sábado, 3 de febrero de 2018

En plena batalla

Hay días que la consulta parece un campo de batalla. No soy buena estratega, no sé organizarme, quizá porque no sé esperar (me cuesta mucho) y odio hacer esperar a los demás, llegar tarde me causa ansiedad. Tampoco sé decir que no y eso, sumado a lo anterior, no es una buena combinación. Pretendo hacer todo a la vez y eso no es posible. Soy rápida, pero hay cosas que requieren su tiempo y no conviene acelerarlas. Procuro optimizar esos intervalos, mientras algo hace su efecto, aprovecho para ver a otro paciente. En un alarde de sinceridad, le he llegado a decir a algún enfermo que si no le llamo en diez minutos, que me avise, no es imposible que con el trajín se me haya ido el santo al cielo. Sentarme a escribir en las historias es un sueño que a veces no se realiza hasta última hora de la mañana. Primero está la gente, luego los papeles.

Mis pacientes hacen honor a su nombre y tienen paciencia conmigo. Mis Rendus vienen entregados, en su caso es comprensible porque los pobres no tienen mucho donde escoger, lo raro es que no son los únicos: "haga lo que tenga que hacer" o "lo que a Ud le parezca, doctora" son frases que oigo con frecuencia.  Intento honrar su confianza y hacer las cosas lo mejor posible, aunque no siempre salgan todo lo bien que me gustaría. Me concentro en mi tarea y a veces me cuesta salir de mi abstracción y responder cuando me preguntan. Busco las lesiones, no quiero que se me escape ninguna, algunas son traicioneras: malformaciones grandes que se esconden en los recovecos de la nariz, o están en zonas menos accesibles, o más dolorosas... Las veo y las ataco, quiero terminar con ellas, que dejen de darle guerra a mi pobre paciente. Esa maraña de vasos no debería estar allí y mi labor es ponerle remedio. Estoy segura de que los enfermos leen mi determinación en mi cara y no sé si eso les inspira valor o les da miedo y, simplemente, deciden que no es un buen momento para hacer comentarios. Las hay que se resisten, unas sangran hasta forzarme a parar, taponar, apretar y esperar, otras escupen el esclerosante y me obligan a buscar un sitio más idóneo donde pinchar. Otra de las cosas que no sé es cuando conviene rendirse, mientras queden fuerzas y armas, se lucha. Al parecer el tesón es una virtud en medicina (tanto que incluso fue pregunta de MIR hace un par de años), y ya de pequeña tenía fama de cabezota.

No siempre venzo, ojalá, si no resuelvo el problema al paciente le toca volver, y muchos no viven cerca. Es inevitable no sentirse culpable cuando eso sucede, a fin de cuentas el tratamiento depende de mí. Lo mínimo que puedo hacer es atenderles cuando lo necesitan, las hemorragias no se prestan a agendas ni a citas y quizá mi falta de organización suponga una ventaja en ese aspecto. Si fuese una obsesiva del orden y tuviese que seguir una pauta, habría entrado en crisis hace tiempo.

7 comentarios:

Chelo dijo...

Entiendo y alabo ese "no sé es cuando conviene rendirse, mientras queden fuerzas y armas". Es lo que todo deberíamos hacer, pero en tu caso, más aún. Es admirable tu tesón, Sol.
Me encanta cómo transcribes lo que pasa en "tu" realidad y en tu cabeza.
Un beso y feliz finde.

Sol Elarien dijo...

A veces me planteo si mi cabeza contiene toda la cordura que debería, posiblemente no y así tengo la facilidad que tengo para meterme en líos, sin buscarlos, me encuentran solos.
Besos.

Ester Carrasco dijo...

Sol, con tus historias y vivencias haces que sintamos tan cercano el trabajo de los medicos,
Para mi tiene mucho valor lo que nos transmites.
Gracias por lo que haces y por como nos lo cuentas.

Paloma Fernandez Salazar dijo...

Prima, con lo diferentes que somos y qué parecidas en lo de no saber esperar, en la angustia por la tardanza y en lo poco organizada en eso sí que nos parecemos. No soy por supuesto capaz de abstraerme como tú.
Ojalá!! Mi madre siempre me ha dicho que me distraigo con una mosca! Pero a ti te he visto desde que eramos pequeñas has traído de concentrada en tus libros, sin nada que perturbara tu momento. Ya de pequeños ni siquiera a tus primos se nos ocurría distraerte imagino que ahora a tus pacientes ni se les pasa por la cabeza. Tendría que haber más gente como tú en el mundo prima. Mil besos. Paloma

señora dijo...

Es curioso el contraste entre tu comportamiento en la infancia, totalmente abstraída, tranquila en tu lectura y en muchas ocasiones simplemente en tu mundo, y esta situación de idas y venidas sin tregua de tu trabajo, en un intento imposible de conseguir el don de la ubicuidad o de recuperar lo casi perdido. Solo puedo darte ánimos para que en ese desorden sigas con el tesón que te caracteriza y espero que tu afán de ser útil y ayudar a tus pacientes se vea recompensando con el éxito de tus intervenciones. Por ti y por ellos.

Sol Elarien dijo...

Lo curioso es que la sensación de concentración en la tarea es casi la misma, con los libros no me muevo por fuera porque me muevo por dentro, con la historia, con mis pacientes me toca actuar de verdad.
Eso de que los médicos son un ser diferente que ni siente ni padece es algo que solo existe en la cabeza de los pacientes, porque en la mayoría la preocupación por el paciente y por no cometer errores está siempre presente, supongo que el mito es porque conviene transmitir seguridad.
Gracias a las comentaristas, os he hecho una respuesta conjunta. Muchos besos.

Soraya dijo...

Sol, es maravillosa la capacidad que tienes para expresar tan bien los sentimientos y sensaciones que se tienen en momentos como esos en los que sólo puede saberlo la persona que lo vive.
Quien no conoce nuestra enfermedad, no puede saber lo valiente que se tiene que ser para enfrentarte cada martes a esta enfermedad, poniendo la mejor cara del mundo.
Mil gracias.