aunque no las hacía con las manzanas de mi cuñado, y tampoco se acercaban a la excelencia de las de Maro Vallés, mis recetas de tarta de manzana gozaban de cierto éxito en mi entorno. Una de ellas la solía hacer de estudiante para llevarla en mi cumpleaños a clase y compartirla con mis amigas al terminar. Lógicamente, tras toda una mañana de tomar apuntes, el hambre apretaba y de aquella celebración no quedaban ni las migas.

La otra tarta, la Tarta Tatin, la descubrí una vez empezada la residencia. Es aún más fácil y cuando la hago vuela aún más rápido que la anterior. La llevé al hospital en mi primer año de residencia con motivo de mi cumpleaños y, los adjuntos, se dedicaron a hacer excursiones furtivas a la nevera de las enfermeras de planta para darle pequeños tientos. A base de probatinas, el pastel se esfumó, salvo por un trozo testimonial también llamado comunmente "de la verguenza". Repetí la receta en Nochebuena y hasta a House le gusto, y eso que no es goloso. Aquí van las dos recetas a escoger la que más se adapte a las preferencias de cada uno. Por cierto, ambas se pueden realizar también con pera, mezcla de manzana y pera y, la tatin, también se elabora con ruibarbo o con melocotón. La de Oriol Balaguer lleva tiempo mirándome desde el escaparate, en la esquina de Ortega y Gasset con General Pardiñas, aunque no me animo a comprarla, precisamente porque esta tarta no figura entre los postres favoritos del Dr. House.

Tatin de Oriol Balaguer
TARTA TATIN
Ingredientes
6 manzanas reinetas grandes cortadas en cuñas gruesas.
Zumo de un limón
Azúcar moreno (unas 4 ó 5 cucharadas soperas)
1 placa de hojaldre (también sirve masa quebrada)
Elaboración
Espolvorear unas 3 cucharadas de azúcar moreno sobre el fondo de un molde antiadherente para que, al cocer, haga caramelo y dé brillo a la superficie de la tarta. Si se quiere, se le puede añadir un par de cucharadas de ron o amaretto para aromatizarlo. Colocar una capa de trozos de manzana. Repartir el resto del azúcar sobre estas (también se puede espolvorear una pizca de canela, aunque sin abusar) y colocar por encima una segunda capa de manzanas.
Cocer a 180º unos 35-40 minutos.
Poner encima la placa de hojaldre cortada algo más grande que el molde, pincharla con un tenedor y cocer unos 10 minutos hasta que este dorada)
Dejar templar antes de desmoldar (al revés). Para ello, poner un plato sobre el hojaldre y darle la vuelta a la tarta. Voilà!


TARTA DE MANZANA CREMOSA
Ingredientes
4 manzanas Golden grandes + 2 de adorno
Medio vaso de harina
1 vaso de leche
Medio vaso de azúcar
1 cucharadita de levadura Royal
2 huevos

Elaboración
Reservar las dos manzanas de adorno y mezclar el resto de los ingredientes con la batidora.
Engrasar un molde y verter la mezcla en un molde antiadherente (o engrasado y espolvoreado de harina para evitar que se pegue).
Cortar las dos manzanas en láminas ( personalmente me gusta más cuando no son demasiado finas, me parece que gana en sabor) y colocarlas por encima con un diseño en círculos concéntricos de manera que los gajos se solapen ligeramente.
Horno a unos 190º (número 6) durante una media hora.
Untar con almíbar para darle brillo (la forma sencilla de hacerlo es mezclar un par de cucharadas de mermelada de melocotón, o miel, con la misma cantidad de agua, calentar al microondas un minuto, hasta que burbujee, y extender bien por encima de la tarta)
Opcional: Se le pueden añadir a la masa unas pasas remojadas en ron o cognac.

jueves, 12 de enero de 2012

¡Felicidades Capitán!



Mi primo "el capitán" reúne todas las cualidades de un oficial y un caballero y, lo que es mejor, no es un personaje de ficción. Es una gran persona, buena, inteligente, sensata, trabajadora, pacífica, paciente y tranquila. Además es buen conversador y sabe escuchar. Si todos los miembros de las Fuerzas Armadas fuesen como él, está claro que los conflictos tendrían más soluciones diplomáticas que estratégicas. Es una lástima que no sea así y que, incluso entre los "hombres de honor", a la hora de asignar puestos pasen por encima de él los recomendados por enchufe, que no tienen ni su valía ni sus puntos. Nuestro Capitán no se rinde y estudia para conseguir progresar y ganar nuevos méritos.

Hace unos meses tuvo que realizar una misión de paz en el Líbano. Antes de su marcha organizamos una pequeña "primada" sorpresa en Linares. El plan gozó de una gran acogida y nos apuntamos casi 50 personas. Se hizo necesario reservar en los Orzaez, un salón de celebraciones, amplio y con buena cocina.

Su querida esposa se encargó de mantenerle entretenido toda la mañana. Se trataba de evitar por todos los medios que se encontrase, accidentalmente, con los que habíamos bajado de Madrid, para no despertar sus sospechas. Mi prima se esforzó a conciencia y consiguió no concederle ni un sólo momento de respiro, ni de libertad. Al pobre inocente le resultó imposible hacer nada por su cuenta.  La verdad sea dicha, incluso acabó algo rebotadillo con el apretado programa. Para más inri, la excusa de la reunión en los Orzaez era un vino que daba el abuelo de su mujer, lo que no le resultaba un compromiso demasiado apetecible. Acudió casi a rastras, para cumplir con el trámite y dar carpetazo a la ajetreada mañana.

Cuando llegaron, ya estábamos todos allí. Aunque habíamos quedado a las dos y media, la mayoría se presentó a las 3 menos dos minutos porque, tal y cómo ocurrió, contaban con que hasta las tres (pasadas) no aparecería el homenajeado. Aún no me explico cómo no se encontraron con los más rezagados en la misma puerta. Pese a gritar ¡SORPRESA! a pleno pulmón a su entrada, el Capitán nos miró incrédulo sin terminar de procesar qué demonios hacíamos todos allí. Creo que ni nos oyó, y tardó unos instantes en asumir la situación. A partir de allí, vino la avalancha de besos y abrazos, aunque no nos entretuvimos demasiado que nuestros estómagos también empezaban a opinar. Nos pusimos tibios, para no perder las buenas costumbres, con un millón de aperitivos y, cuando ya no podíamos más, hicimos hueco para el plato principal y, por supuesto, el imperdonable y variado postre. Una vez saciados se sucedieron los regalos, discursos (no sólo del homenajeado, que alguno más decidió aprovechar la oportunidad para soltar su pequeña, y no tan pequeña, charla), brindis, café, tertulia.

Después de aquello nos fuimos a un pub a tomar unas copas para continuar con la sobremesa hasta pasadas las 8 de la tarde. Estuvimos relativamente "solos", en esa soledad que pueden tener 30 personas de la misma familia (ya que no todos se apuntaron a la continuación).

Aquella estancia en el Líbano es, en cierto modo, responsable de la existencia de este blog. A su vuelta, el capitán me pidió que siguiese escribiéndole porque mis divagaciones le entretenían. No toda la culpa es suya sino que, debido el aumento de mi lista de corresponsales habituales y, dado que  ninguno parecía dispuesto a prescindir de mis crónicas, finalmente pasé a hacer posts en lugar de emails.

Esperemos que no tenga que volver a alejarse tanto que le echamos mucho de menos en esos cuatro meses.

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES CAPITÁN!

miércoles, 11 de enero de 2012

Los muestrarios de Augusto Figueroa

No hay mejor lugar para acabar como un niño con zapatos nuevos que la C/ Augusto Figueroa, en Chueca. Además de los muestrarios (con un 30-40% de descuento en plena temporada) también disponen de números, aunque no resultan tan económicos. En rebajas, tanto unos como otros marcan precios mínimos. Hay que escoger entre todas las tiendas o se echa encima la hora del cierre y aún no se ha pasado de la mitad de la calle.

El pasado verano, cuando una chica inglesa, encantadora, que había sido mi paciente mientras vivió aquí, vino de visita a Madrid junto con sus amigas, les hice de cicerone y las llevé a pasear por la zona. Comimos en Divina la Cocina y a lo largo de la tarde de una caluroso día de Agosto, nos dedicamos a probarnos zapatos como posesas. Ahí comprobamos que las compras son una buena terapia para combatir los efectos cansinos del sol. Sin sentir ningún tipo de agotamiento, al menos hasta las 20:30, hora en la que cerraban las tiendas y nos quedamos sin aliciente para resistir el bajón, recorrimos todos y cada uno de los comercios que encontramos a nuestro paso. En lo que se refiere a zapatos, un resumen de mis lugares favoritos, según se baja desde Hortaleza hacia Barquillo, sería el siguiente:

•  Zapatería Pirámide: Hortaleza, 62 (esquina a Augusto Figueroa, con entrada por ambas calles): Muchos, muchísimos zapatos, con estanterías en las paredes y en el centro de la sala y surtido de hombre y mujer. Hay ofertas, absolutamente tiradas de precio, de 2x1. Muchos modelos muy cómodos, con diseños para todos los días con algún detalle. Las 3 Bs por excelencia: bueno, bonito y barato.

Rue San Honoré- Augusto Figueroa, 21. Fachada inconfundible: muy clásica, modernista y pintada de un precioso tono rojo. Cuentan con el muestrario de Guess (alucinante) y de Audley (comodísimos, originales y con estilo, pese a que muchas veces parecen ser conceptos reñidos). Los restos de temporadas anteriores están siempre rebajadísimos. Son, además, encantadores y atentos, sin agobiar. Tienen otra tienda en Hortaleza 66, Novo San Honoré, casi, casi, según se dobla la esquina.
• Enfrente, en el nº 14, está Ámbar. Pertenece a los mismos dueños que St Honoré pero las marcas son diferentes. Tampoco conviene perdérsela. 

• Un poco más abajo, en el nº 18, Muestrario Mallorca, con un millón de zapatos por todas partes entre los que es difícil no encontrar ninguno que encaje con lo que se quiere, y a un precio mucho más que razonable. Entre sus marcas estrella: Pedro Miralles. 

• Lesac- Augusto Figueroa, 23. Zapatos y bolsos muy bonitos. También algo de ropa con un toque Hippijo.

• VIME- Augusto Figueroa, 31. Mi favorita junto con Rue St. Honoré. Entre otros, tienen el muestrario de Chie Mihara que son zapatos muy originales y supercómodos: tacón medio, con buen apoyo y horma amplia. Las botas son siempre preciosas, posiblemente de las más bonitas que se encuentren en Madrid.

Barrats Outlet- Augusto Figueroa, 20. Sus botas no pesan nada. Tengo unas forradas de pelo, tremendamente calentitas, que además son comodísimas.

Unisa- Augusto Figueroa, 35. Zapatos clásicos para todos los días. No me apasionan, creo que les falta algo, pero es indiscutible que resultan prácticos y discretos. 

Otra de las tiendas de zapatos que no me pierdo de la zona, aunque no corresponde a la categoría de muestrario ni está en Augusto Figueroa es "My Room" en la C/ Campoamor. Las ventajas sobre la competencia cercana es que tiene muy buen género, de buen diseño, a muy buenos precios. Tienen también algunas chaquetas de cuero que son una auténtica maravilla.

martes, 10 de enero de 2012

Entre Alonso Martinez y Chueca

Chueca es otro de los barrios donde conseguir ropa, complementos y zapatos de buena calidad y diseño. Me gusta pasear desde Alonso Martinez hacia la Plaza del Rey mientras me entretengo en mis tiendas favoritas.

En la plaza de Santa Bárbara hay un kiosko con libros de segunda mano que ojeo de vez en cuando, en función de mis planes del día. Una no sabe qué puede encontrarse y pierde fácilmente la noción del tiempo mientras curiosea los ejemplares.

Suelo coger la C/ Orellana. Allí está Cacao Sampaka donde me detengo a comprar cacao en polvo, tabletas de chocolate de Xoconusco y la Joya y Oporto LBV de Noval (uno de mis favoritos).

La esquina con Campoamor (foto) la conforma el edificio decorado con la original obra "Todo es Felicidá" de  Jack Babiloni  (magnífico concursante del programa de la 2 "Saber y Ganar") que, con su fondo blanco y sus dibujos de trazos en cuatro sencillos colores, transmite alegría y ganas de disfrutar la vida. En él está el la Boutique de Julio Reis que dispone de un amplio surtido de ropa clásica con diseño y de vestidos de fiesta. Es amplia, da gusto mirar sus ordenados percheros sin estrecheces ni agobios. Tienen muy buenas rebajas.

De ahí bajo por la C/ Campoamor hacia Barquillo. Lo primero es una tienda outlet, Jepa, con ropa algo más moderna que en Julio Reis. Entre sus marcas: Kenzo, Moschino, Dolce y Gabanna. Tienen sección de hombre y mujer.

En el nº5 está la zapatería "My Room", elegante, bonita y acogedora. Zapatos escogidos con gusto, preciosas botas, de piel de buena calidad, preocupados por la comodidad y a precios razonables. Tienen también un pequeño surtido de bisutería art decó muy interesante.

En el nº 3 se encuentra "Maldita Vanidad" una tienda diminuta pero cuya dueña, además de guapísima, es encantadora. Tanto la decoración como la selección de ropa es en su mayoría parisina, de líneas cómodas, buena caída, tejidos sueltos y favorecedores con algunos complementos y bisutería a tono.

De ahí me gusta seguir por la C/ Barquillo donde hago parada obligada en Kassen Zapata, tienda de complementos con bolsos, tocados (que diseñan y realizan ellos), bufandas, pañuelos, gorros y alguna prenda de ropa ocasional. Es el único sitio que conozco en Madrid donde venden las increíbles bufandas de Sophie Digard (foto). Sus propietarios escogen todo con mucho gusto y son muy atentos y cariñosos.

De ahí subo por la C/ San Marcos hasta la C/ Colmenares, en cuya esquina está el Restaurante de Divina la Cocina. Al lado, en el nº 13, está "Alvacío" una combinación de restaurante, comidas preparadas "al vacío" y tienda gourmet donde además imparten cursos de cocina. Según House tienen los mejores callos de todo Madrid.

En el nº 11 está otra de mis paradas obligatorias. Se trata de "Showroom" tienda outlet y de muestrario de Maliparmi, Day Birger et Mikelsen y muchas más que no recuerdo. Vestidos, faldas, vaqueros italianos, foulards, bolsos, algunos zapatos, punto de cashmere y seda, prendas de piel, ligeras y calentitas, abrigos y chaquetas. Tienen una pieza de cada modelo con grandes descuentos y con rebajas al final de temporada de hasta el 80% (ni en Zara se consiguen cosas más baratas y la calidad está a años luz).

En dirección a la Plaza de Chueca, por la  C/ Libertad 3 está Lovel, la tienda de maquillaje de Kryolan con correctores de todos los tonos, brochas y lápices a precios tirados.

La calle Augusto Figueroa se merece un post para ella sola con un recorrido por sus zapaterías. Imprescindibles VIME y San Honoré, aunque no hay que perderse el resto.

En la misma plaza de Chueca está el "L'habilleur" (actualización 2016: el nombre ha cambiado y ahora es "Barei" y cuenta con página web), en la esquina con Gravina. Es una tienda preciosa, con escaparates de madera (foto). Sin rebajas puede resultar algo cara pero, con descuentos, conviene echar un vistazo para buscar algo elegante y diferente, tanto para hombre como para mujer. En el sótano tienen prendas de estilo más sport, con prendas de punto que parecen deshacerse en la mano de puro suaves.

Al lado, en la C/ Gravina, está la tienda Outlet de Jepa. Es un buen lugar donde pararse a investigar. En el nº 25, más cerca de Barquillo, está el pequeño taller de "Arquitectura Humana", donde puedes escoger la tela y el modelo. Os dejo el enlace a su página web (tienen venta por Internet).