viernes, 31 de mayo de 2013

Perjudica seriamente la salud

Comienza una mañana de consulta. Aviso al primer paciente. Le examino a simple vista: es un hombre con sobrepeso y con el rostro congestionado.
- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Qué le ocurre?
- Mi mujer dice que ronco por las noches.
Estoy segura de que su mujer no miente. Lanzo la primera andanada en la frente.
- ¿Fuma?
- Sí.
Era una pregunta casi retórica. Su aspecto ya lo decía por él, eso por no hablar del tufo a tabaco que exhala su persona.
- Pues debe dejarlo - declaro.
Me preparo. Ahora viene la pregunta del millón, esa que me han hecho un millón de veces.
- ¿Qué relación tiene con el ronquido?
¿Por dónde empiezo a contarle? Rinitis, faringitis y bronquitis a los que se añaden problemas digestivos que no contribuyen al buen estado de las vías aéreas ni durante el día, ni durante la noche. Pese a mi disertación no convenzo al paciente que no está dispuesto a abandonar su cajetilla.

Siguiente paciente. Misma rutina de buenos días e interés profesional.
- ¿Qué le ocurre?
- Respiro mal por la nariz.
¿Desviación septal, rinitis, poliposis, algo peor? Sólo hay un modo de salir de dudas: le exploro. El tabique está bien pero la mucosa está inflamada y los cornetes no dejan espacio ni para las burbujas.
- ¿Fuma? (otra cuestión retórica)
- Sí.
- Pues debe dejarlo (creo que la frase "debe dejar de fumar" tendría que figurar en la puerta de mi consulta, para que el paciente la lea en la sala de espera y se conciencie del tema antes de entrar).
- ¿Por qué? Llevo 40 años fumando y he empezado a respirar mal hace sólo unos meses.
Ya estamos. Otro adicto que defiende la inocencia del cigarrillo. Cree que pertenece a una subespecie diferente a la que el tabaco no le afecta. Total, su abuelo fumaba y vivió casi 100 años. Es una lástima que sólo comparta un 25% de sus genes con su famoso abuelo y que no le hayan tocado los de la inmunidad al cigarrillo.
Le explico la ciencia escondida tras el humo: es un irritante que inflama la mucosa, y eso es precisamente lo que a él le sucede. Le mando lavados y sprays, pero su gesto delata que confía en curarse por sí solo porque ni dejará de fumar, ni usará el medicamento.

Vamos a por el tercero. Saludos y pregunta sobre su estado de salud (en la consulta no hay tiempo para preámbulos sociales).
- Siento algo raro que me molesta al tragar. Estoy preocupado porque mi padre y mi hermano murieron de cáncer de garganta.
En este caso el abuelo centenario no cuenta, la herencia no le protege.
- ¿Ud. fuma? - tengo la esperanza de que, con semejantes antecedentes, albergue algo de cordura.
- Casi 3 paquetes al día.
Mi gozo en un pozo, la cordura no forma parte de sus cualidades. Sus tres paquetes me han abierto unos ojos como platos. Está claro que el paciente ha pensado que con la lotería genética no tenía garantías y, si de verdad quería arriesgarse a que le tocase un cáncer, él también tenía que poner algo de su parte. 
- ¿Sabe que debe dejarlo?
La esposa me mira resignada, con cara de circunstancias.
- Es que no puedo - es la respuesta.
Si el enfermo dice que no puede, significa que ni siquiera va a intentarlo. Es un caso serio, tomo medidas para motivarlo. Lo primero es ponerme la máscara de severa institutriz.
- Tiene una laringe horrible - le explico mientras le miro, podría habérselo dicho sin necesidad de mirarle pero con la acción combinada resulta más convincente. Por desgracia ni exagero, ni le engaño. - Si no deja de fumar acabará con lo mismo que el resto de su familia, si es que no hay algo de eso ya (sigo sin exagerar).
El paciente palidece. Su expresión de "no puedo" desaparece. El miedo le ha dado el valor suficiente como para plantearse que, a lo mejor, sí que puede. Vamos por buen camino. Lanzo la caballería para instigar la batalla.
-  El caso es que no me gusta, no me fío del aspecto: moco, inflamación, costras y zonas parcheadas con diferente color. Debo meterle en quirófano para hacerle una biopsia.
Ya he soltado la bomba. Espero un momento, no demasiado largo, a que asimile mi frase y le haga efecto y paso a calmar los daños (se trata de asustarle, no de ahuyentarle).
- Creo que aún estamos a tiempo de prevenir algo malo, pero una cosa ha de quedar clara: es Ud el que debe poner los medios para solucionarlo, yo no puedo hacer su parte. Le revisaré y estaré encima, puedo ser muy pesada si es necesario, pero me limitaré a darle recomendaciones y a operarle si llega el caso. Ya lo sabe: lo primero es dejar de fumar y lo tiene que hacer desde ya si no desea que, en lugar de una biopsia, en unos meses acabemos por abrirle el cuello.Confieso que me gusta operar pero no desearía llegar a ese extremo.
El paciente asiente, casi casi convencido.
- Le prometo que me lo tomaré en serio.
La mujer arquea las cejas sorprendida, no puede creer que, de verdad, se lo haya propuesto.
Insisto un poco más. Afianzar las ideas en la mente de algunos requiere tesón.
- Sinceramente, eso espero. Si no lo hace es Ud. el que saldrá perjudicado y en su caso, por desgracia, no es una probabilidad sino una certeza. De momento, veremos qué nos encontramos en el quirófano.
Añado algo de política, con lo de los intereses ocultos de la privatización le explico cómo funcionan las cosas y a qué amenazas se enfrenta además de la de su dependencia.
- Es posible (aunque no es un candidato ideal porque no está perfectamente sano, el tabaco le ha pasado factura en varios aspectos) que le llamen desde otro centro y le aseguren que tenemos una larga lista de espera. Si eso sucede sepa que es mentira, si quiere irse a otro hospital puede hacerlo, pero que sea por decisión propia no por un falso motivo.
Aquí le he dejado la puerta abierta para que escape. Es fácil que en cualquier otro lado encuentre a alguien comprensivo con sus debilidades, que no le eche un rapapolvo y le explique las cosas con más dulzura.
El paciente me mira y declara:
- Quiero que me opere Ud. No voy a irme a ningún otro hospital.
¡Sorprendente! Parece que mi agresiva táctica ha surtido efecto, pero es pronto para lanzar las campanas al vuelo. La representación no ha terminado, en este caso tendré que interpretar el papel de institutriz durante una larga temporada para evitar que recaiga.

jueves, 30 de mayo de 2013

La inquietud de los muertos

El título de este post puede parecer macabro pero en realidad es sólo irreverente, ¡aunque con los vivos! ¿Por qué? Porque la enfermedad de los muertos, los que les trastornan en su reposo, son precisamente los vivos.

Morir es descansar en paz, y ese deseo es el que se escribe de distintas maneras en el epitafio de todo el que deja atrás el trajín de esta vida, o al menos eso cree. Hay casos en los que ese descanso en paz es pura ironía. ¿Acaso afirmo una herejía? En absoluto, de hecho los primeros en romper la tranquilidad de la víctima son, con frecuencia, los más devotos. Tras el deceso de un ser humano extraordinario (según algunos, ya que como en todo hay casos opinables) se busca el modo de llevarlo a los altares. Independientemente del proceso de beatificación y canonización posterior también hay una serie de sucesos que afectan directamente al cadáver. Si el pobre tiene la desgracia de que el lugar escogido para enterrarle era tan seco como para no permitir la descomposición biológica del cuerpo, sino que se conservó como una momia incorrupta dentro de su tumba, puede contar con ser sacado de ella para pasar a ser expuesto, entero o por partes, en los diferentes santuarios dedicados a su persona. Trocear un cuerpo estaba bien visto por la Iglesia siempre y cuando los restos en cuestión perteneciesen a un santo y se fuesen a dedicar al culto. Es una suerte que la mayoría de los santos se caracterizasen por su polidactilia, gracias a eso las reliquias de sus dedos se han repartido por cientos de lugares del mundo.

La comunidad científica es otra que ha demostrado un interés natural por los cadáveres (o si no que se lo digan a los generosos donantes que han entregado el suyo para que los estudiantes y los médicos podamos disecarlos). En muchos casos no queda títere con cabeza, literalmente. La práctica de ir a buscar huesos a los cementerios todavía está en vigor, o estaba en mi época. Hermanísima me echó de la habitación que compartíamos el día que llevé la bolsa llena de huesos a casa para estudiar. Al igual que mis antecesores, en esos momentos me sentí una incomprendida. Claro que no tanto como durante los siglos de persecución, en los que los propios científicos podían convertirse en especímenes para la experimentación de sus compañeros, si es que su paso por la hoguera dejaba algún resto. Seguro que los restos no iban a ser aprovechados por la Iglesia, salvo que se tratase de algún dedo compartido con algún santo (aunque fuese con una duda razonable).

Los humanistas tampoco se libran de esta acusación. Si un pobre cuerpo tiene la desgracia de, tras haber descansado en paz durante miles y miles de años, ser encontrado, lo que le sucederá sin duda es que los arqueólogos, historiadores, antropólogos y, por supuesto, los conservadores de museos se lanzarán sobre él como buitres. Su lugar de reposo será barrido a conciencia, con un pincel, para recoger hasta la última partícula de su tumba y alrededores. Sus huesos pasarán el examen del Carbono-14, entre otros. Sus tejidos serán observados bajo las lentes del microscopio electrónico y, todos sus secretos, su dieta, historial clínico y hasta la causa de su muerte, saldrán a la luz.

¿Y los escritores? Tampoco son inocentes, especialmente los de teatro. No es que se inspiren mejor delante de un esqueleto sino que en ocasiones le hacen formar parte del atrezzo. Con los actores sucede otro tanto. Bajo semejante asociación ¿cuántos cráneos no se habrán empleado en las representaciones de Hamlet?  Por no hablar de las tibias y calaveras de la bandera pirata. Lo de los guionistas de cine y series, incluso hay una que se llama Bones, es imperdonable ¿Quién se inventó los zombis? Sí, sé que no son reales, sino que tan sólo evitan que los vivos durmamos tranquilos ¿Será esa la venganza de los muertos?

De entre todas las alternativas me decanto por la científica. Si no me van a dejar en paz, prefiero que sea tras haber dado mi consentimiento para que alguien aprenda a operar, gracias a mis restos, a los vivos sin riesgo.

PS: No creo que precise aclaración pero espero que nadie me haya tomado en serio. 
PS2: La siguiente canción es recomendación de la Señora.


miércoles, 29 de mayo de 2013

¿Sobra la enfermedad?

Me han hecho esta pregunta y no sé muy bien cómo planteármela. Desde el punto de vista médico se lucha contra la enfermedad y se busca el modo de restablecer la salud del paciente. Sin enfermedad es posible que nos quedásemos sin trabajo pero creo que la mayoría de los sanitarios preferiríamos esa situación. Es probable que los médicos piratas, que los hay, no piensen igual. En un mundo ideal la enfermedad sobraría, sin embargo eso no sucede así sino que, incluso al imaginar un mundo de fantasía, incluimos la enfermedad en él. Los personajes de los cuentos, especialmente los de Andersen, padecen todo tipo de afecciones y penurias.

Desde un punto de vista biológico, ese que nos enseñan en el colegio con la frase: "los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren",  la enfermedad, aunque no se enumere en la lista, también formaría parte de la ley de vida. El proceso vital es tan complejo que es imposible que no haya fallos, y esos fallos son lo que constituyen la enfermedad. 

La genética es una lotería en la que se combinan genes sanos y defectuosos. Se desencadena entre unos y otros una lucha de fuerzas para ver quién se lleva el gato al agua: dominante, recesivo, codominante, ligado al sexo, de penetrancia completa e incompleta, letales, de expresividad variable, mutaciones de novo y un largo etc mantienen el equilibrio, o el desequilibrio, entre salud y enfermedad. Para más inri a esto se le añaden los factores ambientales, los tóxicos, los accidentes, las infecciones, el sistema inmunitario, las alergias y las reacciones cruzadas y autoinmunes. Es tal la variabilidad que incluso dentro de la identidad genética de los gemelos homocigotos se pueden presentar enfermedades diferentes. 

Los procesos vitales incluirían no sólo la herencia, la anatomía y el metabolismo, sino también el pensamiento y las emociones. Una enfermedad física no tiene por qué considerarse más grave que una psicológica. Ambas pueden ser igual de largas, crónicas, incapacitantes y mortales. De hecho es más fácil comprender lo que le sucede a un órgano, o a un grupo de células determinado, que ponerse en el pellejo de un neurótico y menos aún comprender la realidad paralela en la que vive un psicótico. Una infección es un bicho que hay que matar. Un músculo se rompe y se arregla: se opera, se inmoviliza, se rehabilita. Luego queda un poco de fibrosis, o algo de incapacidad funcional o, en el peor de los casos: dolor. Sin embargo si es la mente de un paciente lo que se rompe es más difícil actuar, tanteamos, sin algo tangible a lo que enfrentarnos directamente. Lo mental impone y eso nos hace marcar una distancia para sentirnos a salvo. Analizamos nuestro ánimo y nuestra cordura pensamos que las diferencias, ya sean grandes o muy pequeñas, evitarán que nos pueda pasar a nosotros. En realidad somos unos ingenuos. 

¿Es la enfermedad mala suerte? Supongo que no puede considerarse así. Simplemente es un efecto secundario de la evolución. A través del método de ensayo y error no sólo se produjeron cambios que derivaron en una ventaja evolutiva sino que, para llegar a acertar por mero azar fue necesario pasar previamente por toda una larga serie de experimentos frustrados. Algunas enfermedades serían la consecuencia de nuevas pruebas o secuelas de las antiguas. De un modo u otro, más tarde o más temprano es algo que le afecta a todo el mundo. Es sólo cuestión de tiempo. No es ni buena ni mala suerte, sino naturaleza. 

PS: No es dogma, es una opinión y me encantará oír otras. 

martes, 28 de mayo de 2013

El ocaso de Zeus

Son las horas que avanzan sobre el reloj de arena de la playa las que marcan el tiempo en que se consume el sol. Al llegar el final del día, las sombras se estiran y tiran del astro, ya sin fuerzas, y lo arrastran hacia ellas. El sol baja lentamente hasta apoyarse en la tierra. El mar lo recoge para dar paso a la noche.

Lo contemplo en su descenso y al llegar al horizonte lo pierdo en la espesa niebla, entre la cortina gris de lluvia de una lejana tormenta. Rayos de nubes y viento refulgen en el ocaso. Turquesas, aciano y fuego aparecen en el cielo cuando el mismísimo Zeus abre sus brazos de trueno y se inclina con tal furia que paraliza el océano. No me atrevo a respirar y tampoco soy capaz de retirar mi mirada de su rostro. Su inmensidad me intimida, me retraigo y durante un instante me fundo con el paisaje. La brisa me atraviesa, mi corazón parado late y exhalo de nuevo el aire.

El sol mortecino se oculta en silencio. Del disco de fuego de la tarde queda sólo la penumbra de la luz al apagarse. Surge la noche y su capa se cierra sobre el mar en calma. La oscuridad sin luna cubre el cielo y las tinieblas sin estrellas tiñen el océano. La marea se retira y el agua negra se hunde en un profundo abismo lleno de secretos.

lunes, 27 de mayo de 2013

Azar y suerte

En palabras de Edison: "La suerte es un 10% de inspiración y un 90% de transpiración". Napoleón decía que "suerte" es el término con el que los demás justifican los éxitos de otros y tras el que esconden su envidia. Aún así, a veces las cosas importantes se tuercen de manera trágica e irremediable, a pesar del empeño que se pone en ellas. ¿Es el azar lo mismo que la suerte? Personalmente opino que no siempre.

El azar hace que unos nazcan con estrella, ese mismo azar que hace que otros nazcan estrellados. No es el azar de la lotería, aunque haya muchas cosas dentro de la ruleta. No es tampoco una cuestión de dinero y éxito, en los que los factores trabajo, arrojo, ambición y la capacidad personal de decisión y elección tienen mayor peso que la suerte innata. No obstante, el que opta por esa meta en la vida, lo hace a expensas de abandonar otros caminos. Todo tiene un precio y son muy pocos los verdaderamente afortunados que consiguen su objetivo sin sacrificar nada. Quizás en lo material, si uno no permite que la espiral de sus pretensiones le arrastre, se controla más la progresión y los daños colaterales que cuando los intereses se sitúan en la esfera emocional. En ésta el resultado depende, habitualmente, de alguien más aparte de uno, y ese alguien debe estar también por la labor, o ser persuadido para ello. ¿Qué es más difícil: el autocontrol en el primer caso o la persuasión en el segundo? 

Siendo médico se ve que en la salud influye, y mucho, la fortuna. Los factores ambientales controlables se asocian al azar de la genética hereditaria o a las mutaciones de novo. Sin salud las actividades se limitan y las demás preocupaciones pasan a un plano secundario. La dolencia no sólo afecta al enfermo sino que repercute en toda su vida, en su rutina y en la de sus allegados. Es innegable que la enfermedad se lleva mejor con el cariño de los que le rodean, pero eso no hace que se disfrute de esa situación. Aún así ni siquiera una enfermedad incurable es un impedimento para alcanzar la felicidad, pese a implicar un duro replanteamiento vital. Aprender a disfrutar del momento, no contar con el futuro, pero vivir con sueños y esperanzas enfocados en el presente, es algo que no consigue todo el mundo. Sin embargo los pacientes que lo logran transmiten serenidad y su trato es reconfortante. He tenido la "Suerte" de conocer a varios de ellos, y también la desgracia de perderlos. Me han enseñado mucho. En su recuerdo siempre me queda el inolvidable poso de su excelencia. 

sábado, 25 de mayo de 2013

Tinta

La inspiración es pura magia, sin trucos. Con ella todo es posible y cuando falta se echa de menos una parte vital de uno mismo. Queda un vacío que la realidad no es capaz de rellenar, ni tampoco los recuerdos. A veces se alimenta de arte, otras de sueños, de libros, de mares, montañas, árboles y besos, pero siempre hay un hueco que espera el regreso de su dueño.

¿Quién no se dejaría llevar? Necesito un tintero.


viernes, 24 de mayo de 2013

Ángeles y Demonios


Bien, mal, luz, oscuridad, ángeles y demonios... Términos contrapuestos, fuentes de leyendas que buscan explicar la dicotomía del ser humano, el eterno conflicto entre ceder a la tentación o superarla, de conformarse con imaginar toda una serie de buenos propósitos o tratar de realizar tan sólo uno de ellos, de dejarse arrastrar por la corriente de la indolencia o luchar contra viento y marea por los ideales, de pensar en uno mismo o en los demás. Toda una gama de dilemas y decisiones que conforman, dentro de la personalidad de cada individuo, un espectro de matices tan amplio que rebasa los límites del blanco y del negro con sus infinitas combinaciones de grises y que engloba, en su lugar, todos los colores del arcoiris.


ANGEL FOOD CAKE

¿Qué comen los ángeles? No creo que ir al cielo suponga estar a dieta. Pese a lo que afirmen los del anuncio de Philadelphia no se hinchan a aperitivos de queso sino que su favorito es este bizcocho ligerísimo, muy suave y sin grasa. A pesar de ser pálido y etéreo como un ángel, no está exento de pecado. Para los más golosos, se puede rellenar (incluso de Philadelphia).

Ingredientes
- 9 claras pasteurizadas (un bote, a la venta en Mercadona)
- Una cucharadita de cremor tártaro.
- Una pizca de sal.
- Una cucharadita de esencia de vainilla (o del sabor que se prefiera).
- 150 gr de azúcar glass.
- 100 gr de harina.

Batir las claras con la sal y el cremor tártaro. Han de estar montadas, pero no duras.
Añadir el azúcar por tandas hasta conseguir un punto de nieve brillante y que forme picos firmes y estables.
Incorporar la harina tamizada, poco a poco, en forma de lluvia. Mezclarla con cuidado, del centro a la periferia, con la ayuda de una espátula (que no sea de metal) para no bajar las claras. Finalmente, añadir la vainilla y verter en un molde con forma de corona, sin engrasar. Si las paredes estuviesen untadas de aceite o mantequilla la masa no podría "trepar" y agarrarse a ellas para mantenerse estable.
Pasar un cuchillo por el centro de la masa  para liberar las burbujas.
Hornear en horno precalentado a 180º hasta que esté dorado y cocido, pinchar en el centro para comprobar el punto. Tardará unos 35-40 minutos.
Poner el molde boca abajo y dejar enfriar aproximadamente una hora.
Para desmoldar separar el bizcocho con un cuchillo.
Para convertirlo en algo más pecaminoso: acompañar con nata montada o ceder sin reservas a la tentación con una salsa ligera de bourbon o de chocolate.



DEVIL'S FOOD CAKE

Una tarta diabólica, viciosa a más no poder, tanto que ni siquiera el mismísimo diablo puede evitar caer en la tentación y olvidarse del infierno tras probarla. No importa que huela a gloria. La receta, en el libro del chocolate de Ghirardelli's, la ideó un condenado que aprovechó la tesitura para escapar. Se ganó el cielo al salvar al resto porque el demonio hizo la vista gorda: mejor quedarse solo que verse obligado a compartir el pastel. Es excelente para domar diablillos.

BIZCOCHO
- 60 gr de cacao puro en polvo.
- 125 ml de agua caliente o café.
- 60 ml de leche.
- 140 gr de azúcar moreno fino.
- 80 gr de azúcar glass.
- 50 ml de aceite suave.
- 3 huevos medianos.
- 150 gr de harina.
- Una cucharadita de levadura química.

Mezclar el cacao con el agua, la leche y el extracto de vainilla. Mezclar bien y reservar.
Batir el aceite con los dos azúcares. Añadir los huevos uno a uno, esperando a que el primero se integre para incorporar el segundo.
Aparte, tamizar la harina con la levadura.
Con la batidora en marcha, añadir por tandas la mezcla de cacao y la de harina, alternándolas, poco a poco, hasta terminar con las dos.
Verter en horno precalentado y hornear más o menos de 50 minutos a una hora a 180º.
Sacar a una rejilla y dejar enfriar.
Servir con salsa de cacao.

SALSA DE CACAO
1 taza de cacao puro
1 taza de azúcar
Media taza de agua
Media taza de leche
Una pizca de sal
1 cucharada de vainilla
Mezclar el azúcar con el cacao. Disolver en agua caliente hasta que este suave y añadir la leche y la sal. Cocinar otros dos minutos.

jueves, 23 de mayo de 2013

Bailar con la luna

No puedo dormir. La luna llena ilumina mi cama con su claridad de plata. Las sombras del exterior se proyectan sobre la pared. Fuera se agitan las hojas de los árboles y dentro tiemblan los muros. El viento sopla y empuja la luna hasta dejarla delante de mi ventana. Extiendo la mano para alcanzarla.

Un rayo se posa a mis pies y abre una puerta en el aire. Cruzo el umbral sin dudar. Accedo a una senda blanca que asciende en una espiral de vértigo hasta perderse en el cielo. Subo. Mis pies se hunden y la estela oscila bajo el peso de las huellas. Camino de puntillas, sin apoyar los dedos. El camino termina en un abismo. Estiro el cuerpo, alzo los brazos, me impulso y salto. Caigo al vacío, despacio. Una cinta de nácar me envuelve en un lazo que se enrolla en mi cintura. Giro para liberarme y de entre mis piruetas surge una nebulosa de estrellas fugaces.

La noche titila a mi alrededor mientras vuelo hacia la luna. La alcanzo y me uno a ella. Mis brazos rodean su esfera. Es frágil como el cristal y brilla como una perla. Acerco mi rostro al suyo y mis ojos se cierran. Danzamos. Me guía en el baile que recorre los rincones de la noche.

La luna canta una nana para que no salga el sol. Es una canción tan dulce, tan llena de sueño, que yo también me duermo. Me acurruco en su regazo para mecerme. Siento la luz de un beso en mi mente. El primer rayo de la mañana duerme junto a mí en mi  almohada.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Epidemia blogger

El otro día me dio un ataque de risa con el anuncio de una nueva serie: "Mi perro tiene un blog". Los guionistas han estado muy avispados porque los blogs se han convertido en una epidemia y dentro del mundo blogger sólo faltan los gatos, aunque si se incluye la temática sobre la que versan entonces no falta nada. Hay blogs de todo, con pareceres y consejos de todo tipo, más o menos documentados y más o menos acertados.

No veo la paja en el ojo ajeno y hago caso omiso a la viga del propio. Soy una pecadora más, y de las más impenitentes. A veces ni yo misma sé si ya he escrito sobre una determinada cuestión e incluso no recuerdo lo que dije en su momento. ¿Hablo por hablar? No lo niego. Se me ocurre algo, no importa si es totalmente descabellado, y me pongo a desarrollarlo. No siempre tengo las cosas claras de entrada, en ocasiones tiro del hilo hasta ver por donde sale. Son curiosas las asociaciones de ideas, seguirlas es muy entretenido, aunque dudo si escribirlas en un blog y "entretener" a otros con una serie de reflexiones inconexas no es más que una muestra de falta de caridad hacia el resto de la humanidad.

Sinceramente creo que tanta introspección refleja no una curiosidad metafísica por el sentido de la vida, sino un interés excesivo por uno mismo y su protagonismo. La vida de cada individuo es egocéntrica, la del resto gira a su alrededor. Socialmente reconocer esto no está bien visto pero ¿acaso hay alguien que no viva las experiencias propias de forma muy diferente a las ajenas? La tendencia general es a sobrevalorarse y esto es bueno saberlo a la hora de emitir juicios sobre los demás y evitar compararlos con uno mismo. No somos una buena referencia, no nos vemos en realidad, nuestra idea está por encima de la de cómo nos ve el resto y hay que tener en cuenta esa distancia cuando nos relacionamos con ellos (so pena de rechazo y frustración). Sin embargo en un blog se puede dar rienda suelta a los pensamientos, no hay que preocuparse por las objeciones, se redacta todo de la manera más convincente para vender, no sólo las opiniones, sino también una imagen mucho mejor de la que se daría con el trato directo.

PS: ¿Os he dado que pensar?

martes, 21 de mayo de 2013

El secreto tras la dieta

Disfrutar de la comida es uno de los placeres de la vida que no se limita sólo al alimento en sí, sino también a la compañía con la que se comparta y a la tertulia del momento. Controlar lo que se come es difícil, requiere una gran fuerza de voluntad de la que no todo el mundo dispone, y menos aún cuando los de alrededor se ponen hasta las botas y hay que limitarse a mirar. Nuestro instinto nos dicta que hagamos acopio de todo aquello que supone una gran fuente de energía para almacenarla y reservarla en momentos de necesidad. Claro que en la vida actual, afortunadamente, momentos de necesidad hay pocos.

Una dieta ideal debe ser equilibrada y para adelgazar se deben ingerir menos calorías de las que se gastan. Esto implica pasar hambre por lo que cuesta mantenerla. Al principio los resultados son más llamativos y animan, pero luego se estancan y uno se pregunta si merece la pena sufrir. ¿A quién pretendemos engañar al cometer transgresiones cada vez con mayor frecuencia?

Sin embargo hay algunas estrategias que facilitan todo y ayudan a adelgazar sin la sensación de tener un agujero en el estómago. No son dietas perfectas y equilibradas, pero sí son más fáciles de cumplir y mantener, por lo que el sobrepeso se controla mejor y eso tiene sus ventajas.

A veces, el que una dieta no funcione, puede deberse simplemente a la manera de combinar los alimentos. Para perder peso hay que tener en cuenta una cosa: la hormona que se encarga de almacenar reservas, y por tanto de engordar, es la insulina. Si se evitan los picos de insulina, el peso se controla. Es en lo que se basan las últimas dietas, como la Dunkan que, en la primera fase, lleva esto al extremo y retira todos los hidratos de carbono. Los extremos nunca son buenos. Hay que tener cuidado o se pueden sobrecargar los riñones (este tipo de dieta ricas en proteínas nunca deben seguirse por aquellos que padezcan cualquier tipo de problema renal)

La insulina depende directamente de la glucosa en sangre: a más glucosa, más insulina. Así, los alimentos ricos en hidratos de carbono provocan una descarga de insulina, mientras que las proteínas no liberan esta hormona.

Hay hidratos de carbono de liberación lenta (los integrales y las legumbres, que deben guisarse sin grasa, con pescado, marisco o en ensalada), en los que la glucosa se libera de manera progresiva y producen menos descarga de insulina. También los hay de liberación rápida (harinas refinadas y azúcares) que liberan grandes cantidades de insulina de golpe. Son los más peligrosos, especialmente los pasteles: dulces con grasas que disparan la insulina y almacenan todas y cada una de sus calorías. No se puede terminar la comida con un postre dulce porque éste producirá un pico de insulina que hará que todo lo comido se almacene (aunque se trate de proteínas). Un yogur natural es un buen postre (no los de sabores) quark natural o queso fresco desnatado. Si algún día, ocasionalmente, a uno le apetece un helado (por supuesto no de postre) debe ser de estilo italiano (mediterráneo), no americano (Haagen-Dazs) con mucha más nata y azúcar. El chocolate debe ser negro y se puede tomar un trocito media hora antes de la comida porque contribuye a quitar la ansiedad de la hora de comer. En internet se encuentra fácilmente listas bastante orientativas con el índice glucémico de los diferentes alimentos.

Hay productos que ayudan a evitar disparos bruscos de insulina. Las algas, el cardo y los espárragos tienen muy pocas calorías y mucha fibra, además de cierto efecto diurético, por lo que además de bajar el índice glucémico de otras comidas ricas en hidratos, contribuyen a la sensación de saciedad. Los cítricos también contribuyen a bajar el índice glucémico (nunca deben tomarse en zumo sino enteros) y las ensaladas aliñadas con algo de vinagre (es el efecto del ácido el que tiene este efecto).

La manera de cocinar también influye. Así, la patata al horno es peor que cocida, y ésta debe evitarse caliente o en puré (tolerada en ensalada aunque con control). La pasta debe tomarse al dente. Las zanahorias sólo deben tomarse crudas porque, al cocerse, se convierten en una bomba de hidratos. Hay que procesar los alimentos lo mínimo imprescindible.

La fruta siempre entre horas, preferibles las de la familia de los cítricos. Nada de uvas, cerezas, ciruelas, ni plátano. Peras, manzanas y similares para más adelante y sólo una pieza al día. La piña no es conveniente, sí las fresas y el kiwi. Hay que tener cuidado con la sandía y el melón, si se toman debe hacerse entre horas y sólo por la mañana, nunca de postre porque aunque no tienen muchas calorías, sí que producen un disparo de insulina y eso favorece que se asimile más todo lo que se ha tomado.

Prohibida la remolacha, las alcachofas sólo ocasionalmente. Al mediodía se puede tomar tomate. Sin pegas: espárragos, cardo, lechuga y nopales.

Una opción de dieta fácil, y que funciona, es comer un día de todo y el siguiente basarlo en las proteínas. Se pueden tomar filetes, pescado, jamón (cuidado con el de York porque puede llevar fécula, así como el fiambre de pavo o pollo, del que sólo se debe tomar del natural), pero en todo el día, y muy especialmente por la tarde, no se deben tomar ni pan, ni cereales, ni frutas (ni siquiera los cítricos en este caso), tampoco verduras, frutos secos o legumbres.Por ej. de desayuno una tortilla (a la que se le puede poner algo de queso rallado para darle sabor y añadirle un poco de clara para que sea de mayor tamaño y llene más) con yogur natural (1 ó 2) y té. Se pueden tomar lácteos pero no leche.
Para la comida algo similar (pollo asado, frío está bueno y se puede desmigar y ponerlo en ensalada con lechuga con un aliño de yogur y un chorrito de aceite con algunas especias. Idem con pescado, cangrejo, sashimi). Para la cena otro tanto: pescado, carne o marisco y yogures. Es importante recordar que ese día no se puede tomar nada ni de vino, ni de cerveza, o se estropearía todo. 
Puede hacerse así lunes, miércoles y viernes para que el fin de semana no haya que estar pensando en la composición de las comidas. Para las cenas conviene tomar habitualmente sólo proteínas, nada de hidratos, ni fruta, ni pan, ni tampoco verdura (en todo caso lechuga, algas, nopales u otras hojas frescas, sin cocinar, y basta): carne magra de ternera, pollo, conejo, pescado (sobre todo blanco) cocinado de forma sencilla, sin rebozar y sin salsa, a la plancha, al horno o al vapor, pulpo, sepia, calamar y el marisco en general también puedes tomarlo de cena sin ningún problema.

Se deben tomar legumbres dos veces por semana, son ricas en fibra y proteínas vegetales. Se pueden cocinar sin apenas grasa, en ensalada o con pescado: las lentejas con calamares están buenísimas así como los garbanzos con marisco y, por supuesto, las fabes con almejas. Los frutos secos también tienen bastantes proteínas pero son tan calóricos que tienen un límite: seis nueces (o el equivalente) al día.

Según se pierda peso se puede pasar a alternar un día de proteínas por cada dos de comer de todo (con las cenas de proteínas), pero generalmente se precisa pasar un par de semanas con uno y uno. Para mantenerse, un día de proteínas a la semana sería suficiente (ese es el mantenimiento de la dieta Dunkan, aunque ellos hacen una fase de choque en la que las primeras semanas no hay días normales, algo que me parece excesivo). Las proteínas son muy saciantes y no se pasa hambre, Para picar entre horas una buena opción son los espárragos (el día de proteínas lo mejor es hacerse con un arsenal de yogures naturales).
La cantidad de proteína permitida no hay que medirla, si es un filete o medio pollo, está bien. También se pueden tomar caldos.

ALIÑOS
Limitar el aceite a 2 cucharadas al día (en algún caso tres).
El vinagre (no de Módena que lleva azúcar) y el zumo de lima o limón están permitidos para aliñar sin problemas. 
La mostaza se puede tomar, pero no el ketchup (ni por supuesto la mayonesa). Otras opciones admisibles: salsa Worcestershire, Perrins, soja, tabasco...

BEBIDAS
Mejor té e infusiones que café.
Nada de alcohol, ni vino, ni cerveza. 
¿Qué tomar en los bares? Lo ideal: agua. También tónica, bitter y, ocasionalmente, zumo de tomate.

TRUCOS
Una cena sin hidratos de carbono (entre los que se incluyen las verduras y las frutas, aunque se tolera la lechuga) ayuda a adelgazar: un poco de pollo, jamón ibérico (ocasionalmente y sin tocino), pescado, o sepia a la plancha con un yogur.

Cuando se está a dieta es buena idea utilizar platos de postre. El motivo es una mera cuestión de psicología, el plato parece más lleno con raciones de menor tamaño.

A todo esto hay que añadir caminar, como mínimo, media hora diaria.

El truco de la cena de proteínas basta para luego mantenerse sin problemas (aunque alguna vez haya que saltárselo por motivos sociales).
Os dejo los enlaces a las recomendaciones para cocinar con menos grasa y a la dieta de 1500 calorías

lunes, 20 de mayo de 2013

Rebeldía

Una de las protestas más habituales de hermanísima era su queja de que, a pesar de no ser la mayor, sí tener que ser la encargada de abrir camino. Le tocaba discutir por la prolongación de las horas de llegada a casa (ninguno de nuestros amigos tenía una hora que se aproximase tanto a la puesta del sol como la nuestra), los permisos para asistir a alguna fiesta, las salidas de Nochevieja o las subidas de la paga. Afortunadamente para mis padres yo era un muermo inadaptado y cambiar mi libro y mi cama por un local lleno de ruido con música ramplona a todo trapo, gente borracha y humo no me atraía. Mejor que pensase así porque con mi absoluta falta de paciencia si, además, hubiese sido rebelde, en mi adolescencia habría explotado como una bomba de relojería (con el reloj roto). Menos mal que la naturaleza es sabia y sabía que para la supervivencia de la humanidad era preciso que mi falta de aguante no se acompañase de un espíritu revolucionario. Eso no significa que fuese fácil convivir conmigo, ni tampoco que sea dócil y manejable. Soy obstinada, me irrito con celeridad y, de vez en cuando, me sublevaba en relación con algún berrinche. Las consecuencias solían ser tan desastrosas que aún me abochornan. Escarmentada y arrepentida, no me sentía inclinada a dejarme llevar por nuevos arrebatos durante una larga temporada.

No me gustan los enfrentamientos pero tampoco el engaño. No sé mentir, lo paso fatal si lo intento y se me nota. Mi arte en el disimulo aún está en pañales pero cuando me he visto en situaciones en las que mi sinceridad no ha servido más que para desencadenar tensión y crispación he optado por actuar según mi criterio, aunque fuese a la chita callando. Hay obligaciones ineludibles, respaldadas por un buen motivo, pero otras son arbitrarias y esas son las que, siempre tras abordar el tema para intentar llegar a un acuerdo y fracasar en el intento, eludía al tiempo que me las ingeniaba para que mi "antagonista" no se enterase de que mi escaqueo. El ejemplo más claro: la imposición paterna de ir a misa los domingos. Salía de casa a la hora señalada y me iba a mirar libros al VIPS. Con frecuencia se me iba el santo al cielo ¿me acercaría eso a la divinidad? Sinceramente no creo que mi progenitor lo entendiera así y si me descubría no me cabía duda de que me castigaría. Como estaba convencida de tener razón esa amenaza no me amilanaba. Eso sí, también tenía tan clara su postura al respecto que no era tan insensata como para quedarme en casa a defender la mía. Se podría considerar una forma de rebelión pasiva, terca pero también pacífica y efectiva.

Se supone que a nadie le gusta discutir, aunque ese es un punto debatible, ya que son muchos los que aprovechan cualquier tontería para hacerlo y de paso sacar viejos trapos sucios mientras se tiran los trastos a la cabeza. Ser testigo de desafíos no sólo me incomoda sino que me violenta, al igual que lo hace la cerrazón, el abuso de poder y la intolerancia.  La ira nunca es buena consejera y envenena todo lo que contamina. Es bueno aprender a escoger las batallas, hay casos perdidos desde el principio que conviene evitar cuando es posible hacerlo, y reservar esas energías. Eso sí, cuando se trata de luchar contra la injusticia, no queda más remedio que implicarse y arremeter con toda la flota. Hay quien sabe hacerlo con calma y sutilmente, con ¿diplomacia?

domingo, 19 de mayo de 2013

Un héroe real

Parece un cuento pero es una historia real. Jesús, el héroe protagonista, es un amigo de la familia. El narrador invitado es mi tío Pepe. Aquí os dejo su relato:

Os quiero contar una pequeña historia sobre mi amigo Jesús, también corredor. Ambos hemos llevado una trayectoria deportiva casi idéntica, debutamos juntos tanto en la Media como en la Maratón y él acaba de ingresar en la categoría de veteranos A. 

Jesús trabaja en un Banco. El pasado sábado, un compañero de trabajo, aficionado a la caza, salió a dar una batida con su escopeta y su fiel acompañante canino. El paseo les llevó por la zona minera de Linares, una vía verde rodeada de olivares, con un paisaje salpicado de altísimas chimeneas de ladrillo en ruinas donde correr se convierte en algo delicioso. Tuvo tan mala fortuna que su perro cayó en un pozo de los que abundan por ese paraje. Es difícil que este tipo de accidentes le ocurran a una persona ( los pozos están vallados) pero un pequeño animal sí puede acabar dentro de uno.

El lunes por la mañana el hombre llegó muy afectado al trabajo y le contó lo sucedido a Jesús. Daba al perro como perdido sin remedio y se lamentaba del final tan trágico que había tenido el pobre animal. Jesús, entre cuyas múltiples aficiones se cuenta la Espeleología, convenció a su amigo de que aún podía continuar con vida y de que, al menos, deberían intentar algo. Quedaron después de comer para ir al lugar de los hechos.

Una vez en el pozo, tras inspeccionar el terreno y confirmar que, efectivamente, se trataba de un respiradero de mina de algo más de treinta metros de profundidad, averiguaron lo más importante: el perro seguía con vida. La adrenalina se apoderó de Jesús que ya no pensó en otra cosa que no fuese en rescatar al pobre animal. Como es un hombre responsable no se lanzó sin pensar sino que estudió la situación y le pidió ayuda a su compañero espeleólogo “Pope”. Se equiparon lo mejor que pudieron antes de ponerse manos a la obra. Con la ayuda de un todoterreno, al que acoplaron la cuerda, Jesús descendió hasta donde se encontraba el perro, lo acarició mientras revisaba su estado, que no era muy grave, y lo colocó en una bolsa para izarlo hasta la superficie. No os podéis imaginar la alegría en el reencuentro del can con su dueño. Jesús disfrutó de la subida con calma, relajado tras la tensión.

Ignoro si los perros creen en Dios pero de lo que sí que estoy seguro es que, desde ese momento, creen en Jesús, mi amigo, y por supuesto en “Pope”, que también tiene un gran merito en esta historia. Además de espeleólogo es un gran atleta y se ha decidido a correr. Ha debutado en la Media de Jaén y puedo aseguraros que el día que se decida a comer “espinacas” no hay quien le eche el guante.

Esa misma tarde, Jesús, Pope, Esteban y yo nos dimos una buena sesión de entrenamiento. Por cierto, No os perdáis la Media de Linares, yo he corrido las dos primeras ediciones y os garantizo que es de categoría. Al mismo tiempo podéis felicitar personalmente a Jesús, que la va a correr (espero que no se enfade mucho por haberos contado esta historia, otra de sus múltiples virtudes es que le gusta pasar desapercibido).

Saludos JMD.

sábado, 18 de mayo de 2013

Charlatanes y pseudociencias


La medicina tiene límites. Por mucho que el médico se esfuerce en indicar lo mejor para el paciente, la curación no siempre está al alcance de la mano, ni de la ciencia. Pocos médicos de verdad pueden evitar el preocuparse sinceramente por sus enfermos y, en general, se antepone el interés ajeno al propio (especialmente en la medicina pública, tan poco respetada a veces). Las barreras emocionales, ya de por sí poco resistentes, se vuelven más frágiles con el trato y cuando las cosas no van bien es muy duro tener que informar de ello. Por eso mismo conseguir el cariño y la confianza de los pacientes supone una gran satisfacción.

Es vergonzoso que exista una cantidad nada desdeñable de desaprensivos sueltos que se aprovechan de la credulidad, la ignorancia y las esperanzas de la gente para engañarles con falsas promesas. Les engatusan con la ilusión de un milagro cuando su verdadera intención es la de sangrarles la cuenta corriente (ese es el único resultado garantizado que pueden ofrecerle a sus víctimas). Les venden humo a precio de oro mágico, con teorías que poseen la misma base científica que los cuentos de hadas. Al igual que a los villanos de los cuentos no les preocupa el daño que puedan causar por el camino. Por desgracia ahí termina la similitud con la fantasía y, en el mundo real, lo que le sucede al inocente dista mucho de parecerse a un final feliz.


viernes, 17 de mayo de 2013

Un comentario de "Nada" por el catedrático

La visión de Nada del Catedrático es un análisis bíblico, religioso y metafísico muy interesante. Necesita un hueco mayor que el de un comentario para disfrutarlo bien y pensar despacio en ello. Gracias. 

Una pregunta teológica muy interesante, al menos para los que gustamos de esas cosas, es qué existía realmente en el momento de la Creación. Aunque se ha dicho muchas veces que Dios crea de la nada, eso no es cierto, en el texto bíblico, al menos en todos los casos. La célebre creatio ex nihilo solo se dice de la luz. El texto hebreo usa para ello una forma yusiva, la que se traduce por "fiat lux" o "hágase la luz". De todos modos, si nos fijamos en el contexto, sería razonable proponer que 'Dios hizo las fuentes de la luz'.

Una traducción más exacta (aunque literal) de Génesis 1 es: "En el principio de la creación de Dios del cielo y de la tierra" y no "En el principio creó Dios...". Gén. 2 deja muy claro lo que había antes: "cuando la tierra había sido deforme y amorfa", to:hû y bo:hû en hebreo son quasi-sinónimos. Es un fenómeno retórico muy corriente en hebreo bíblico, la hendiadis ('uno mediante dos'), uso de dos palabras que significan casi lo mismo para expresar un concepto. Lo que importa aquí, en todo caso, es que "había sido": el nombre se antepone al verbo en hebreo, lo que se usa para indicar el tiempo anterior. La Torah, el Pentateuco, no pretende contar la historia desde el principio del tiempo, solo la Creación.

Entonces tenemos que irnos al origen del tiempo. En este momento somos einstenianos, es decir, hay una curvatura espacio-tiempo que implica un ciclo. Dentro de dos mil quinientos años esto quizás sea tan limitado como lo que pensamos hoy de la Física de Aristóteles; pero en este momento es lo que hay.

Dios queda fuera del tiempo. Entonces ¿cómo se relaciona con el tiempo? Para el cristianismo la respuesta es la Segunda Persona. Jesús es Dios en el tiempo, en el tiempo terrestre. Si hay otros seres inteligentes en otros mundos con tiempo, nada impide que la Segunda Persona tenga otras manifestaciones en su tiempo, otras personificaciones. Los budistas, por ejemplo, dan otras soluciones para un Dios intrascendente, es decir que no transciende, que no se comunica con el hombre, el hombre llega al nirvana, sale del tiempo y es asumido en un dios panteísta.

La Nada, entonces, absoluta, sería un universo sin Dios, lo cual, teológicamente, es una de las interpretaciones del Infierno. En varios momentos de la teología católica se ha especulado con que el justo castigo de los malvados pudiera ser la Nada (es difícil pensar en el perdón de Hitler, Stalin, Mao Zedong, entre otras joyitas humanas contemporáneas). La interpretación superficial del Infierno como un lugar lleno de fuego y humo (como el bar de Filosofía en tiempos), con demonios de cuernos y rabo pinchando con enormes tenedores, no es cosa seria, aunque sea espantosa y artística. El Infierno es la Privación, especialmente la privación del Amor.

En la Biblia, para terminar, si la entendemos desde el texto hebreo, correctamente, la materia estaba ahí. No se pretende contar el origen del espacio y del tiempo. La Nada, en realidad, no es un concepto bíblico, al menos no es un concepto central para la Creación. Como en tantas otras cosmogonías, lo que cuenta es la materia, sobre todo en forma de agua.

jueves, 16 de mayo de 2013

Nada

Nada no se puede definir, una definición bastaría para convertirla en algo. La nada no es imaginable, si no hay nada tampoco se encuentra entre la fantasía. No es la mente en blanco, o en negro, no es un color, ni un fundido. No es la ausencia, no es algo que falta, por lo que se podría sentir nostalgia. Tampoco es una carencia ¿cómo puede carecerse de lo que no ha existido, no existe y no existirá jamás? Nada no es un espacio vacío, sino que es preciso quitar el espacio y el vacío para que no quede nada. No es oscuridad, porque la oscuridad es densa y te hace estirar las manos para palparla. No se siente ni se percibe. Nada es el antes del principio del tiempo, el antes del universo, el antes de la energía. ¿Es la nada un concepto? Ni siquiera eso, por mucho que se intente no hay nada capaz de dar idea de la nada, sólo la nada podría, pero la nada no es nada.

Esta entrada es un ejemplo de que no he logrado escribir nada sobre la nada, al contrario, he escrito sobre algo que, aunque he llamado nada, no era tal. Quizás debiera haber seguido callada, dejar en el día de hoy un hueco, aunque la nada no lo ocupara. ¿Será en otro momento? o, mejor dicho: ¿no lo será? No digo más.

Salmón marinado

En nuestra visita a Estocolmo descubrimos, entre otras cosas, que el invierno escandinavo llega de repente, sin esperar a su fecha oficial en Diciembre sino que el 14 de Septiembre en concreto, y para no dar lugar a dudas aparece acompañado de un frío polar que nos pilló casi por sorpresa (nos habían avisado pero nos resistíamos a creerlo ya que el día anterior habíamos paseado por la ciudad en tirantes y pantalón corto). En ese viaje también comprobamos que el salmón era el pescado nacional y el plato estrella en todos los restaurantes. Ese pez, versionado de mil maneras distintas, no faltaba en ningún menú salvo en el de los postres y supongo que eso era porque a los suecos aún no se les ha ocurrido imitar la tarta de trucha de la zona de León (ligero hojaldre hecho con la mantequilla de la región y con un relleno sorprendente, que parece cabello de ángel pero que en realidad está elaborado con trucha y azúcar). Es increíblemente buena. Para el que sienta curiosidad la marca Boñar la vende ya preparada. Son los herederos de su creador, el mismo que el de los famosos Nicanores, esas flores crujientes que se derriten al morderlas, fundidas en el calor de la boca, y que se asemejan en su textura a los fantásticos Virolos de Baeza, aunque el hojaldre de estos últimos, igual de fino, se haga con manteca por lo que su sabor es diferente. Lo mejor es probar ambos productos y escoger, si se es capaz, el favorito (puede ser necesario repetir el experimento hasta tomar una decisión, personalmente aún estoy en fase de ensayo). Los Nicanores cuentan con la ventaja de que son más fáciles de conseguir que los Virolos, que sólo se encuentran en la zona de Jaén, aunque merece la pena escaparse y aprovechar para visitar la hermosa Baeza, con todos sus recuerdos de Machado, y probar el pastel en su pastelería de origen.

Esta no es la receta de la tarta de trucha sino una sencilla preparación de salmón que, sin ser un postre, lleva azúcar en su composición. La tita Lucky es una experta en darle el punto a este platillo.

Salmón marinado

Ingredientes
1 trozo de salmón de aprox. 1 kg y medio, abierto por el centro, sin espinas y con piel
Media taza de sal fina
Media taza de azúcar granulado
1 manojo de eneldo fresco

Elaboración
Cortar el salmón en dos filetes a lo largo.
Poner uno de ellos con la PIEL hacia ABAJO y cubrir con la mitad de la mezcla de la sal y el azúcar (venden paquetes ya preparados con la mezcla y también los hay con la sal ahumada).
Espolvorear con el eneldo.
Cubrir con el resto de la marinada.
Colocar encima el segundo filete con la PIEL hacia ARRIBA, a modo de sandwich, y de manera que la parte más fina de uno encaje con la más gruesa del otro.
Envolver bien con papel film, debe quedar bien prieto.
Poner sobre una fuente amplia y cubrirlo con un plato.
Colocar en la nevera con un peso bien pesado por encima (se pueden usar unas latas de conserva, unos bricks o similar), para favorecer el proceso de maceración.
Enfriar durante 24-36 horas, en las que el salmón se cocinará y ganará consistencia al soltar líquido debido a la mayor osmolaridad de la sal con el azúcar.
Retirar el salmón del envoltorio y limpiar bien el adobo.
Cortar en láminas finas al bies y acompañarlo de una salsa de mostaza con eneldo. Servir sólo, con tostadas, en canapés, con huevo hilado, con Philadelphia y nueces, ensaladilla, hojaldre...

Opción: Esta misma receta se puede preparar con otros pescados. Recuerdo una ensalada de lubina marinada que tomamos en la Escuela de Cocina de La Laguna, en Baeza, con carpaccio de naranja y cebolla y aceitunas negras picadas, aliñada con el excelente aceite de oliva de la zona, absolutamente espectacular. Tan buena era que había recibido varios premios.

Salmón marinado con Ginebra
(Extraído del Comidista)
Ingredientes
Para 4 personas
600 g de lomo de salmón fresco con piel y sin espinas
300 g de azúcar
300 g de sal marina
1 cucharada de bayas de enebro
1 cucharada de pimienta negra en grano
100 ml de ginebra
2 cucharadas de vino blanco
1 limón
200 g de yogur natural
1 cucharadita de cebollino picado
Aceite de oliva virgen extra

Preparación
1. Mezclar en un bol la sal, el azúcar, el enebro y la pimienta.
2. Formar una base con parte de la mezcla en un táper y acostar el salmón sobre ella. Cubrir con el resto hasta que el salmón quede totalmente tapado.
3. Mojar con la ginebra y dos cucharadas del vino. Meter en la nevera y dejar marinando tres horas.
4. Sacar el salmón de la mezcla de sal y azúcar y limpiarlo bien hasta que no queden restos de la misma.
5. Rallar el limón y reservar la ralladura.
6. Batir el yogur con el cebollino, un chorro de aceite, otro de zumo de limón, una cucharada de vino blanco y una pizca de sal.
7. Filetear el salmón desechando la piel. Servir sobre una base de salsa de yogur con un poco de ralladura y cebollino picado.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Invasores

Hay pacientes que se creen con todo el derecho a irrumpir en medio de una consulta independientemente de que esté, o no, ocupada por otro enfermo. No se disculpan por su impertinencia sino que, al contrario, demandan atención inmediata. Tampoco les detiene el hecho de no encontrar a nadie en ese instante, en cuyo caso recurren a llamar al médico a voces y a preguntar lo evidente: ¿no hay nadie? El doctor puede estar en otro despacho, en la planta, haber salido al baño o a atender una urgencia, pero eso no va con ellos. Aprovechan las puertas de comunicación interna para extender su invasión hacia las consultas ocupadas.

No se avienen a razones. Cuando se les indica que deben esperar fuera a ser atendidos y que están invadiendo la privacidad de otros pacientes no comprenden a qué se hace referencia. Está claro que el gran concepto que tienen de sí mismos en su egocéntrico universo no comulga con la idea de que su presencia pueda incomodar y, menos aún, resultar molesta. El ser deseados hasta en el infierno, según su opinión, no implica que el médico del demonio se muera de ganas de atenderles. En realidad lo que sí que desea es mandarles al diablo (con un mínimo de cortesía que evita que les diga lo que piensa, aunque no impide el cerrarles la puerta en las narices cuando no procesan el significado conminerativo de la frase "¡no puede pasar!" e insisten en imponer su presencia por encima de la del paciente de turno).

Cuando esto ocurre no puedo evitar preguntarme qué sucedería si estos energúmenos reprodujesen semejante comportamiento en otros lugares ¿Es que acaso entran en la cabina del piloto del avión? ¿O visitan al maquinista del tren? ¿Se  meten a discutir el estado de sus cuentas con el director del banco en vez de esperar la cola correspondiente en el cajero? En una comisaría ¿pasarían directamente al despacho del capitán a recurrir una multa de aparcamiento? Si eso fuese así, no dudo que podrían acabar también realizando una estancia, no sólo turística, en el bonito calabozo de esas interesantes instalaciones.

El problema principal reside en que esto no es algo anecdótico sino que este tipo de violentos eventos tienen lugar a diario. La situación ha empeorado aún más, si cabe, tras la implantación de las máquinas de números de llamada. Ya no se asoma nadie a las salas de espera a quien poder recurrir (y pobre del valiente que lo haga, porque será abordado sin piedad).  El personal que, supuestamente, debía estar de apoyo a pie de máquina para ayudar a los pacientes, no está en su puesto (no es culpa suya, la mayoría, con motivo de los recortes, no tienen ese puesto).

La falta de respeto por el personal sanitario está cada vez más extendida y no sólo en lo que respecta a desdeñar el miramiento que requiere la íntima relación médico-paciente. La ausencia de puntualidad forma parte del pan nuestro de cada día. Las excusas más habituales son las de: "estar trabajando" (como si en el hospital no se hiciese precisamente eso), la indignante "otras veces soy yo el que espero" (ante lo cual el razonamiento evidente es que "si el paciente no está a su  hora, el médico no puede ir en hora") o la original "no encontraba aparcamiento" (ante lo que pregunto qué es lo que hacen con el coche cuando van al cine al centro de Madrid). En ocasiones, algún tipejo recurre incluso al insulto al no lograr salirse con la suya. De nada sirve que el Colegio de Médicos afirme que "la condición de autoridad le sea inherente al médico durante el desarrollo de sus funciones" y que, por tanto, "cualquier amenaza se denunciará por vía penal". Si se hiciera así, ni las cárceles ni los jueces darían abasto para atender la ingente acumulación de demandas.

martes, 14 de mayo de 2013

Fugas con cuento

Con relativa frecuencia, las heroínas de los cuentos huyen de su destino en algún momento de su historia. Siempre me he preguntado si el galán de Cenicienta tenía verdadero interés en la chica porque ¿cómo es posible que escape de sus brazos al oír las campanadas de medianoche, pierda un zapato, corra medio coja calzada con un rígido escarpín de cristal en un pie y con el otro descalzo y, pese a ello, no la alcance? El cuento no dice que el Príncipe luciese una armadura, porque esa sería la única explicación razonable a su torpeza. No contaba con que sus padres debían de estar tan desesperados como los de Alberto de Mónaco para que sentara la cabeza y que, por lo tanto, mandaran al pobre chambelán casa por casa hasta dar con la muchacha. Por suerte o por desgracia el enviado no tuvo que irse hasta Australia. 

Blancanieves huye del cazador, en este caso con el beneplácito de éste. Al principio nadie, ni siquiera el sabiondo espejito, es capaz de revelar su escondite en la cabaña de los enanos. La princesa les organiza la vida de tal modo a los hombrecillos, que antes de su llegada vivían sin reglas y tan tranquilos, que no es descabellado pensar que alguno le diese el chivatazo a la reina. ¿Quién de los siete? Es probable que Mudito, porque no despertaría sospechas. Seguro que muchos acusarían a Grumpy (pero sé de buena tinta que no es ningún soplón). Eso sí, una vez descubierta la doncella, el héroe también la encuentra ¡y justo a tiempo para rescatarla! (seguro que entonces sí que fue Grumpy el encargado de arreglar las cosas). 

Antes de marcharse "precipitadamente" Piel de Asno tiene tiempo de matar al burro prodigioso de su padre y vestirse con su piel para así pasar desapercibida. Sinceramente, como disfraz no me parece el más discreto aunque, paradójicamente, consigue huir sin llamar la atención. Eso sí, cuando el Príncipe Azul la espía, se viste de punta en blanco ¿casualidad? En esto coincide con la Cuidadora de gansos, que se teje un traje de juncos (que debía picar por todas partes), que también se quita oportunamente mientras es observada por el héroe de turno, que cae rendido a sus encantos. ¡Qué pillina!

Lo de la Bella Durmiente tiene delito. La guardan en el bosque hasta el último momento y, en su cumpleaños, en vez de esperar un día más, que habría sido lo más sensato, la llevan a Palacio donde, por supuesto, cae víctima de la maldición de la que la protegían. ¿Qué esperaban? ¿Qué la bruja no aprovechase la oportunidad que le servían en bandeja? ¿Tan agotador era cuidar de la criatura que todos necesitaban dormir cien años para recuperarse de la tarea?

A pesar de este análisis, lo más gracioso es que todos estos ejemplos funcionan perfectamente dentro de sus respectivas historias. Los héroes son hermosos y buenos, aunque no impresionen de muy listos. Los malos son más imaginativos en su perversidad pero, pese a todas sus ideas, no consiguen salirse con la suya. Definitivamente son cuentos y sus autores tienen mucho mérito. 

lunes, 13 de mayo de 2013

Margaritas y canteras

Las margaritas son las flores favoritas de la Señora. Es posible que si la granja hubiese estado cuajada de rosales, las escogidas hubiesen sido las rosas. Empero, aunque en el chalet de mis abuelos paternos las rosas florecían por doquier, en la granja sólo había unos cuantos rosales en el camino que conducía a los establos. Eran arbustos pequeños, que se veían casi eclipsados por la exuberante vegetación que los rodeaba.

Al llegar la primavera, las densas matas de margaritas inundaban con sus enormes flores blancas casi todos los rincones de la granja. El paisaje se convertía en un auténtico espectáculo al que también contribuían el rojo de las praderas de amapolas y el amarillo de los jaramagos. Buscar un atajo campo a través suponía enfrentarse a una auténtica jungla de florida maleza (y también de campos de avena) que se oponían tercamente a ser pisados. Nos veíamos obligados a seguir los senderos trazados entre los olivos, aunque si lo que pretendíamos era acceder al lago Titicaca debíamos sacar el machete, o cubrirnos de arañazos, para superar los últimos metros. Eso nunca nos arredró. En aquella época la charca estaba en todo su apogeo y no era cuestión de perdérsela por un poco de vegetación.

Otra de nuestras excursiones habituales nos llevaba hasta la vieja cantera abandonada. Ese camino también discurría a través de los olivares. Una vez en la cantera investigábamos cada uno de sus recovecos, con más empeño en alcanzar lo inalcanzable que en mantener nuestra integridad física. El porqué ninguno se despeñó entre sus rocas sólo se explica por el gran entrenamiento al que habíamos sometido nuestro sentido del equilibrio sobre los tejados de los gallineros. Removíamos cada una de las piedras como si aún se pudiese encontrar algo valioso debajo de ellas. Una vez agotadas las fuerzas, emprendíamos el regreso con los brazos llenos de flores silvestres y con la ropa tiznada de polvo y de los jugos indelebles de los tallos. Al contrario de que lo que le sucedía a las prendas, ya de por sí bastante usadas, nuestro expolio no afectaba en absoluto la lozanía de aquellas matas, sino todo lo contrario. Tras nuestra poda las plantas explotaban aún con mas ímpetu hasta que el verde se convertía en la parte que salpicaba las flores. A pesar de haber pasado varias horas alejados de ellos, los mayores no parecían deleitarse al vernos aparecer de nuevo, ni tampoco apreciaban en demasía nuestra hermosa ofrenda floral.

sábado, 11 de mayo de 2013

Mi otro yo

Mi otro yo no tiene edad pero celebra cada momento. Convierte cada instante al que se asoma en una explosión de alegría, en una fiesta de cumpleaños en familia con tarta, deseos y velas, o en una de no cumpleaños de imaginación y sueños. A ratos es una niña que descubre un mundo emocionante por primera vez, y a ratos es una anciana que, gracias a su experiencia, sabe reconocer lo que es único y especial. Se mueve en cualquier sentido sobre la línea del Tiempo. Cuando le apetece regresa para revivir recuerdos y sentir la inolvidable presencia del pasado, o desdobla el presente en otro paralelo, un poco más feliz, o amolda a su gusto el futuro incierto.

Mi otro yo no para quieta. Con tan sólo desearlo, en menos de un parpadeo, se desplaza al lugar que quiere del universo. Se transforma en otro ser, algo diferente y mágico: una bruja, una princesa o una sirena. A veces es sólo una forma, una figura incorpórea que se funde en los abrazos, se disuelve con los besos, es color en la pintura, una curva lisa de una escultura o un paso de baile en una melodía. Mi otro yo se derrite bajo el roce del sol en la tierra. Es una ola en medio del océano, una ráfaga de viento, un velo que flota en la niebla o una gota que se precipita en una cascada de lluvia. Cuando llega la noche y duermo, mi otro yo me arrastra con ella hasta el mundo de los sueños. Yo soy la sombra blanca que pasea por la luna.

O Sole Mio

viernes, 10 de mayo de 2013

Gracias

Lo ideal es celebrar cada día, sin embargo, metidos en rutina, eso es algo que se olvida y el calendario avanza sin que nos demos cuenta y sin recordar ningún momento especial. Afortunadamente hay días en que esto no es así, sino que se esperan con toda la ilusión y la impaciencia de la anticipación. Los cumpleaños, al igual que las Navidades y las vacaciones, entran en esa categoría de festividades señaladas. Son días diferentes, que se alargan en ambos sentidos del tiempo y contagian el antes y el después que los rodea. Se convierten en toda una época que no se desea que acabe, que se estira todo lo que da de sí, hasta que se agota por si sola.

Los preliminares comenzaron el lunes, justo después del día de la madre, empezaba la semana del cumpleaños y había que hacer algo, aunque fuese un detalle, para marcarlo. Al lunes le siguió un martes tranquilo, para preparar el miércoles que se prolongó hasta el jueves.Ese día, al salir de trabajar todos me felicitaron por adelantado, porque no me iban a ver por el hospital en el cumpleaños, debería ser festivo sin necesidad de solicitarlo. Una vez en casa me encontré con un mensaje de mi madre con una entrada entrañable para colgar en el blog. House me felicitó pasada la medianoche. Esta mañana me desvelé temprano y a primera hora ya tenía correo y enseguida aparecieron las primeras felicitaciones en los comentarios del blog. Me había pedido el día libre y House me sorprendió al levantarse y confesarme que había hecho lo mismo para pasarlo conmigo. Hemos paseado, visitado exposiciones, comprado la tarta, comido marisco, soplado las velas y brindado con el champán de los zares. Ha seguido un poco de descanso, con un rato de siesta, que luego esta noche tenemos cena. Seguiremos con festejos durante el fin de semana, pero ahí no se termina, que aún me quedan unas cuantas reuniones con mis amigas.

¡Soy feliz, es una sensación estupenda que desearía que todo el mundo tuviera! Gracias a todos por vuestras cariñosas felicitaciones. Ánimo, muchos besos y un gran abrazo.

Primera primavera (por la Señora)

Esta entrada me la ha dedicado la Señora por mi cumpleaños. ¿Verdad que es una manera genial de empezar el día? ¡Gracias mamá!

PRIMERA PRIMAVERA  (por la Señora)

A lo largo de la vida hay acontecimientos que se quedan grabados en la memoria y que con frecuencia periódica vuelven a ella de modo nítido e imborrable: es lo que les suele ocurrir a muchas madres con los detalles que rodearon el nacimiento de un hijo. Aunque todo discurriera con normalidad o por el contrario presentara alguna peculiaridad especial, el carácter tan propio de la situación hace que una evoque, especialmente en los cumpleaños, aquellas pequeñas cosas que acompañaron la llegada al mundo de esa nueva vida.

Esta vez, en el aniversario de Grumpy, estas vivencias se han iniciado mucho antes que otras veces, posiblemente porque la tardanza de esta primavera, ahora tan agradable, ha coincidido con la tardanza (allí habitual) de nuestra primera primavera canadiense. Cuando abril ha estado remoloneando con vientos fríos y temperaturas bajas y no digamos con las nieves de los primeros días de mayo, la sensación de hartazgo que se percibía en el ambiente era muy notable. 

 Sin embargo, puedo decir que esta impaciencia no era comparable con la que vivimos en nuestra experiencia allende los mares. Después de un invierno tremendamente nevado, duro y frío cualquier incauto espera que esa enorme costra helada empiece a desaparecer con la llegada de la primavera. Pero llega marzo y la costra crece con más nieve.
Luego viene abril y la temperatura apenas sube (¡Dios santo, aquí qué pasa!) A mediados más o menos, el sol es cuando empieza a tomar fuerza y las zonas de los jardines que pegan a las casas muestran algún verde de los bulbos plantados en otoño. ¡Por fin! También nos enteramos de que los ríos y lagos se van deshelando y que es bonito ver el agua (que no se ha visto en varios meses) con esas planchas de hielo flotando, así que allá que nos vamos. El fin de semana siguiente viajamos hacia el sur del río San Lorenzo, donde ya la vegetación se va vistiendo de hojas. Poco a poco distintos amarillos y verdes, en su mayoría claros y tiernos, vuelven a nuestra retina, con el aliciente añadido de que se notaba una templanza más propia de esas fechas, muy cercanas a mayo. Nunca mejor dicho que aquello iba tomando color.

La etapa siguiente que urdió nuestro afán primaveral nos tenía que llevar a Ottawa para asuntos académicos y para ver los tulipanes, que florecían antes que en Montreal, solo que una nevada tardía nos hizo retrasar el viaje, así que lo pospusimos al ocho de mayo. Una vez allí nos tuvimos que conformar con una inmensidad de plantas todavía en capullo que dejaban entrever su variedad de colores por algunas grietecillas. Todavía era pronto. Pensamos que habría que volver a la semana siguiente. Pero la noche del nueve comenzaron los síntomas de que la llegada de Grumpy era inminente y el diez de madrugada la señorita se presentó en el mundo sin más dilación.

Por entonces, en aquellas latitudes la estancia mínima en el hospital por un parto era de unos ocho días y gracias a la lenta evolución de mis puntos, la mía se alargó a dos semanas. Desde la ventana de mi habitación observaba cómo de forma casi efervescente la primavera se hacía con el reducido espacio exterior para mí visible. Sabía que lo que había fuera había cambiado notablemente en aquellas dos semanas; mi situación interna también lo había hecho aunque, por desgracia, en sentido contrario. No sé si era el cambio hormonal (del que yo entonces no sabía nada) o los problemas de recuperación, lo cierto es que me veía atenazada por la responsabilidad y las dudas, convertida en una nulidad con mi pequeña al lado. 

Sin saber cómo me iba a bandear con ella, tocó emprender la vuelta a casa. Nada más iniciar el camino se me fueron descubriendo los jardines, los parterres y ventanas que, como si de un milagro de vida se tratara, mostraban toda la variedad posible del colorido de los tulipanes (es cierto que ya algo pasados) pero en una imagen tan exuberante y tan rica de amarillos, granates, naranjas, rosados o blancos que tiraron fuera de mí la melancolía y me contagiaron parte de la fuerza vital que en ese momento sentía perdida.

jueves, 9 de mayo de 2013

Novios de infancia

Hermanísima era rubísima, monísima, sociable en grado superlativo e increíblemente presumida. Le encantaba acicalarse, decía que de mayor iba a tener un armario "de aquí a China" y que no se bajaría de los 10 cm de altura de sus tacones. Fue bautizada por su profesora como Antoñita la Fantástica. Por descontado siempre formaba parte de la sal de todas las salsas y nunca se conformaba con pasar desapercibida. Empezó a tener novios en el parvulario y con frecuencia se convertía, además, en la mejor amiga de las hermanas de sus pretendientes (o viceversa, pero aquí la propiedad conmutativa del orden de los factores se cumplía matemáticamente). Mis mejores amigas carecían de hermanos aunque no creo que el caso contrario hubiese supuesto ningún cambio en mi estado civil. Seguramente habrían terminado por hacerse novios de hermanísima.

El punto de vista masculino en este tipo de relaciones no lo descubrí por tanto de la mano de una pareja sino que lo aportó mi hermano. A falta de una, tuvo dos novias en preescolar, al parecer la tendencia del varón a la poligamia se manifiesta ya desde la infancia y es la sociedad la que la pule, con distinto grado de  éxito en función de la cultura implicada (en algunas, ni siquiera lo intentan). La estrategia de conquista basada en agasajar a la pretendida también debe de formar parte de los genes y mi hermano formalizaba su cortejo con la ayuda de nuestras "barriguitas", muñecas que, por su reducido tamaño, eran fáciles de esconder y que, tras el fraternal acto de hurto, se convirtieron en la muestra de cariño que mi hermano ofreció a sus dos cortejadas.

Hermanita llegó a mis 10 años. Tan rubia y sociable como hermanísima, hizo además gala de una seguridad aplastante en sí misma desde su más tierna infancia. Por supuesto, barrió en cuanto llegó al colegio. Su Romeo fue un pobre chiquillo de su curso al que rompió el corazón ya que, para su gran desconsuelo, no fue correspondido. Con cuatro años, hermanita le explicó telefónicamente, primero a él y después a su desesperada mamá, que era demasiado joven para tener novio. A esa edad tuvo su primera propuesta de matrimonio que, evidentemente, rechazó.

Hasta en ese aspecto me tocó ser la "rarita" de la familia. Todo ese irresistible atractivo del que gozaban mis hermanos se equilibraba con la ausencia del mío. Tanto éxito en un lado de la balanza precisaba de un fracaso detrás de otro para compensarla. He de agradecerle a mi amor a la lectura, y por supuesto a mi imaginación, el que apenas me afectase el hecho de estar sola en uno de los platillos. Me acompañaban los héroes de los libros que me resultaban infinitamente más interesantes que los reales. Mi relación con ellos me resultaba muchísimo más satisfactoria que mis ridículas fantasías con chavales de carne y hueso. Si me atraía alguno, siempre era una atracción unilateral. Para colmo estaba pez en materia de teatro, y aunque podía leer página tras página y visualizar cada escena en mi mente, no sabía, y no sé, disimular ni tampoco interpretar gestos ajenos (lo que es una combinación gloriosa). A los 9 años descubrí casualmente, por supuesto en un libro, que mis enamoramientos idealizados se conocían como amor platónico. Intrigada, investigué el significado de "platónico" con la esperanza de que, al disponer de más datos, manejase mejor mi romanticismo. Busqué en el diccionario y de ahí me dirigí a la enciclopedia. No llegué a comprender la filosofía de Platón, ni qué tenía que ver ésta con el amor y, en ese ignorante estado, llegué a la adolescencia. Con mi falta de preparación previa, las hormonas, el pavo y el acné, mi vida sentimental empeoró aún más, si cabe.