domingo, 28 de mayo de 2017

Pequeñas desventuras quirúrgicas

Hasta lo más sencillo es susceptible de complicarse, y en medicina esa es la triste realidad, no porque una cirugía sea breve o técnicamente fácil significa que va a ir todo rodado. Si además se aplica que lo mejor es enemigo de lo bueno, el cóctel es explosivo.

Estoy en quirófano cuando avisan del hospital de día: ha ingresado un paciente para cirugía que no ha suspendido el anticoagulante. Está programado para un tubito de drenaje transtimpánico, para eso solo necesito anestesiar el tímpano con unas gotas de fenol por lo que no importa que tome Sintrom, siempre que esté en rango. Hay tiempo, va al final de la mañana. Lo remito a la consulta de coagulación para que le hagan un control. Todo está en orden.

Termino el parte a falta del tubito. Esa es la primera cirugía de oído que se hace de residente, recuerdo los entrenamientos en los que ponía un esparadrapo al fondo de un otoscopio y, con el microscopio, le hacía la incisión con el miringotomo para insertar el diábolo por aquel ojal a modo de botón. Desde entonces he perdido la cuenta de los tubitos que he puesto, aunque los hay que son el más difícil todavía, hay conductos diminutos o retorcidos que apenas permiten acceso al tímpano, y no se debe pinchar el oído en cualquier sitio so pena de dañar la cadena de huesecillos.

Voy con cuidado, en el oído los movimientos han de hacerse casi a cámara lenta, cualquier movimiento brusco puede ser desastroso, además de que cualquier roce en la piel del conducto no solo duele sino que puede sangrar y una gota en el oído convierte el campo en el mar rojo, y en un paciente anticoagulado es un mar en plena tempestad. El conducto es estrecho, pero no del todo malo. Después de quemar la zona del tímpano con una gota de fenol, hago el corte y enseguida brota un poco de líquido ambarino del interior (motivo por el que el enfermo no oye). Aspiro para limpiarlo antes de poner el drenaje. Inserto el tubo, todo está bien pero sale algo más de líquido a través del orificio. Mejor aspirarlo para evitar supuraciones y obstrucciones. Como he dicho al principio, lo mejor es enemigo de lo bueno.

Meto el aspirador, le digo al enfermero que sujete la goma por si aspira demasiado y tira del tubo, no deseo sacarlo. Rozo el borde del drenaje y, en un instante, el tubo se cuela en el oído medio. No se queda abocado en la incisión sino que desaparece en el fondo de la caja.

¿Qué hacer? El primer impulso es intentar extraer ese tubo, pero no es eso lo que se debe hacer sino que lo más sensato es dejar ahí dentro ese tubo, colocar uno nuevo en el tímpano y no tocarlo. Cualquier manipulación extra solo puede empeorar las cosas, y en este caso concreto se suma el factor de la anticoagulación. El único daño que hace un tubito colado es al pundonor del cirujano, es tan diminuto que al paciente no le afecta, sin embargo hurgar más de la cuenta sí que puede acarrear lesiones.

 Cuando un tubo desaparece así, apenas se puede dar crédito a los propios ojos. El moco se acumula en el oído es porque la presión del oído medio se ha vuelto negativa, lo que se traduce en que chupa como un aspirador (con más o menos potencia). No es algo frecuente, pero a casi todos los otorrinos les ha sucedido en alguna ocasión, a mí en dos, la primera no sé si fue de residente o al poco tiempo de terminar, pero de eso hace más de 15 años, en esa ocasión era un niño y estaba dormido, y con mi inexperiencia aproveché la anestesia general para intentar extraer el tubo, sin ningún éxito, cada vez que lo tocaba, el moco tiraba en dirección contraria y se colaba más al fondo.

Por mucho callo que se tenga en algo, y a lo largo de mi carrera he puesto miles de drenajes, una nunca se puede confiar. Es uno de los pros, y también de los contras, de la medicina, que siempre surgen cosas que te sorprenden.

lunes, 22 de mayo de 2017

Médico a bordo

Paso por la sala de médicos de urgencias y pregunto si tienen algo que quieren que valore. Están habituados a verme por allí, aunque confieso que mi aparente buena disposición no se debe solo a un sentimiento altruista, sino que esconde un beneficio personal, es un modo de evitar que quede algo pendiente a última hora, cuando lo único que apetece es irse a casa.

En esta ocasión no hay nada. Una de las médicos me comenta: "He visto un vértigo, pero le he puesto tratamiento y le he dado el alta" (ante una crisis aguda poco más se puede hacer, el enfermo mareado no está para soportar muchas exploraciones). "La paciente venía del ginecólogo, mientras estaba en la consulta se ha empezado a encontrar mal y le ha preguntado al ginecólogo si había un médico por allí. El ginecólogo le ha dicho que no, que tendría que acudir a su Centro de Salud, y de ahí, en un alarde de eficiencia, la han mandado a la urgencia."

Nos reímos. Es cierto que un ginecólogo poco va a hacerle a un vértigo, la especialización es lo que tiene, se te olvida el resto de la carrera, pero de ahí a decirle a una paciente que allí no había ningún médico... Ese ha sido el desencadenante para recordar batallitas, la medicina está llena, no se me olvidará el día que la residente de familia que estaba conmigo de guardia tuvo que salir pitando al box de enfrente a atender un dolor abdominal que resultó ser un dolor de parto. La paciente no sabía que estaba embarazada, y eso que no era el primero.

"Me acuerdo de la primera vez que en un viaje en avión pidieron un médico", contó la misma médico. "En el asiento de atrás iba un niño al que empezó a subirle la fiebre hasta que se puso malísimo. Yo venía de un congreso y me acompañaba una residente. Cuando pidieron un médico por megafonía, la residente, en su inexperiencia, hizo amago de levantarse. "Espera un poco", le dije, "seguro que aparece alguien". No tardo en acercarse por el pasillo una mujer contemporánea de Tutankamon, y cuyo aspecto poco tenía que envidiarle a la momia. "Yo soy anatomopatóloga", dijo. Mi residente me miró con cara de "el niño aún no está como para hacerle una autopsia". Aún así, la retuve. La patóloga miró al chiquillo, le tocó la frente y comentó "creo que le iría bien un poco de paracetamol." La madre debía llevar un bote encima y preguntó "¿Cuánto le doy?". "No sé, ¿qué cantidad suele tomar?" La madre no se acordaba y la patóloga miraba el bote sin saber. No pude contenerme, me di la vuelta y dije: "En el prospecto viene una tabla con la dosis según el peso del niño, solo hay que mirarla y ajustar la jeringa dosificadora". "¡Ah! ¿Es usted pediatra?" "No, soy internista, pero hágame caso".

Otro de los médicos de la sala también había sufrido una llamada en pleno vuelo, un viajero parecía estar sufriendo un jamacuco. ¿Un ictus? ¿un infarto? Respondió a la llamada y por el camino se encontró con un hombre que también iba para allá. ¿Eres médico? se preguntaron mutuamente. Ante la respuesta afirmativa mencionaron su especialidad. Cardiología. Urgencias. Tras valorar la sabiduría del compañero para enfrentarse a este tipo de situaciones, se cedieron el caso, aunque ninguno aceptó la generosa oferta del otro. Cuando se acercaron el paciente, éste empezó a hablar. Un dato importante en la medicina es que la locuacidad suele estar reñida con la gravedad. Contó una historia para no dormir, en la que no quedaba muy claro si en el médico al que había acudido pocos días atrás le había visto una mancha en la cabeza, en el pulmón o dónde. El caso es que el urgenciólogo dijo "un momento", volvió a su asiento, sacó un Valium de la mochila y le dijo al enfermo que se lo pusiera debajo de la lengua. En menos de 20 minutos el hombre estaba curado y dormido.  Nada mejor que un sueñecito para una crisis de ansiedad.

sábado, 20 de mayo de 2017

Trols

Siempre ha existido gente tóxica, individuos inaguantables a los que les corroe la envidia y que consideran que su misión en la vida es señalar a los demás sus defectos y hacerle la vida imposible al que se le acerque, ya sea porque no le quede más remedio (familiares con infinita paciencia o profesionales que tratan de hacer bien su trabajo) o porque el que solo busca ser amable descubra tarde su error y no le dé tiempo a escapar.

Normalmente estos individuos terminaban aislados, las críticas y la hipocresía no son valores que la gente admire, aunque lo sorprendente es que muchos famosos de medio pelo viven de eso, de su falta de escrúpulos y de su mala educación, algo que no comprendo. La televisión empezó dándoles alas a muchos y las redes sociales se han encargado del resto, de esos ciudadanos de a pie a los que nadie les importaba que existieran y que han visto en la posibilidad de comentar publicaciones (desde el periódico a youtube) la puerta abierta a la fama y al reconocimiento a sus opiniones. Más de un psiquiatra podría hacer su tesis doctoral con los comentarios del País, ni siquiera entre los pacientes hospitalizados en su servicio van a encontrar una muestra tan amplia de enfermos mentales.

Es una pena que a la mayoría se les siga el juego. Es lo que buscan, hacer un comentario dañino y encontrar respuesta, no les importa si positiva o negativa, de hecho si es negativa y azuza la polémica, mejor que mejor. No hay que erigirse en paladín de la justicia con gente así, es perder el tiempo. Soy de la opinión que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio. En la consulta he aprendido que no estoy ahí para discutir, aunque en ocasiones es inevitable porque deshacerse de algunos individuos no es fácil. Una de las mejores enseñanzas de mi abuelo materno es que para decir algo desagradable, es mejor callarse, sobre todo si tu opinión no va a mejorar las cosas (esa segunda parte es un añadido mío, supongo que para justificar la impulsividad que a veces me hace actuar como abogado de pleitos pobres y sin futuro, aunque la experiencia me ha enseñado a escoger mejor las batallas).

Con el tiempo uno gana seguridad en sí mismo y actúa según cree que debe hacerlo, la influencia externa es cada vez menor, así como el compararse con el resto, lo que haga cada uno es cuestión suya (con el matiz de que no haga daño a nada ni a nadie). La realidad es que la tercera ley de Newton de acción y reacción es universal, todo acto repercute en los demás, lo mejor es que esa repercusión sea positiva y no permitir que lo negativo te amargue, siempre hay algo bueno en lo que fijarse.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Mocos

Sé que el título de esta entrada no es nada sugerente, cuando escogí especialidad médica recuerdo que alguno hizo mención a la cantidad de mocos a la que tendría que enfrentarme con cara de asco. No obstante, creo que hay especialidades que salen mucho peor paradas en cuestión de fluidos corporales, uno no asocia automáticamente la cirugía general con cacas, pero ahí están los cirujanos delante del colon a diario. Sin duda los mocos son más llevaderos.

Los bebés enseguida se llenan de mocos, eso lo saben bien los padres que deben limpiarlos con amor y paciencia (y sin guantes) y no por ello dejan de pensar que el pequeño es un angelito. Cuando era pequeña, hermanísima tenía un muñeco adorable cuyo nombre comercial era Baby mocosete y que hacía pipí y tenía moquitos, se consideraba toda una delicia de juguete. ¿Qué cambia para que con el paso del tiempo los mocos se conviertan en algo casi tabú?

Nada como un otorrino en la familia para llegar a ver los mocos como algo tan natural que incluso las conversaciones telefónicas giren con frecuencia sobre la evolución de su color en los catarros. Escogí una especialidad muy socorrida, mucho más de lo que se figuraron en un primer momento, sobrinos aparte, raro es el que no sufre de algo de rinitis, además de que la alergia a pólenes está a la orden del día (sobre todo en estas fechas).

Sin embargo cuesta imaginarse que nadie pueda convertirse momentáneamente en un héroe por culpa de los mocos, pero así es, y no tardé en descubrirlo. Los pacientes operados de laringe, con traqueostomías, tienen tendencia a acumular moco en el árbol respiratorio, y esa tendencia se agrava porque la mayoría tienen los bronquios destrozados gracias al tabaco. El aire que entra sin filtros nasales que lo calienten y humedezcan, les irrita, y la mucosa irritada produce moco; si se sobreinfectan el tema es aún peor, los mocos se espesan. Para tratar ese problema se usan aerosoles, se les aspira regularmente y se les enseña a toser, pero a veces eso no basta.

Una noche, en una de mis primeras guardias, me llamaron con urgencia de una de las plantas: un paciente laringuectomizado presentaba serios problemas para respirar. Corrí escaleras arriba hasta llegar sin resuello a la cabecera del enfermo. El pobre tenía muy mal color, la cianosis se describe como negro como un zapato y no es una exageración, la piel se torna gris y los labios morado oscuros casi negros. El ruido que emitía se asemejaba a una cafetera vieja en ebullición, pero por el agujero de la tráquea apenas salía aire.

Tiré de la cánula, a veces el tapón está ahí atascado y con retirarla basta. Todo seguía igual e iluminé con una linterna el interior de la tráquea (no disponía de otra luz mejor). Solo se veía oscuridad, nada de un tubo de mucosa sonrosada como sería normal. Pedí una jeringa con suero, un aspirador y una sonda a la que le corté la punta para que solo aspirase por el extremo y no perdiese fuerza por los orificios laterales (no comprendo el diseño ese de varios agujeros cuando lo que interesa es concentrar la aspiración). Instilé unos cc de suero en el interior de la tráquea y le dije al paciente que contuviera la respiración unos segundos. Aquel pobre me miró con los ojos desorbitados, no solo se ahogaba sino que aquella jovencita casi recién salida del colegio parecía dispuesta a rematarle con líquido en la vía aérea. ¿Qué pretendía? Tosa, le ordené. Es lo que le pedía el cuerpo, salpicó alguna gotita pero nada más. Aspiré y repetí la operación. Instilé un poco más de suero. Aquello sonaba como una olla. Le hice toser de nuevo y metí el aspirador. Al momento salió disparado un tapón, un molde cilíndrico de mocos sólidos y duros de varios centímetros de longitud, y en los pulmones del enfermo entró un chorro de aire que le devolvió la color. El hombre me sonrió aliviado y me hizo sentirme como una heroína que le había salvado la vida, además de como toda una profesional aunque no fuese más que una inexperta R1. ¿A quién no le gusta sentirse así? Y todo fue cuestión de mocos.

lunes, 15 de mayo de 2017

Mutaciones y eminencias

Hace unas semanas me escribió la investigadora que lleva el Rendu para comentarme un caso que le preocupaba. Se trataba de un chaval muy joven, de apenas 20 años, una edad en la que nadie debería tener preocupaciones de salud, aunque por desgracia la enfermedad no se somete a ninguna regla. En el Rendu los sangrados suelen comenzar en la adolescencia y empeorar con la edad, pero en esta ocasión, a pesar de su juventud, las hemorragias no eran nada desdeñables y afectaban no solo su vida sino su confianza. La sangre impresiona incluso por escrito, despertarse por la noche, dormido en medio de un charco de sangre, debe de ser aterrador y eso es lo que le sucedía a este pobre muchacho.

Todos los pacientes son especiales, y aún más en una patología poco frecuente como el Rendu, pero este era un caso raro dentro de una enfermedad rara. Aunque el Rendu es una enfermedad hereditaria, en este joven había surgido de novo, a través de una mutación genética. Por si eso no bastara, su clínica también era distinta a la habitual, en lugar de sangrados nasales, sangraba por boca y por la noche, a traición. Para más inri, tampoco parecía presentar las lesiones vasculares típicas que dan nombre oficial al Rendu (Teleangiectasia Hemorrágica hereditaria).

Las teleangiectasias no son otra cosa que dilataciones vasculares, en el caso del Rendu además hay uniones directas arterio-venosas sin capilares de por medio y esos vasos están dilatados porque carecen de capa muscular (que sí tienen las arterias pero no las venas ni los capilares) y las uniones entre las células del endotelio que recubre el vaso por dentro son defectuosas. Por todos esos motivos, y porque llevan presión arterial, esas teleangiectasias son muy frágiles y se rompen con la respiración, literalmente.

Lo primero era descubrir el origen de los sangrados de este muchacho. Era evidente que si sangraba el vaso responsable existía y era cuestión de encontrarlo. Para eso me escribía la investigadora, para que lo viera con la esperanza de que mi experiencia me sirviera para identificar las lesiones.

Empecé como siempre, con los algodones de anestesia en la nariz. No es que esperase encontrar mucho allí pero una nariz anestesiada siempre se explora mucho mejor. Nada en la boca, nada en la zona anterior de la nariz... tendría que bucear un poco por las profundidades con el fibroscopio.

Si la respiración basta para hacer sangrar a un Rendu, no hace falta mucha imaginación para figurarse la marea roja que puede desencadenar un algodón de anestesia y un fibroscopio es aún más peligroso, pero, a fin de cuentas, no era la primera vez. Hacia el fondo de la nariz descubrí unas dilataciones sospechosas. Bajé por la faringe y, camuflada detrás del polo inferior de una de las amígdalas, apareció una hermosa teleangiectasia. ¿Sería la culpable? Mi hallazgo no solo tranquilizó al paciente, por fin se veía algo, sino que me elevó a sus ojos al nivel de eminencia. Me hizo mucha gracia el título, aunque aún debo aprender mucho más para acercarme a él.

Infiltrar la nariz no es difícil, sobre todo si no sangra. Pinchar un vaso por detrás y por debajo de una amígdala en un paciente despierto es harina de otro costal, sin embargo una aspirante a eminencia como yo tenía que intentarlo. El chico puso su mejor voluntad, y yo toda la anestesia que me pareció necesaria y un poco más. Con una mano cogí los depresores de lengua, con otra la jeringa y clavé la aguja en la zona. El pinchazo fue a ciegas y la puntería no muy buena, a pesar de la anestesia, las arcadas eran inevitables (tenía metidos los depresores hasta el fondo de la garganta) y no ayudaban. Revisé con el fibro: el vaso seguía allí, orondo y amenazante, era de todo menos bonito.

Solo nos quedaba una alternativa: infiltrar en quirófano con anestesia general. El problema es que el paciente venía de fuera y la Sanidad autonómica no da facilidades para tratamientos lejos de casa. Hicimos los papeles por si colaban, nada se perdía por probar, pero por desgracia eso no sucedió. Había que recurrir a otra estrategia. Con una llamada, una cita médica de última hora y una estancia en casa de unos amigos arreglamos los trámites. Nunca la burocracia fue más rápida. En medio de aquel tejemaneje los familiares me miraban con cara de asombro, pero tal y como funcionan las cosas conviene contar con otros recursos, además de los médicos. Ya teníamos un traslado legal.

A pesar de mi mala puntería, aquel primer pinchazo algo hizo y me gané la confianza del paciente. Los sangrados disminuyeron, una pista más de que ahí teníamos al responsable. En un par de semanas todo estaba listo para la cirugía. Ni siquiera con anestesia general la zona era accesible con facilidad, y no era cuestión de quitar la amígdala para mejorar la exposición. La mejor visibilidad me la proporcionaba un espejito de laringoscopia (de los de dentista) pero cuesta orientar una aguja con la ayuda de un espejo, no todo está donde se espera, hay cosas al revés.

Aproveché para infiltrar la región posterior de la nariz, donde también había visto lesiones. Agradecí que el tabique fuese bastante recto y que gracias a ello la aguja finísima, pero de casi 10 cm de longitud, no se clavase en ningún saliente. Contemplar como aquellos vasos clareaban con la entrada del líquido al difundirse en su interior fue alentador. Encontré alguna lesión más, bien oculta debajo del cornete medio, y también la esclerosé, no era cuestión de dejar cabos sueltos.

Todo fue bien. El paciente volvió a su casa al día siguiente. Sin embargo, tras un par de semanas, me llamó, había vuelto a sangrar, esta vez por la nariz. En la consulta comprobé que en la amígdala no se veía nada y le di un repaso a la nariz, aún quedaban algunas teleangiectasias debajo del cornete. Me ha escrito para decirme lo contento que está y que sigue bien. ¡Menos mal!

viernes, 12 de mayo de 2017

Llamadas en consulta

Llego a la consulta, voy volada porque no me gusta llegar tarde. He dejado a mis compañeros en la sesión que, para no variar, se ha prolongado más allá de la hora. Tengo la impresión de que a ellos el tiempo de los demás les preocupa menos que a mí. En la puerta ya tengo al primer extra de la mañana, además de los citados siempre hay algún paciente al que le he dicho que venga, que no hay problema, que le veo en un momento. Como ni apunto ni recuerdo los nombres de los no-citados, total ya los veré según aparezcan, a veces me encuentro con una pequeña tropa esperándome en la sala.

No uso móvil, creo que en mi caso es un mecanismo de autodefensa, capaz sería de darle el número a los pacientes por si me necesitasen y entonces no podría vivir. No obstante, algunos tienen que localizarme, los Rendu-Osler conviene que me llamen antes de presentarse por sorpresa, y a esos pacientes (y a otros) les doy el número directo de la consulta, es lo más práctico. Algunos días necesitaría una secretaria para atender las llamadas.

En medio de la consulta me llama uno de mis Rendu. "Doctora, estoy sangrando". Lo habitual es que ellos mismos se taponen y se controlen el sangrado y vengan a que les esclerose el siguiente martes. Quedamos en eso. A los pocos minutos vuelve a sonar el teléfono. "No se me corta la hemorragia, trago sangre". Miro la lista de citados, ¡en fin!, uno más no importa. Le digo que venga y el número de la puerta en la que estoy. "Lo que tarde en llegar, doctora."

La consulta no para, entra uno, sale otro y entra el siguiente. A veces recuerdo que no estaría mal ir al baño cuando tenga un momento. Con frecuencia ese momento no llega hasta el final de la mañana.

Aparece mi paciente de Rendu. Termino con el citado y le hago pasar. "No quería ir a urgencias a mi hospital porque allí me iban a taponar y luego es peor" se justifica. Tiene razón, en los Rendu conviene usar taponamientos de materiales reabsorbibles para que no traumaticen aún más la mucosa al retirarlos, sin embargo no todos los médicos tienen en cuenta esa cuestión y quienes pagan el pato son los pacientes. Este ya se lo sabe, ha pasado por muchas malas experiencias.

Está encantado con la escleroterapia, me cuenta. Lleva un mes sin sangrar y apenas se lo puede creer, y su hijo tampoco, añade. Antes sangraba todos los días y a modo. Soy consciente, su primera visita fue antológica. Afortunadamente hubo suerte y todo fue mejor que bien y pude cortarle la hemorragia con la infiltración. Eso sí, pasamos juntos más de una hora. Mientras la anestesia le hacía efecto, y entre pinchazo y pinchazo, corría de una sala a otra para atender los casos que llegaban. Al final, el pobre hombre me dijo: Doctora, estoy un poco agobiado por Ud, no para ni un momento. Le tranquilicé, a fin de cuentas semejante trajín no es raro y gracias a eso puedo ver a todos los enfermos, recomendados, extras y lo que se presente. La otra ventaja es que con ese ritmo no me da tiempo a aburrirme (ni a pensar en nada que no sea lo que me cuenta el paciente, tengo que centrarme en eso y actuar).

La segunda visita fue mucho mejor, eso sí, ese día recuerdo que no tenía una sala asignada y me metí detrás de un biombo. Paciente, familiar, residente de familia y yo acabamos en un espacio de apenas 1x2 metros con mesa, ordenador y sillón de exploración incluidos. Fue un momento íntimo, ya dicen que la sangre une.

En esta ocasión tengo consulta y la infiltración va bien, sin problemas. Limpio y todo mejora tras retirar los coágulos. Anestesio con unos algodones, preparo la inyección mientras le hace efecto, localizo el punto y pincho. La residente de familia está al quite y me ayuda a preparar nuevos algodones, me da gasas y tira los envoltorios de las jeringas y agujas para que no anden por medio. Más anestesia, después un poco de comprobación y algo de repaso. No sangra. Le mando a farmacia hospitalaria a por la pomada que se le ha acabado. La sangre agota, una hemorragia en directo te mantiene en tensión, nunca estás seguro de hacerte con ella. Al terminar me siento, miro la pantalla del ordenador y aviso al siguiente paciente.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Especialidad y sobrinos

La entrada de hoy es de la Señora, es algo que ya se ha convertido en una tradición de cumpleaños y ¡me encanta!

Estaba oyendo uno de los programas de la mañana de Radio Clásica cuando anunciaron para el día siguiente en un apartado que se dedica a Música y Ciencia  una sección  dedicada a una combinación tan curiosa como  Música y Genética. Me llamó la atención que se pudiera establecer un vínculo entre ambas materias y pensando en ello empecé a recordar el papel de la Genética en la elección por tu parte de la carrera de Medicina. De ahí vinieron otros muchos detalles relacionados con aquel proceso que me llevaron hasta la evocación del verano de preparación del MIR, con aquellas doce horas seguidas y larguísimas en la biblioteca del hospital de Puerta de Hierro; luego la salida como una sonámbula a las nueve de la noche durante meses y así hasta hacer el examen, que curiosamente fue casi un paseo. Los resultados estaban claros, el número era muy bueno y permitía escoger cualquier especialidad, pero la inclinación a la Genética se había quedado ya lejos y la elección recayó en Otorrinolaringología.  A más de uno nos parecía una especialidad no muy atractiva (me lo comentaba el oncólogo que me trataba entonces), con tanto moco contra el que hay que luchar, mientras que Endocrinología parecía como con más empaque. Pero no, el asunto estaba claro y era otorrino lo que te gustaba.

Los años posteriores nos han demostrado a los ignorantes que aunque no tiene la aureola -social-  de la Neurología o Hematología, tiene facetas de gran complejidad e interés, como la del Rendu Osler, que me tiene muy impresionada, y sobre todo tiene un aspecto desde mi punto de vista muy práctico y positivo: es la especialidad más demandada por nuestra familia, pues el que no tiene desviación del tabique nasal, tiene sinusitis o infecciones de garganta, aunque son las otitis y vegetaciones las que se llevan la palma, ya que las padecen o han padecido los cuatro sobrinos en todas sus variaciones posibles.

Esto, que no deja de ser un incordio para la tita, que tiene que intervenir, tiene, sin embargo, además de la eficacia de los resultados, otros aspectos muy positivos. Por ejemplo, en relación con la última intervención familiar, las dos señoritas mayores aseguraron que a Jaime se le iban a quitar todos los males, que si seguía con problemas en el oído, a pesar de que hacía dos años lo habían operado en Sao Paulo, era porque no había sido su tita Sol la que lo había hecho, que en cuanto la tita lo operara el niño se quedaba nuevo. Esa fe en su tía en plena adolescencia creo que es digna de ser tenida muy en cuenta.

Sin embargo, no queda la cosa en ese merecida y compartida valoración familiar, sino que con motivo de la operación del infante las perspectivas de futuro del muchacho parecen tomar un rumbo nuevo. Ya sabes que hasta ahora, que es "caballero", las profesiones que baraja para su porvenir son las de policía, basurero y bombero. Bueno, pues después de su paso por el hospital el chiquillo ha pensado en ser como su tita Sol. Y el otro día demostró que lo tenía bien aprendido. Resulta que llega a su casa su abuela Lucía a verlo la tarde de la intervención y le pregunta cómo había sido todo. Él, como vive las cosas tan intensamente, pensó que lo mejor era hacerle una demostración de lo bien que había ido la operación y para ello le dijo a la abuela que él era la tita Sol y ella era Jaime. Entonces la sentó en el sofá y le dijo que estaba en la camilla y que la enfermera le iba a poner una vía - Pero no te va a hacer daño, solo te va a dar luego un poco de sueño. (Después, como si hablara con una enfermera) Es Jaime, mi sobrino, y lo voy a operar de los oídos. (Hace como que le pone la vía y entonces se tienen que ir hacia el quirófano, en este caso era por el pasillo hacia el dormitorio, llevando a la abuela como si empujara la camilla). Y moviendo la cabeza de derecha e izquierda va diciendo a quien se supone que va encontrando: Es mi sobrino, es mi sobrino, es mi sobrino...... con la sonrisa de su tita pintada en la cara.

¿Qué te parece? No sé si ser como su tita Sol es ser otorrino o dedicarse al teatro, pero desde luego lo calcó la criatura.

domingo, 7 de mayo de 2017

Camus

Quizá una entrada sobre libros el día de la madre no parezca la más indicada, pero la Señora es una gran lectora, es crítica y muy selectiva, y Camus no solo me ha gustado, sino que además me ha parecido alguien tan íntegro y con las ideas tan claras, que he pensado que se ajustaba a la homenajeada como anillo al dedo.

Confieso que este autor nunca me había llamado hasta ahora y me alegro de que al fin decidiera hacerlo porque se ha convertido en uno de mis favoritos. Recuerdo que cuando empecé a estudiar francés en el instituto, uno de los libros de prácticas del idioma de la biblioteca de la profesora era, precisamente, L'etranger. No recuerdo si lo leí sin enterarme de nada, mis nociones de francés entonces eran casi nulas, o a mí no me tocó ese libro y me bastó la opinión de mis compañeros para evitarlo hasta ahora. Sin embargo, la opinión de House era muy diferente a la de unos chavales de 14 años e hizo que me interesara en el tema. Una oportuna oferta de kindle fue el último detonante.

El argumento de "El extranjero" no suena muy atractivo, se trata de una novela sobre alguien que vive su propia vida con apatía, para el que las cosas son como son, se las encuentra y no decide sobre ellas, ni las analiza, simplemente se deja llevar y sin justificar su comportamiento con explicaciones complejas e irreales. Sin embargo Camus describe con sencillez y maestría las vivencias y los pensamientos del protagonista, Meursault, y lo hace de tal modo que consigue crear con el lector una conexión que parece casi imposible, dado que el personaje apenas muestra emociones. Después de su crimen entiende lo que ha hecho y el castigo que conlleva y hubiese preferido que todo hubiera sucedido de otra manera, y en esa tibia preferencia y en una cierta preocupación por su futuro consiste su arrepentimiento. No obstante no intenta que le comprendan más que con la exposición de los hechos. Toda la atmósfera del libro tiene algo de irreal, como una muestra más de que el individuo vive su vida y percibe el ambiente como algo ajeno.

Miré el campo a mi alrededor. A través de las líneas de cipreses que aproximaban las colinas al cielo, de aquella tierra rojiza y verde, de aquellas casas, pocas y bien dibujadas, comprendía a mi madre. La tarde, en esta región, debía de ser como una tregua melancólica. Hoy, el sol desbordante que hacía estremecer el paisaje, lo tornaba inhumano y deprimente.

Hubo también la iglesia y los aldeanos en las aceras, los geranios rojos en las tumbas del cementerio, el desvanecimiento de Pérez (habríase dicho un títere dislocado), la tierra color de sangre que rodaba sobre el féretro de mamá, la carne blanca de las raíces que se mezclaban, gente aún, voces, el pueblo, la espera delante de un café el incesante ronquido del motor, y mi alegría cuando el autobús entró en el nido de luces de Argel y pensé que iba a acostarme y a dormir durante doce horas. 

Tan próxima a la muerte, mamá debió de sentirse liberada de ella y dispuesta a revivirlo todo. Nadie, nadie tenía derecho a llorarla. Y yo también me sentí dispuesto a revivirlo todo. Como si esa gran cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, ante esta noche cargada de signos y de estrellas me abría por vez primera a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraterno al cabo, sentí que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, no me queda más que desear en el día de mi ejecución la presencia de muchos espectadores que me acojan con gritos de odio.


Me gustó tanto el estilo de Camus, claro, sobrio y lleno de enjundia, que quise leer algo más de su obra. "La peste" con ese título tan desagradable, aún me atraía menos que el extranjero ya que siempre he sentido un intenso repelús por esa enfermedad, la manera en la que la retratan en la literatura y en el cine es el motivo por el que aborrezco el cuento del flautista de Hamelin y la película Navigator. Sin embargo se considera la obra maestra del pensador, así que dejé de lado mis prejuicios y compré el libro, y debo añadir que me alegro infinito porque se ha convertido en uno de mis favoritos, diría que es uno de esos libros imprescindibles para un médico, es un ejemplo de entrega y compasión. No es solo un alegoría sobre la guerra o la maldad humana, sino también una exposición de principios, un manifiesto sobre la integridad de aquellos que evitan hacer daño a los demás, porque a veces luchar por tus ideas puede convertirte en un fanático y llevarte a hacer justo lo que no deseas e incluso te empuja a cometer crímenes que rechazas con el paradójico fin acabar con ellos, como matar para luchar contra la pena de muerte. Lo difícil es vivir según tus ideas y respetar al resto. La historia te atrapa, la lectura, pese a su profundidad, es fácil, hay reflexiones magníficas y la humanidad de los protagonistas te conquista. Una auténtica joya.

Cuando la guerra estalla, la gente dice: no durará, es demasiado estúpida. Y la guerra es ciertamente demasiado estúpida, pero eso no evita que dure. La estupidez siempre continúa, y la gente se daría cuenta si no estuviesen siempre pensando en ellos mismos.

Sufrían una especie de emanciación física y espiritual. Al principio de la plaga, recordaban muy bien a la persona que habían perdido y lamentaban estar sin ellos. Pero aunque podía recordar la cara y la risa del amado, llegaba un día, después del evento, en que se daban cuenta de que habían sido felices, y les parecía muy difícil imaginar que estaría haciendo la otra persona en un lugar tan lejano durante ese momento. En resumen, que el tiempo tenía memoria pero no suficiente imaginación. En la segunda etapa de la plaga, la memoria también se perdía. 

"No tienes corazón" le había dicho alguien una vez. Pero sí lo tenía. Solía llevarlo encima las veinte horas diarias en que veía morir a hombres que estaban hechos para la vida. Lo usaba para comenzar de nuevo día tras día. De momento, solo tenía corazón para eso.

El médico se incorporó y le preguntó a Tarrou si tenía alguna idea del camino que se debería seguir para llegar a la paz. Sí, la comprensión.

jueves, 27 de abril de 2017

Trilogía del muchacho de Jon Kalman Stefánsson

Después de terminar la trilogía del muchacho de Jón Kalman Stefánsson, he pensado que es mejor escribirle una entrada propia a los tres libros y de paso aligerar un poco el testamento del día del libro. Es la historia de una vida en un medio hostil, no obstante también son libros muy poéticos, la naturaleza está llena de poesía, hay belleza en su inmensidad, en la fuerza del viento, en las nieves, en los cristales de hielo. Hay sueños en el frío. Sin embargo hay momentos en la vida en los que no tiene cabida la poesía, y el autor no edulcora las palabras, la crueldad de los hombres no lo permite.

El primer libro de la serie es Entre el cielo y la tierra y es una historia con la que se pasa frío, las palabras te sumergen en el paisaje helado de Islandia con un lenguaje precioso que no evita que se congelen las manos, ni que las esquirlas de hielo se adhieran a la ropa, al pelo, o que el viento corte la piel, que los pasos se hundan en la nieve y las fuerzas se pierdan en un mundo entre el sueño y la muerte.
"Algunos poemas nos arrastran a lugares donde no llegan las palabras, ni el pensamiento, te conducen hasta el núcleo, la vida se detiene durante un instante y se vuelve hermosa, manifiesta la alegría y los lamentos. Algunos poemas te hacen olvidar, se olvida la tristeza, la desesperanza, te olvidas del impermeable y la escarcha te alcanza, dice, te tengo, y estás muerto."

Si el primer libro se centra en el océano polar, el segundo, La tristeza de los ángeles, lo hace en el interior, en las montañas cubiertas de nieve, en ventiscas que no permiten distinguir cielo y tierra y donde perder el rumbo es tan fácil como mortal. En esas condiciones, llevar el correo de un lugar a otro es una hazaña, pero es mucho más sencillo que la misión de trasladar un cadáver para su entierro en una tumba consagrada. El viaje es una reflexión al borde de la muerte y sobre la misma muerte, sobre la naturaleza, el frío, las flaquezas y la entereza.
"los que suben a la montaña o por las sendas de la meseta pueden escuchar el canto de las estrellas.(...) En algún lugar está escrito que ese canto es capaz de despertar en ti la desesperación o la divinidad. Sería cuestión de subir a las montañas en las noches serenas y oscuras como el infierno en busca de la locura o la felicidad, y entonces quizá le encuentres el sentido a la vida."

En el libro final, El corazón del hombre, el invierno da paso a la primavera y la historia se centra más en la vida en el pueblo, en sus personajes, en las relaciones que los unen y los separan, en la lucha del día a día para salir adelante y hace hincapié en el difícil papel de la mujer, relegada a un segundo plano o a víctima de la violencia de los hombres. Habla de la mezquindad asociada al ansia de poder, del amor y de sus miedos, de la evasión en el alcohol que no es tal y, por supuesto, de la muerte, siempre presente. No solo el lenguaje es muy hermoso, también tiene reflexiones brillantes.

La gente piensa que es fácil saber quien es fuerte y quien no. La gente es estúpida. Sabes que la vida puede pesar más que las montañas, ser más peligrosa que el Océano Polar. 

Probablemente uno no sabe mucho sobre la vida; uno tan solo se adentra en ella. Y sabe cómo darle la bienvenida cuando llega. 

Con la niebla llega el silencio.

Deberías saber que no puedes vivir solo porque no estás muerto; eso es una farsa. Deberías vivir como una estrella, y brillar.

Deberíamos vivir para conquistar la muerte, eso lo único que sabemos hacer y que somos capaces de hacer. Si vivimos como si pudiéramos, y preferiblemente algo mejor, la muerte nunca nos conquistará. Entonces no moriremos, simplemente nos convertiremos en algo distinto. No tengo las palabras para ello, para describirlo, me refiero. Quizá solo nos transformamos en música. 

Bésame, no dejes que los besos sean menos que las gotas de lluvia sobre el tejado. 

Casi nadie posee ojos para mirar el entendimiento directamente a la cara; pocos ojos pueden tolerarlo.

Es la vida, llena de poesía, de la belleza de los momentos felices y de otros trágicos, pero que también se ve salpicada por las vilezas humanas, y entonces no hay lugar la poesía.

lunes, 24 de abril de 2017

Un poco de David Toscana

El blog de unlibroaldía me descubrió a David Toscana. No tengo medida y cuando algo me gusta, no me veo harta, lo que significa que leí tres libros seguidos del autor mexicano. Me enganchó con su Ejercito iluminado, en el que el general Matus se pone al frente de un pequeño batallón de discapacitados con la idea de recuperar El Álamo y devolver Texas a México. No es la única lucha del general, que también desea el reconocimiento de su tercer puesto en el maratón de las Olimpiadas de París, aunque él no corriese en Francia sino en Monterrey. Es una historia que tiene algo de quijotesca y que también comparte el humor amable de Steinbeck en Cannery Row, con personajes muy humanos que se tratan con un cariño no exento de sentido del humor, pero sin ridiculizarlos en ningún momento.
"Los hombres hechos y derechos, aquellos que tienen una mujer esperando su regreso, son los únicos capaces de acabar con el rival, pues a fin de cuentas las guerras no se ganan por la patria, sino por la mujer que dejamos en casa."
"La guerra es una larga parranda que se interrumpe de vez en cuando para disparar, y ni aún entonces, si uno no suelta la botella de aguardiente."

Si el ejercito me gustó, El último lector terminó de conquistarme. Un cadáver encontrado en un pozo guarda un singular parecido con la protagonista de otra novela de final trágico, la muerte de Babette, tanto es así que ni siquiera la madre de la muchacha es ajena a la semejanza, lo que ya le hacía presagiar un mal final para su hija. Las dos Babettes se convierten en una, al igual que en la vida se combinan literatura y ficción, al menos en la mente de Lucio, el bibliotecario, cuya manera de clasificar los libros no se atiene a las normas convencionales, la censura depende de si la obra merece guardarse o destinarse a pienso de cucarachas. El mismo Lucio podría haber salido de una novela de García Márquez, sobre todo en los fragmentos en los que se refiere a su mujer, Herlinda, y su hijo Remigio comparte algunos de los rasgos soñadores de su padre, del que aprende a ver la ficción de la realidad. Todo en este libro es como una rara joya, de esas que te hipnotizan con su belleza y de las que desearías atrapar cada matiz, es la mejor descripción que se me ocurre.
"A los doce años, Babette poseía la vanidad de una mujer mayor y gustaba de llevar vestidos ceñidos en la cintura, que mostraran un mínimo de pantorrilla. Adoraba los días de viento porque el revoloteo de su negrísimo cabello hacía fulgurar sus ojos claros, tristes, de plomo; ojos siempre viendo el horizonte, más allá de su delicada nariz. Aunque de piel muy blanca, al punto de traslucir venas azules en brazos y mejillas, no daba la impresión de ser enfermiza; todo lo contrario: quien la mirara detenidamente notaría una carne compacta, severa para su edad y casi varonil, a no ser porque unas incipientes formas de mujer comenzaban a perfilar una hechura de esas que silencian
voces a su paso "
"Viva Pancho Villa, cabrones, y la virgen de Guadalupe. Le rezan a uno y a otra, hacen sus propias novelas. Creen en ellas como usted y yo creemos en Babette […]. [Creen]en ángeles, demonios, crucificados y tantas cosas que nadie ha visto ni verá más que a través de las palabras; entonces no me explico por qué se resisten a entrar en mi biblioteca, por qué piensan que hay un abismo entre la vida y el papel"

Estación Tula, en mi opinión, no tiene el mismo encanto que las anteriores. En la historia un anciano recurre a un aspirante a escritor para dictarle sus memorias, desde el momento de su concepción, y el rechazo que despertó su nacimiento, al despertar de su amor y el deseo de ser alguien digno de la amada, un amor que el escritor trata de reproducir en su propia vida. Es una novela que se lee bien pero no está a la altura de otras obras del autor, posiblemente porque es anterior y se nota en que es menos compleja pero también más convencional y me dejó un regusto a incompleto.

domingo, 23 de abril de 2017

Día del libro

Hace siglos que no hablo de libros, no he leído al mismo ritmo que otras temporadas, pero eso no significa que no haya leído nada sino que algunos libros me han llegado a durar toda una semana, muchas veces porque me entraba sueño a las pocas páginas. Es algo que por desgracia me sucede con el maravilloso Chejov, del que House me regaló la colección completa de cuentos por Navidad y que alterno con otras lecturas. De todos modos llevo una racha demasiado perezosa: no escribo, leo menos y no tengo otra excusa mejor que la falta de ganas.

Con el tiempo que ha pasado no puedo acordarme de memoria de mis lecturas, lo que suelo hacer para luego hacer memoria es escribir una reseña en amazon (que usaré de chuleta para esta entrada). Me limitaré a lo leído en lo que va de año, aunque creo que hace más que no hablo de libros. Sin embargo, tendré algo de piedad y no me remontaré más allá.

Empezaré mencionando la trilogía del muchacho de Jón Kalman Stefánsson, un escritor islandés que ha ganado cierta relevancia, además de varios premios. Lo conocí gracias al blog "un libro al día", que como su propio nombre indica publica reseñas de libros a diario, sin centrarse en los bestsellers, sino en la literatura. Están escritos en islandés y los he comprado en inglés porque el precio era la mitad que en español, aunque en ambos idiomas la traducción hace honor al estilo casi poético del autor. Para no sobrecargar aún más esta entrada, hablo de los tres libros en otra.

Previamente a la trilogía le tocó el turno a una novela Herman Hesse que contribuyó en gran medida a que le concediesen el Nobel en 1946. Se trata de El juego de los abalorios, una historia futurista, en un ambiente de renuncia al mundo, sobre la pureza del espíritu a través del conocimiento, sin ambición personal ni tampoco en búsqueda de la gloria. El juego de los abalorios no es un juego sino un complejo sistema de meditación, síntesis, contraposición y asociación de ideas que aúna de manera universal música, matemáticas, astronomía y filología. La novela, escrita como biografía, es una reflexión sobre los principios que rigen la vida de cada uno, la sociedad, la cultura, la espiritualidad y la historia.
Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos.

Tu no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff fue una recomendación de la Señora, y ya se sabe que siempre hay que hacer caso a las madres. Else es una judía joven y romántica que decide romper con las tradiciones judías al enamorarse de un cristiano, religión que siempre la ha atraído más que la propia. Sus esquemas del matrimonio se rompen y decide disfrutar de la vida libremente, entre sus planes está la de tener un hijo de cada hombre que se enamore. Vive tan ajena como puede la situación política de Alemania sin creerse que los nazis duren en el poder. Cuando empieza la persecución de los judíos todo da un giro y se ve obligada a huir a Bulgaria. Allí conoce las estrecheces y los sacrificios, sus hijas crecen, la autora, de niña egoísta y consentida pasa a convertirse en una adolescente manipuladora aún más egoísta, quiere vivir el presente lo mejor posible después de lo pasado en la guerra. Un novelón muy interesante y bien escrito, en el que con los recuerdos e impresiones de la autora se mezclan cartas de la propia Else que ayudan a conocerla y apreciarla mejor.
"Else era, en un mundo de autoengaño, de disimulo y de hipocresía, tan auténtica y elemental como solo puede serlo una criatura de la naturaleza."

Metidos en la guerra, sigo con el tema. Zweig ha sido posiblemente el escritor que más he leído en estos meses. En El mundo de ayer, memorias de un europeo, la última obra del autor, justo antes de su suicidio en Brasil, Zweig cuenta cómo era Europa hasta la 2º GM. Narra sus memorias, su infancia en una buena familia austriaca a finales del siglo XIX, época en la que resalta la importancia de la vida cultural de la Viena de entonces, y habla de sus inquietudes académicas y sus preocupaciones ante los cambios previos a las guerras que se avecinaban, anticipa los acontecimientos que desembocaron en la segunda guerra con clarividencia, pero sin que le sea posible hacer nada por evitarlo. Además cuenta su amistad con todo un elenco de personajes relevantes tanto en la cultura como en la política, y hace breves retratos de carne y hueso de cada uno de ellos. Es un libro muy ameno y tremendamente informativo e interesante, para mi gusto uno de los mejores de Zweig.
"Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea".
Fueron esas memorias las que me llevaron a indagar más y al mundo de ayer le siguió El legado de Europa, un recopilatorio de reseñas y artículos de Zweig sobre diferentes personajes. Comienza con la biografía, algo más extensa que el resto, de Montaigne para luego pasar a hablar de sus contemporáneos. Es un buen complemento al Mundo de ayer.
"El verdadero respeto no debe ser miedoso"

Novela de ajedrez es una novela corta en la que Zweig hace una de las cosas que mejor le sale y que más consigue captar la atención del lector: rememorar en el presente una historia del pasado, en este caso un cautiverio por la Gestapo y una obsesión por el ajedrez. Eso, y una partida con un campeón mundial, hacen que resulte casi imposible despegar los ojos de las páginas.
"Ya no se trataba de dos rivales que quisieran medir en el juego sus propias fuerzas, eran ahora dos enemigos que se habían jurado aniquilarse mutuamente.."
Más flojita me resultó The post office girl, Christine, una joven cuya familia se ha empobrecido con la 1GM, se convierte en Cenicienta cuando sus tíos la invitan a pasar unos días con ellos en un hotel de lujo en Suiza, allí conoce otra vida, la que da la riqueza y el reconocimiento social. Sin embargo, el cuento termina de forma abrupta y debe regresar, pero no es la misma muchacha que antes de marcharse, ahora es consciente de la miseria que la rodea y no se ve capaz de soportarlo. Zweig es uno de los mejores escritores a la hora de reflejar la psicología y las emociones de sus personajes. Esta novela es un buen ejemplo, quizá el final parezca abierto, pero en realidad no lo es tanto.

Otra recomendación del blog de "unlibroaldía" fue "La puerta" de Magda Szabó. Sin duda libro muy bien escrito, pero con un ritmo muy lento que hace que resulte pesado y entren ganas da abandonarlo en su primer tercio, sin embargo conviene insistir porque, a partir de ahí, uno se involucra más con los personajes y se lee con más facilidad. El lenguaje no es complicado, los personajes sí. Emerenc es una mujer dueña de un gran magnetismo que afecta tanto a personas como a animales, es el centro del vecindario, sin ella nada funcionaría. La vida la ha castigado y eso le ha enseñado a ser dura, a controlar sus pasiones, a proteger su intimidad, pero sin embargo posee una bondad y un sentido de la justicia innatos que disculpan algunas de sus acciones. Magda, la narradora, es una mujer más inmadura, que intenta encasillar y comprender a Emerenc, algo que solo logra al final, cuando es tarde, y en parte por la culpa que su comportamiento le provoca. Es una novela excelente, pero no es uno de esos libros que pueden recomendarse a todo el mundo.
"Ella sostenía que todos esos personajes eran iguales, porque el poder está hecho para mandar y quien lo ambiciona, cualquiera que sea su ideología, y aunque diga representar los intereses de Emerenc, en el fondo lo único que quiere es mandar -no se sabe en nombre de qué potestad- sobre todos y a costa de todo; aparte de que el poder es opresor por naturaleza."

El blog de unlibroaldía también me descubrió a David Toscana, leí tres libros seguidos del autor mexicano (por lo que mejor lo comento en otra entrada). Del mismo blog salió Sí, de Thomas Bernhard, un libro hecho de un párrafo ininterrumpido de más de 120 páginas, cuya estructura contribuye a transmitir la sensación de agobio de su protagonista, que empieza la historia desahogándose en casa de su amigo y confidente Moritz para saltar, en una fuga de ideas en la que describe el lugar en el que reside y los motivos que le impulsaron a mudarse allí, a las emociones de la Persa, una mujer que al principio le salva de sí mismo, con la que se siente identificado ya que ambos comparten el mismo proceso autodestructivo. Es una narración neurótica y trepidante, en un ambiente abrumador, tenso, gris y húmedo, medio derruido como las vidas que describe. Te impacta y te deja sin aliento.
“Constantemente intentamos descubrir motivos ocultos y no avanzamos, sólo complicamos y trastornamos aún más lo que ya está suficientemente complicado y trastornado. Buscamos un culpable en nuestra estrella que, la mayoría de las veces, si somos sinceros, sólo podemos calificar de mala estrella. Cavilamos sobre lo que podríamos haber hecho de otra forma o mejor, y sobre lo que, posiblemente, no hubiéramos debido hacer, porque estamos condenados a ello, pero no conduce a nada”

Stories of your life and others, de Ted Chiang, es una colección interesantísima de relatos. Son historias muy originales, con planteamientos muy inteligentes que te hacen pensar, bien resueltas, bien escritas, imprevisibles y que te mantienen enganchado. El relato que da título al libro sirvió de base para la película Arrival (La llegada). Después de leer el libro la conclusión es que su autor es un genio.
Sabía que era insensato; los hombres con experiencia dicen, hay cuatro cosas que nunca vuelven: la palabra hablada, la flecha lanzada, la vida pasada y la oportunidad desperdiciada." 

Mencionar también a Marcel Schwob. Las vidas imaginarias son una colección de biografías breves que fácilmente podrían haber sido. La cruzada de los niños es una maravilla, cada capítulo está relatado por una voz diferente en la que se narran los diferentes episodios y la progresión de esa cruzada infantil, una suerte de flautista de Hamelin, abocada al fracaso y en la que no se pierde la esperanza de un milagro. Un libro breve, fácil de leer y con un estilo magnífico. Para disfrutar.

Martes con mi viejo profesor de Mitch Albom es una breve biografía sobre alguien entrañable, el profesor Morris, jubilado y enfermo de ELA, que imparte sus últimas clases desde casa mientras su cuerpo se consume. No obstante el cuerpo no es más que un cascarón, el espíritu sigue ahí y el profesor no permite que la enfermedad lo arrastre. Son lecciones sobre el sentido de la vida, los valores, el amor, la familia, el matrimonio, los amigos y el aprender a aceptarse y perdonarse, sin permitir que el arrepentimiento por el pasado repercuta en el futuro.
"A veces no eres capaz de creerte lo que ves, tienes que creer lo que sientes. Y si quieres que los demás lleguen a confiar en ti, también tú debes sentir que puedes confiar en ellos, aunque estés a oscuras. Aunque te estés cayendo."

No todas las recomendaciones del blog de unlibroaldía son un acierto, de hecho "El bar de las grandes esperanzas" de JR Moehringer no me convenció, en parte es culpa mía, no terminó de conectar con esa temática de varón adolescente inmaduro. Es una autobiografía, centrada durante la infancia más en la figura de la madre y en la nostalgia del padre, en la que luego, a partir de la edad legal, el bar pasa a cobrar protagonismo y a convertirse en una parte más de la caótica familia del autor. Sin embargo, el bar es más bien un refugio para escapar de la vida, sus dificultades, sus inseguridades, pero no es una solución, para eso hay que madurar, salir del cascarón, algo que al protagonista le cuesta. Es un universo masculino, de un muchacho no demasiado admirable, y en vías de acabar alcoholizado, al que le cuesta abrir los ojos (y que tras momentos de lucidez tiene tendencia a volverlos a cerrar). No está mal pero a ratos es desigual, con momentos un poco pesados y a veces dan ganas de sacudir al protagonista y gritarle que espabile.

No sé dónde oí hablar de Los palimpsestos de Aleksandra Lun, una novela de locos, literalmente, en la que un escritor polaco está encerrado en un manicomio belga por escribir una novela en antártico, motivo por el que ha sido perseguido y atacado en diversos lugares del mundo. En el manicomio encuentra a otros escritores que defienden la postura de escribir en otra lengua distinta a la materna, mientras la psiquiatra trata de convencerle de que eso no es correcto. Es original pero resulta algo repetitiva.

La caja de Bernit es un cuento de fantasía que leí para desconectar, se trata de una historia muy imaginativa, entretenida, con reminiscencias del Señor de los Anillos, también a Laura Gallego y algún personaje me recordó a la Historia del rey transparente de Rosa Montero. El principal fallo es el estilo, se lee bien, pero resulta demasiado básico.

En cuestión de cuentos, no hay nada mejor para iniciar a los peques en el amor por los libros y si el protagonista es el Dragón Coco el éxito está garantizado. Es una serie muy amplia y muy entretenida, incluso para los mayores, al Principito le encanta.

Pasaré por encima de otros libros, algunos bestsellers, que no me han convencido. El ruiseñor, de Kristin Hannah, es la historia de dos hermanas en la Francia ocupada. Es una historia de supervivencia y de resistencia durante la 2ª GM, Vianne debe cuidar de su familia y sobrellevar las duras condiciones de vida, para lograrlo no quiere mirar, pero no puede evitarlo. Isabelle, su hermana, más impulsiva, decide luchar por la libertad desde el principio y formar parte activa de la Resistencia. La trama es buena aunque el estilo de la narración deja algo que desear, es demasiado emocional, y no es que no haya emociones que contar, pero tanto a las emociones como a los personajes les faltan matices, todo es blanco y negro, extremo, sin escala de grises, sin profundizar. En La bibliotecaria de Auschwitz el autor ha querido plasmar toda la documentación de su trabajo de investigación y lo hace en forma de recuerdos que cortan la historia.

Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout, me pareció insulsa y totalmente prescindible. El ladrón de sueños, supuesto Finalista Premio Planeta de Verónica García-Peña, es un folletín con todos sus ingredientes (investigación, romance, locura, desapariciones, asesinatos y hasta fantasmas), para pasar el rato, con cierto aire gótico, entretenida y olvidable. Fácil de leer, previsible y sin nada especial. La felicidad es un té contigo, de Mamen Sanchez, es otro folletín aunque en este caso con tintes de caricatura, y habría estado bien si hubiese mantenido ese humor, el problema surge al abordar temas más serios, aunque quizá sea un buen guión para una película de Almodovar.

Con esto lo dejo, no sin felicitar y compadecer al pobre que haya aguantado mi rollo literario hasta el final. He sacado a David Toscana y a Jon Kalman Stefansson para dedicarles una entrada propia y aliviar un poco esta, no obstante aún es muy larga.

jueves, 13 de abril de 2017

Aceites cosméticos

Llevo tiempo queriendo escribir esta entrada, pero confieso que me daba pereza. Si pretendía hacerlo medio en condiciones antes debía recopilar y ordenar datos, no podía ponerme a hablar del tema desde mi ignorancia. Esta tarde no era mi intención sentarme a escribir el post, pero he encontrado una página que me ha facilitado bastante las cosas, así que aquí va un resumen.

Los aceites vegetales se pueden usar puros, unas gotas bastan, aunque otra opción es combinarlos con la crema de tratamiento habitual o con gel de aloe vera. Otra alternativa es aplicarlos como limpiadores y retirarlos después con un paño de microfibra humedecido en agua templada. No hay que confundirlos con los aceites esenciales o aromáticos, la mayoría extraídos de especias, cítricos y hierbas, muy usados en perfumería y aromaterapia y tan intensos que solo se precisan unas gotas. El uso cosmético de estos últimos ha de ser siempre en combinación porque, por sí solos, son irritantes.

Antes de usar aceites cosméticos hay que tener algunos factores en cuenta, sobre todo cuando la piel es sensible o se tienen antecedentes de acné. Es por ese motivo por lo que la composición en ácidos grasos es importante, no conviene abusar de las grasas ricas en ácido oleico (omega9) en las pieles acneicas, pero tampoco es un componente a desdeñar porque su capacidad de penetración es más alta, si la piel es seca hay que buscar un equilibrio entre la composición de ácido oleico/linoleico (omega6). Otro factor a tener en cuenta en caso de acné es el riesgo comedogénico que depende de la capacidad de cada aceite para obstruir los poros. Parece una aberración usar aceites en el acné, pero no hay que olvidar que, con frecuencia, son pieles maltratadas y la irritación agrava aún más el problema; es una piel que precisa cuidados especiales, se necesita regular la secreción de grasa, pero muchos tratamientos son tan agresivos que provocan un efecto rebote indeseado. En el acné hay un desequilibrio entre la secreción de ácido oleico y linoleico a favor de del primero por lo que un aceite podría compensar el problema. Lo difícil es averiguar cuál sería el mejor en cada caso.

En caso de pieles acneicas los aceites más adecuados serían el de semilla de cáñamo en pieles grasas y sensibles que, junto con el de semilla de uva (con vitamina E), es uno de los aceites más ricos en ácido linoleico y sin potencial comedogénico. Aclarar que el aceite de cáñamo no contiene cannabinoides (que se extraen de las flores), es un producto delicado, se estropea con facilidad y conviene guardarlo en nevera (o añadirle un poco de vitamina E para prolongar su vida). Si la piel es seca se prefiere el aceite de argán, que contiene una proporción equilibrada de ácido oleico y linoleico, pero no obstruye los poros y no provoca granos. Otra buena opción es el aceite de higo chumbo en pieles mixtas o sensibles, también útil para reducir las ojeras, y en pieles muy, muy secas se recomienda la manteca de karité porque, a pesar de su densidad, su índice comedogénico es nulo.

No todos los denominados aceites son tales, el de jojoba, por citar uno de los más frecuentes, es en realidad una cera, y su contenido en ácidos grasos es bajo, es también lo más parecido a la grasa que la piel produce naturalmente por lo que es ligero, bien tolerado y no comedogénico. Se indica en acné porque su uso habitual regula la secreción grasa de la piel, aunque no a todo el mundo le va bien. Es también un buen aceite para el pelo, en ese caso hay que poner solo unas gotas o no hay quien lo quite, yo prefiero untarlo antes de lavarlo, a modo de mascarilla, en el cabello húmedo, y me gusta mezclarlo con miel, que además ayuda a limpiarlo. El aceite de ricino se aconseja para el pelo, las cejas y las pestañas, aunque conviene suavizarlo con otros aceites más ligeros, como el de argán, porque es muy denso. Otros aceites que se recomiendan para uso capilar son el de coco, el de argán y el de cáñamo. Un truco cuando el pelo se queda un poco más graso, sobre todo en las raíces, es frotar agua micelar. Este también es un buen método para prolongar 1 o 2 días el tiempo entre lavados, da textura sin apelmazar y en el caso de cabellos rizados ayuda a recuperar el rizo (algo que no consigue el champú en seco). Los sprays de aguas termales también aportan textura y no ensucian el pelo como las lacas y las espumas.

El aceite de oliva y el de coco contienen gran cantidad de ácido oleico por lo que se recomiendan en pieles secas, pero no con acné, especialmente el de coco que tiene un alto índice comedogénico. Ambos me encantan para los pies, me los embadurno bien y los envuelvo en papel film de cocina que sujeto con unos calcetines hasta el momento de retirarlo en la ducha. El aceite de almendras es denso, rico en oleico, está indicado en pieles secas y sensibles o en masajes corporales. El aceite de aguacate también es rico en oleico, aporta firmeza y es un estupendo antiarrugas, algunas cremas de ojos con buena fama, como la de Kiehl's, contienen este aceite. Otros buenos aceites, pero no para todas las pieles, son el de linaza (útil en caso de eccema, con poco oléico y más linolénico, omega3, que linoléico) y el de marula (muy hidratante y nutritivo porque contiene más oleico). Ambos poseen capacidad comedogénica, el linolénico también obstruye los poros, así que hay que tener cierto cuidado, aunque cada piel reacciona de distinta manera. Estos dos últimos aceites se encuentran entre mis favoritos, no me irritan la piel sino que la calman al momento y el de linaza es de tacto seco, de hecho me ha sorprendido que se encuentre entre los peligrosos para el acné, desconocía lo de la comegenicidad del linolénico.

El aceite de rosa mosqueta posee propiedades cicatrizantes e incluso hay un preparado en parafarmacia, Repavar, al que le han añadido factores de crecimiento para potenciar esa característica. El aceite puro se puede usar como enjuague en heridas bucales y como coadyuvante en el tratamiento de la gingivitis. No es tóxico y no pasa nada si se traga. En el caso de los sangrados leves y repetidos de nariz funciona bien como preventivo. El aceite de tamanu es más denso, pero comparte efecto cicatrizante con el de rosa mosqueta y al parecer va especialmente bien en aplicación local en cicatrices de acné. El aceite de borraja contiene ácido Gammalinolénico con cualidades antiinflamatorias y se usa en pieles secas con problemas, como la psoriasis. También para pieles sensibles y con dermatitis o rosacea se cuentan el aceite de grosella y el de comino negro, el primero algo más denso pero agradable y bien tolerado. El aceite de frambuesa es rico en vitamina A, regenerante y antiarrugas,  y además su nivel de protección solar equivaldría a un factor 8. La Vitamina A, junto con la K, la C y la E están presente en el aceite de espino amarillo, un aceite anaranjado, calmante, que se emplea para curar heridas e incluso proteger de la irradiación. Otros aceites con protección solar natural serían el de baobab, antiarrugas, antiestrías y útil para domar el pelo, y el de salvado de arroz, antiarrugas. Todos los aceites de este párrafo poseen una baja comedogenicidad.

Tengo la sensación de que hay aceites de casi todo, incluso de semillas que no sabía que existían, si en los comentarios alguien quiere aportar su sabiduría al respecto, es bienvenido. No he encontrado aceite de plátano, con lo bien que va frotar el interior de la cáscara para calmar la piel. Las firmas de lujo han visto un filón en estos productos y algunas combinan varios aceites a precio de metales preciosos, es interesante leer la composición para hacerse una idea del coste real. No voy a negar que algunos son excelentes, el de Sisley de rosa negra es una delicia y el Elixir Premier Cru de Caudalie combina aceite y serum en un único producto, es un producto muy agradable, no comedogénico y contiene una buena cantidad de antioxidantes de efecto antiedad. No obstante, además de mucho más barato, me parece más interesante jugar a los boticarios y, con un frasco de cristal y un cuentagotas, preparar una mezcla personalizada.

Para intentar hacerlo más claro, os añado una tabla resumen, la fila superior refleja el índice comedogénico, y según eso qué aceites irían mejor para cada tipo de piel.



jueves, 16 de marzo de 2017

Sweet sixteen

Sé que Ciclón no me iba a echar en cara que no le escribiese una entrada por su cumpleaños, pero eso no significa que no piense que no le vaya a hacer ilusión, así que, aunque no se me ocurre nada en particular, aquí le haré su pequeño homenaje.

Hay cosas que no cambian nunca, cuando te lo cuentan, no te crees que la vida es cíclica, pensamos que somos diferentes y nos choca descubrir rasgos que nos revelan que no es así. Un día nos damos cuenta de que los papeles se han invertido y nos oímos repetir frases de nuestros mayores mientras que los jóvenes reproducen actos de un comportamiento pasado que alguna vez fue el nuestro, y que casi habíamos olvidado. Me hace gracia ver todas estas cosas reflejadas en mis sobrinas.

Aunque ya es una adolescente completa, y el perfecto prototipo de lo que son los adolescentes tanto de antes como de ahora, con sus historias de chicos, de instituto, sus ganas de fiesta, y su adicción enfermiza a la tecnología, mi sobrina mediana todavía hace honor a su alias de infancia y cuando sale cada mañana al instituto, según informes telefónicos de hermanísima, deja su habitación como si hubiese pasado por allí un tornado. En ese cuarto solo duermen ella y el gato, pero ya se sabe que los leones también son felinos y la fama que tienen las leoneras, así que no creo que toda la culpa sea de la chiquilla, seguro que la naturaleza del minino contribuye a que el dormitorio no presente el aspecto que hermanísima desearía. De todos modos, contentar a hermanísima en cuestiones de orden no es tarea sencilla, lo sé por experiencia. Ni siquiera la convivencia conmigo moderó sus instintos, ni los míos (a pesar de que aquello fue toda una terapia de choque para ambas).

El que el gato haya escogido al Ciclón como compañera de cama, a pesar de todas las perrerías que le hace, tiene su explicación: mi sobrina es la alegría en persona. Posee una alegría despreocupada, sabe relativizar la importancia de las cosas (un don que en ella es casi innato, y que por desgracia otros nunca aprenden) y se ríe hasta de su sombra. Es optimista y positiva. Le encanta sacar punta a las cosas, y lo hace con mucha naturalidad, y aún más guasa. Además del animal, la otra víctima de sus bromas es su hermana mayor. Ambas son como el perro y el gato, Ciclón no puede resistirse a tomarle el pelo a sobrinísima, y eso que sabe que a la otra le falta tiempo para entrar al trapo y tomarse la ofensa a pecho. Hermanísima se pasa el día oyendo sus quejas, y a veces les hace más caso del que merecen, parece que se hubiese olvidado de lo que era ella a esa edad (y el hermano no le iba a la zaga, aún recuerdo con pavor algunas comidas familiares en las que nadie tenía reparos en airear las vergüenzas de los otros).

Esto me devuelve al principio, hay cosas que nunca cambian, y espero que la alegría de Ciclón y su modo de ver la vida sea una de ellas para que sea siempre muy, muy feliz.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Día internacional de la mujer por Hermanita

Hermanita siempre ha sido una activista, no hay peligro de que se quede sin expresar sus ideas, y dado que es una mujer que piensa, su punto de vista no carece de interés, aunque no siempre se esté de acuerdo con él. Si hubiese nacido un siglo antes, habría acompañado a Emmeline Pankhurst en sus campañas. Sin duda.

La celebración del día internacional de la mujer sirve como pretexto para que cualquiera opine, con o sin criterio, y al final ha puesto a prueba la paciencia de mi hermana pequeña. Son logros que ha costado mucho conseguir como para ningunearlos. Hasta iniciar el comienzo de la igualdad fue necesaria una Revolución Industrial, el movimiento sindical, el sufragista y una primera Guerra Mundial que diezmó la población masculina y concedió protagonismo a las mujeres (un papel que se reforzó en una segunda guerra y al que las mujeres no estaban dispuestas a renunciar, el mundo había cambiado demasiado y si las mujeres contaban en los momentos malos, también iban a contar en los buenos).  

Al llegar a casa me he encontrado con un mensaje de mi hermana en el correo, es una entrada para el blog, con un enlace muy interesante, que copio a continuación:

"Ante la cantidad de chorradas que he leído hoy (especialmente en las redes sociales), iba a escribir un enlace en el Facebook que me ha quedado un poco largo. Te lo mando por si quieres ponerlo en el blog, aunque si no quieres abrir polémica entiendo que no quieras subirlo.

Por si alguien tiene interés en el Día Internacional de la Mujer, más allá de hacer política, recomiendo el resumen que hace la ONU sobre cómo se ha celebrado este día y por qué hemos llegado a él. Los últimos dos siglos han sido cruciales en lo que a movimientos sociales se refiere, movimientos que buscaban la conquista de derechos civiles y sociales que, paradójicamente, eran solo para un colectivo, el hombre blanco.

Este día ha sido un día importante en nuestra historia. Mujeres de todo el mundo decidieron plantarse ante el poder establecido por diferentes motivos, pero siempre luchando contra la injusticia, ya fuera la guerra, el derecho al sufragio o las condiciones laborales. Se terminó unificando e internacionalizando con la Revolución Rusa, pero va más allá del socialismo (de la época) y sería una pena que nos quedáramos solo con eso.

Este día, que debería servir para reflexionar sobre los logros alcanzados y sobre lo que queda aún por hacer, parece que es un día marcado políticamente. Lo que podría ser una oportunidad para que las mujeres uniéramos nuestras voces se convierte, de nuevo, en un motivo de disputa y división, perdiendo todo el sentido que tenía entonces. Hay que ver qué dañina es la ignorancia.
http://www.un.org/es/events/women/iwd/2011/history.shtml "

martes, 28 de febrero de 2017

A Sobrinísima por sus 18 años

El otro día me preguntó House qué diría si tuviese que hablar durante 10 minutos al mundo y todo el mundo estuviese obligado a escucharme. ¡Demasiada responsabilidad! No creo que nada de lo que yo tenga que decir sea tan interesante. De hecho llevo varios días, mejor dicho semanas, dándole vueltas a esta entrada. Sobrinísima cumple 18 años y ya el año pasado me recriminó, no sin razón, que no escribiese nada ese día en el blog. En esta ocasión aún tendría más razón para abroncarme.

No pude evadir la cuestión de House. Intenté escaquearme, pero él insistió. De nada me sirvió tratar de devolverle la pelota, al parecer era yo la que tenía que hablar, no él, y el problema es que, de verdad, no tengo mucho que aportar, ni a sobrinísima ni al resto del mundo.

Divagué un poco. Supongo que algunos hablarían de dinero, de poder, de arreglar el mundo (¡cómo si fuera posible!), de amor, de espiritualidad... No es lo mío, si algo me caracteriza es mi sentido práctico, cuando algo no es útil no tiene sentido darle vueltas, así que en mi discurso hablaría del día a día, de esas cosas pequeñas que contribuyen a la felicidad.

Es curioso, la felicidad está en uno mismo, al menos en cada uno reside la semilla para ser feliz, si uno cede la responsabilidad de su felicidad a los demás, no conseguirá nada. Sin embargo la felicidad no es egocéntrica, al contrario (al menos la mía), es un sentimiento expansivo que precisa contagiar a otros para desarrollarse.

La sonrisa es un requisito, no solo mejora el aspecto del que lo luce, como ya he comentado anteriormente, sino los ojos con los que le valora el resto. Al sonreír a alguien, la respuesta normal es que te devuelvan esa sonrisa y que con ese gesto caiga alguna barrera, no en vano se dice que se cazan más moscas con miel que con vinagre. Sonreír es fácil, pasear la sonrisa alegra un poco el día.

Una de las cosas mejores de mi profesión, y que hace que cada vez me guste más y disfrute más con lo que hago, es la posibilidad de ayudar a otros. Saberse útil hace que la vida cobre sentido y se sume otro punto a la propia felicidad. ¿Vocación? Dudo que la tuviese cuando empecé, opino que en el caso de la Medicina la vocación se desarrolla junto con la profesión. Disfrutar del trabajo también contribuye a la felicidad, todo tiene su parte positiva y su negativa, nada se salva de su sambenito, no obstante hay que aprender a apreciar lo bueno que hay en casi todo. No sé si mi optimismo es fruto de mi pragmatismo o al revés, pero ambos están muy relacionados: ¿para qué perder el tiempo en algo abocado al fracaso? Si se intenta es porque es posible.

Los seres humanos estamos llenos de contradicciones, tenemos días buenos y malos, muchas veces actuamos de forma distinta a nuestras ideas, no dedicamos el tiempo a lo que nos parece importante sino a algo superficial o directamente a nada. Nos equivocamos y hemos de asumir nuestros errores para madurar. Para juzgar existen los jueces y su tarea no es fácil ni algo que se pueda practicar alegremente; mejor ir por la vida sin criticar, y mucho menos cuando con frecuencia no conocemos todos los hechos. Ya lo decía mi abuelo, para decir algo desagradable, uno mejor se calla, y gracias a ese consejo se ahorran errores de juicio y discusiones estúpidas. Es mucho más fácil ser tolerante con uno mismo que con los demás, solo con la práctica se consigue aplicar a los demás el mismo rasero, y eso no siempre. Hay que intentar ponerse en el lugar del otro para comprenderlo. La comprensión es la base de la paciencia, al menos de los que no la tenemos de manera innata.

Igual que la felicidad propia repercute en otros, lo mismo sucede con la felicidad ajena, es un círculo vicioso, hacer a alguien feliz hace a uno mismo más feliz. No hay que ser médico para lograrlo, están la familia, los amigos, y en realidad cualquiera, los gestos de cariño, o la simple amabilidad, hacen que todo el mundo se sienta mejor. Siempre hay pequeños detalles capaces de despertar ilusión y también pequeños detalles por los que no merece la pena amargarse la vida, otra cosa que hay que aprender es a poner las cosas en perspectiva y no dar a las nimiedades más valor del que tienen (casi ninguno), solo son irritantes cuando se les presta atención.

Son cosas pequeñas, sencillas, aunque cuesta descubrirlas, y que al practicarlas, crecen. Después de perfilar mi "discurso", House me confesó que la idea se le había ocurrido por la generalización de las redes sociales, entre ellas mi blog, como una ventana al mundo. La gente habla de su look, del último bolso que se ha comprado, se centran en ellos mismos como si fuesen algo relevante, no miran alrededor, que no es nada más que eso que gira en torno suyo. Lo llamativo es la popularidad que muchos consiguen con ese sistema. No obstante, en palabras de House: "El ser humano, cuando progresa y crece, es cuando mira a las estrellas, no cuando se mira su propio ombligo."

Para terminar esta entrada solo me queda desearle mucha felicidad a Sobrinísima en su mayoría de edad y espero que mi experiencia le sea útil para lograrlo. Por supuesto no debo pasar la oportunidad de plantearos la pregunta: ¿de qué hablaríais vosotros al mundo en esos 10 minutos?

miércoles, 15 de febrero de 2017

Malditas estadísticas

La Medicina son estadísticas, tanto para la bueno como para lo malo, las complicaciones existen, incluso aunque uno se haya esmerado en hacerlo todo bien. Ese esmero es inevitable y es una combinación de tesón, lucha, pundonor y responsabilidad. No se puede abandonar cuando las cosas se complican porque una cosa es perder una batalla y otra dar por perdida toda la guerra, y hay batallas cruciales.

Hace unas semanas tuve uno de esos quirófanos en los que se entierra la autoestima. Todo empezó bien, salió el primer paciente, el segundo, y nada hacía presagiar lo que se avecinaba. Entró la tercera, una niña preciosa, como una muñeca. Ya en el preoperatorio la había visto el hematólogo porque sus valores de coagulación no eran normales. No obstante, después de estudiarla, no parecía tener ningún problema, aunque en esos estudios tiene más confianza el hematólogo que el cirujano.

La cirugía de amígdalas y adenoides en los niños no presenta dificultades técnicas, las vegetaciones se legran y se pone un taponamiento que se deja durante la resección de las anginas. Las amígdalas se disecan al tiempo que se queman los vasos sanguíneos con la pinza de coagulación. Al terminar, se retira el tapón y se despierta al infante. Si todo va bien, no hay más. Sin embargo, 1 de cada 50 niños sangra, y esa preciosidad, después de una hora de taponamientos, seguía sangrando. Revisé, quemé el lecho, le puse vasoconstrictores y activadores de la coagulación. Al final no me quedó más remedio que rendirme y sacarla dormida y taponada. Avisé al hematólogo para contarle lo ocurrido por si consideraba necesario ampliar el estudio.

¿Cómo le explicas a la familia lo que ha pasado? De nada les sirven las estadísticas, eso no les consuela, aunque sí ayudan a explicar que ha sucedido otras veces y que luego todo ha ido bien, que es cuestión de tiempo, de esperar unas horas para que la presión del tapón termine de coagular los vasos. ¿Cómo les tranquilizas cuando tú misma estás intranquila y con el ánimo por los suelos? No hay que permitir que el abatimiento te venza y que se hundan los padres contigo, la confianza es fundamental, hay que dar medida al grado de preocupación y esa medida dependerá mucho de cómo te vean.

Después de aquel trago, aún me quedaba otro caso, otra cirugía sencilla, de esas que la anestesia es más larga que la intervención. Sin embargo, los hados no estaban dispuestos a cambiar las tornas y sí a ponerme a prueba. Tenía que quitar un pólipo de las cuerdas vocales y para eso hay que meter un tubo de metal hasta la laringe a modo de tragasables y luego tensar. Aquella laringe era diminuta, no se podía enganchar, se escapaba, y a la hora de tensar no había ángulo para hacer palanca. Apreté los dientes, aquello no iba a poder conmigo, ese pólipo iba a salir de ahí sí o sí. Perdí la cuenta de los intentos, reconozco que no fue la cirugía más elegante que he realizado en mi vida, pero quité el maldito pólipo. Eso sí, si le sale otra lesión, lo tendrá que intentar otro. Así se lo dije a los familiares.

Aquella tarde me quedé en el hospital. Los anestesistas me habían pedido no dejar el taponamiento de la niña hasta el día siguiente, como es habitual, sino quitarlo al cabo de unas horas. Me pareció bien, de ese modo acortábamos la incertidumbre y reducíamos el riesgo de complicaciones por una anestesia prolongada. Como pocas veces en el hospital y después de ese día mi intención es seguir con esa tónica, el menú no mejora con los años. Esa mañana había metido un libro nuevo de Marcel Schwob en el bolso (Vidas imaginarias y la Cruzada de los niños) y aproveché para leerlo durante la espera. Me gustó tanto que se lo he pasado a la Señora porque sé que es de esos que va a disfrutar.

A las seis de la tarde nos pusimos en marcha. Avisamos a la familia y llevamos a la criatura al quirófano. Todo se desarrolló según lo deseado, quitamos el tapón, todos suspiramos de alivio cuando comprobamos que no sangraba. Luego despertamos a la pequeña sin problema para devolvérsela a su madre.

Estos casos siempre dejan un poso de alarma y unos días después tenía que operar al hijo de otra médico, un chiquillo encantador que hasta me invitó a merendar a su casa según le metíamos en quirófano. ¿Y si se repetía la situación? Afortunadamente no fue el caso, más bien al contrario, ese día todo salió rodado. Sí, por suerte también hay días que ayudan a recuperar la autoestima.