miércoles, 30 de mayo de 2012

Sermones

"Anger Transference"  Richard Sargent 
Saturday Evening Post Cover, March 201954
 
A nadie le guste que le regañen como si se tratase de un crío al que hay que educar. Aún así, en ocasiones son críticas constructivas que, una vez se reflexiona sobre ellas, sirven para rectificar y se terminan por agradecer. Sin embargo hay casos en los que la regañina es una manera de descargar el sentimiento de culpabilidad del zoilo en cuestión. Paradójicamente, es habitual que sea el que ha hecho algo mal el que le enmiende la plana al que actuó correctamente ya que, con su acto, ha dejado más patente el error del primero.

En ocasiones la bronca viene dada por cuestiones en las que el censor no tiene ninguna potestad para amonestar al censurado: no es ni uno de sus padres, ni su maestro, ni tampoco su jefe (aunque intente mandar todo lo posible). Hay determinados puestos que creen que su área de influencia se extiende más allá de lo que en realidad comprende, de hecho en ocasiones lo asumen como ilimitado. Se escudan en su posición imaginaria para exigir, a quien les parece, que haga las cosas según su criterio y montan un cisma al verse rechazados. Ganas dan de cantarles las cuarenta y ponerles en su sitio, claro que eso crearía una situación aún más violenta que tampoco llevaría a ningún lado. Por lo tanto, es mejor ahorrarse problemas y refrenar el deseo de soltarle cuatro verdades al prepotente e indicarle, explícitamente, su lugar.

Hace tiempo, me fue recriminado el hecho de tener un detalle "motu proprio", personal y espontáneo, en la despedida de unas compañeras. Mi pecado fue el no haberlo hecho extensivo a otras, con las que apenas había mantenido algún tipo de contacto. El agravante que esgrimían era que, con mi gesto establecía diferencias en mi trato entre médicos y enfermeras, y se me tachó en su momento de "clasista". En mi opinión no era más que una excusa para justificar la ausencia de un detalle similar por parte del "estamento" correspondiente. Rechiné los dientes, puse una prudente distancia emocional de por medio y lo dejé correr. Sin embargo, hay quien se esfuerza por recortar esa distancia de seguridad, demostrando con ello que su afán de notoriedad supera con creces a su sensatez. Un comentario particular a algún compañero puede convertirse, de repente, en motivo de críticas por parte de algún oyente casual que nada tiene que ver en el tema, sino que tan sólo ansía expresar su docta opinión al respecto y sentar cátedra, por supuesto sin título ni cerebro alguno que le avale.

Tengo claro que no tengo por qué tragar con semejante comportamiento. Cuando me encuentro con un interlocutor cerril, que me grita sin motivo y que ni razona, ni escucha, antes de quemarme la sangre escojo la opción de ignorarle. Si para ello le debo dejar con la palabra en la boca, no me duelen prendas en hacerlo. Preferiría que no fuese así, pero lo que tengo muy claro es que no voy a perder un tiempo precioso en discutir estupideces.

3 comentarios:

Carmen dijo...

Ya me contarás lo que pasó. Lo que tengo muy claro es que NUNCA se peca por regalar. Sólo se peca por NO REGALAR. Seguro qe quien "la cagó" fue la otra parte.
Lo de clastas seguro que no es cierto, lo que somos es SELECTIVAS y ¡a mucha honra!

Comas dijo...

El refranero español es muy sabio y aplicarlo a veces funciona:
"El no hacer aprecio (a palabras necias), el mejor desprecio (oidos sordos). Buenos Días! y un "ciberabrazo"

Rafa-MrMagoo dijo...

....Dime nombres, y les parto las piernas.